18 de diciembre del 2017
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El júbilo se ha instalado en las filas constitucionalistas y sus medios afines, y tienen razones para ello.

Los acontecimientos del 1 de octubre dejaron el ánimo tocado en el bando nacionalista español, que asistió con cierta complacencia primero, y bochorno después, a la violencia policial y convivió con la impotencia de no tener un espacio de representación. De alguna manera, la dinámica de los acontecimientos y las reglas del juego del independentismo los dejó fuera del tablero. También las decisiones de los partidos constitucionalistas, PP, PSOE y C’s, que siempre apelaron a la no participación en el referéndum.

La multitudinaria manifestación de ayer en Barcelona viene a cumplir uno de los mayores anhelos de una parte significativa de la sociedad catalana: quienes no desean la independencia, se sienten españoles y tienen el deseo de expresarlo. Otra forma de nacionalismo, tan legítima como la precedente, fuertemente enraizada a la derecha española. La autodenominada mayoría silenciosa se echó a la calle y conquistó, de manera significativa y por primera vez en mucho tiempo, el espacio público. Un grupo más heterogéneo de lo que en principio podría pensarse, que incluye desde una parte significativa de los empresarios, hasta catalanes con raíces familiares en otros territorios de España, extranjeros reacios a la República Catalana y representantes de la ultraderecha en sus más diversas tipologías.

No cotiza al alza precisamente la bandera española y el sentirse español en un país con una deuda pendiente con la memoria histórica, el franquismo sociológico campando a sus anchas entre sus élites y un gobierno corrupto custodiando la marca España y repartiendo el carné de patriotas a su antojo. Pero la situación límite ha ocasionado que muchas personas que no lo hubieran hecho en circunstancias normales, salieran ayer a la calle envueltos en la bandera española. Y que se sumen muchos autobuses fletados por partidos políticos y organizaciones varias. Al fin y al cabo, mañana podría declararse la DUI.

De ahí que la manifestación de ayer sea recibida con euforia por los medios españoles, cuya ofensiva intenta equiparar esta manifestación con una Diada.

Por si fuera poco, de entre todos los políticos que acompañaron la manifestación -destacadas figuras del Partido Popular, Ciudadanos o el PSC- se erigió como portavoz y líder de la concentración Josep Borrell, que realizó un discurso en positivo, multilingüe, definiendo otra Cataluña, apelando al seny y arremetiendo contra los políticos separatistas, reprochando las llamadas al boikot y petición de cárcel y las grandes empresas que han cambiado de sede esta semana (¿Por qué no os pronunciásteis antes?). Su liderazgo es una bendición para el el búnker del 78, un político de mucha más talla que Albert Rivera, que nada en la beligerancia y propone aplicar el 155 y suspender la autonomía, o el hooligan Xavier Albiol, con su xenofobia, machismo y bufanda española a cuestas.

El rearme españolista puede provocar dos cosas, las dudas de una DUI inmediata y tajante por parte de Puigdemont (se habla ya de una DUI en diferido o de una DUI simbólica, sea esto lo que quiera que sea) y la constatación pública de que existen dos bandos irreconciliables.

Paradojicamente, puede que esta demostración de fuerza de quienes defienden la unión de España tenga un efecto inesperado. El independentismo, al menos el de la calle, no va a cesar de la noche a la mañana y exige una respuesta política. Y los que defienden la unidad de España, seguirán enrocados en su posición. Dicen que cuando miras un cuadro, estar muy cerca del óleo puede ser contraproducente, pues terminas perdiendo la sensación de conjunto, y es cuando te alejas algunos pasos, cuando termina de definirse la imagen. Y la comunidad internacional lo empieza a ver claro: Hay dos Cataluñas -o dos Españas- conviviendo, sus representantes políticos son incapaces de llegar a un acuerdo y existe la necesidad de dirimir diferencias para que la ciudadanía pueda hablar de qué sociedad quiere al margen del color de su bandera. La necesidad, estamos hablando, de un referéndum vinculante. 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    3 Réplicas

  1. Fidel

    Dentro del “grupo más heterogéneo de lo que en principio podría pensarse” del que habla el autor, parece que ha olvidado incluir a todos los que vinieron en autobuses pagados desde fuera de Catalunya . Esa “mayoría silenciosa” de supuestos catalanes está un tanto adulterada.

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