29 de julio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Desde los sangrientos acontecimientos de Paris, venimos dilucidando sobre  la dicotomía de los conceptos libertad-seguridad. ¿Qué debe prevalecer la libertad por encima de cualquier otro riesgo o la seguridad como protección de nuestras vidas?  Parece que la cercanía de un suceso sangriento provocado por unos tipos sin escrúpulos, manipulados por cabezas fanáticas que sacrifican  vidas inocentes, provoca en la sociedad un grito angustioso pidiendo seguridad por encima de todo. Y, naturalmente, nuestros dirigentes políticos no dudan en recortar espacios de libertad que hemos conquistado con mucho esfuerzo, en aras de procurarnos un cinturón de seguridad que no evita que cualquier intento de acción suicida se desarrolle de improviso en un escenario público.

Da un poco de pánico cómo se rearma a las  fuerzas de seguridad con todos los  medios disponibles (aquí no existen recortes ni nada parecido), cómo se les otorga instrumentos legales para invadir registros de domicilios privados sin  el correspondiente permiso de la autoridad judicial, cómo se proclama la guerra  con gran ligereza invocando a una especie de cruzada contra los infieles, como si estuviéramos en unas coordenadas medievales que ya creíamos superadas. Nos asusta que esta sociedad occidental tan educada y políticamente correcta como se autodefine, olvide que la experiencia nos dice que la guerra no trae nada bueno para nadie y que acaban pagando los de siempre, inocentes a uno u otro lado del conflicto.

No sabemos el autor de esta viñeta muy acorde a los tiempos que corren.

No sabemos el autor de esta viñeta muy acorde a los tiempos que corren.

Hasta ahora se veía este tipo de acciones terroristas como una provocación que unos individuos fanáticos, armados de sinrazones y de instrumentos para matar, contra un Estado, un sistema de convivencia o simplemente para recibir notoriedad a través unos medios de comunicación que les sirvieran de altavoz  ante el mundo; pero, siempre la sociedad, aun cuando movida por un sentimiento  muy doloroso, no entraba al trapo del desafío de los asesinos  y procuraba una respuesta razonada y adecuada sin que el pánico y la histeria presidiera su acción. Hay quien dice que la provocación no ha provenido de una asociación terrorista al uso; sino de autodenominado estado, con su territorio, medios económicos y de guerra, que en consecuencia merece una respuesta contundente. Un estado que se ha ido formado al socaire de las acciones turbias de nuestras sociedades occidentales. Y que, parece ser, aún continúan sosteniendo con la compra del petróleo más barato en el mercado negro y la venta de armamento sofisticado por empresas que aprovechan la situación del conflicto, para hacer su agosto económico. Así son las cosas. Por una parte, se nos invita a la cruzada contra los infieles; pero, por otra, se les arma y se le sostiene indirectamente.

Hoy se ve como normal ciertas actuaciones policiales en países que, como Francia, siempre se nos habían presentado como adalid de los derechos humanos y de la libertad que se ha ido forjando a lo largo de todo este tiempo desde su proclamación de la Revolución Francesa, y que se ufanan los franceses en cantarla con gran fervor en su himno patrio.  Las proclama, desde lo más alto de  las Instituciones políticas, un presidente socialista. Esperemos que esta ola de inseguridad jurídica en el ejercicio de nuestros derechos no llegue aquí con la sordidez que se está imponiendo en una Europa que nos parecía la referencia de nuestros afanes democráticos.

Viñeta de Chappatie en Francia, uno de los países más amenazados por el terrorismo.

Viñeta de Chappatie en Francia, uno de los países más amenazados por el terrorismo.

Por supuesto que hemos de luchar contra el terrorismo yihadista y ponernos de acuerdo todos los países en cómo desarmar a este entramado de personas desquiciada. Se ha de desmontar todo ese aparato de adoctrinamiento que se aprovecha de mentes poco formadas para meterlos en un callejón sin salida;  hay que desmantelar también ese universo de redes virtuales que están transmitiendo unos mensajes de impacto negativo en sectores sensibles de la población, que cuentan con los más adelantados aparatos informáticos pero con niveles culturales muy bajos.

A nivel político, se antoja providencial implicar a las naciones árabes en la lucha contra este tipo de terrorismo que, no  solamente sufren en primera línea, sino que está produciendo un desprestigio y una pésima imagen a todo lo que huela a islamismo. Es una tremenda inmoralidad que los jeques de los países más ricos de la zona gasten inmensas fortunas de dinero mientras que sus naciones y la gente que les rodean viven en la miseria. La vida suntuosa de estos magnates enriquecidos por el petróleo debe de revertir en la vida de sus ciudadanos y la presión internacional es clave en ello. En lo que se refiere a los países occidentales, es necesario que nuestros gobiernos dejen de actuar de forma tan hipócrita, donde por un lado se lamentan de la situación terrorista de estos grupos fanatizados y, por otra, alimentan su odio colaborando en sus  bajos fondos a través de las puertas traseras como la venta de armas, la compra de productos baratos, etc…

Una serie de acciones coordinadas que trabajen a fondo -y con recursos- estos puntos esenciales, sumadas a iniciativas de caracter sociopolítico, podrían tener más eficacia que una guerra que siempre producirá dolor, provocará una confrontación indeseable y, al final, nos meterá en un laberinto de difícil solución.

 

La imagen de portada es de cagle.com

 

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.

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    2 Réplicas

  1. Francisco Germán

    Hola.
    Lo que usted plantea es más que razonable y sensato. Debería ser el camino a transitar, sin dudas.

    Sin embargo, no creo que nada de eso suceda, por dos razones muy simples: ese planteo no deja dinero en los bolsillos de nadie. Los que venden armas a los terroristas son los mismos que las venden a los gobiernos, una guerra les deja pingües beneficios y acrecenta su base de influencia y poder. Y segundo, una buena guerra siempre es la escusa perfecta para recortar las libertados y tener mejor sujeta a la población. A los gobiernos desarrollados (salvo, parece ser, los de los países escandinavos) no les gusta tener una población con demasiadas libertades y derechos, porque luego empiezan a pensar. Eso es malo para los negocios. Como ejemplo, solo hay que mirar un poco hacia USA, con su Patriot Act.

    Mucha libertad, mucha oportunidad, mucho de todo; una preciosa ilusión a lo Matrix para tener a todos contentos… hasta que a la primera de cambio, ñácate, echamos el cierre.

  2. Bona

    Frente al adoctrinamiento de “mentes poco formadas” por parte de líderes extremistas y sin escrúpulos, Occidente debe educar y concienciar desde la mesura, la razón y un claro afán conciliador y edificador. Toda respuesta beligerante es una actuación deslegitimada por el calor del dolor sufrido. Ser civilizado requiere demostrarlo con hechos. Contribuir a un enfrentamiento cultural, religioso, social y racial equivale a destruir la convivencia de todos en un tiempo en que todos compartimos espacio gracias a la globalización. Occidente debe mostrarse superior intelectual y culturalmente frente a quienes pretenden instaurar la Edad Media, y ha de hacerlo desde la educación, la concienciación social y la conciliación. Es legítimo defenderse de un ataque, pero no vengarse, pues ello nos coloca al nivel de “mentes poco formadas” antedicho.

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