14 de noviembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Hay un puticlub rural a tres kilómetros de Cerroseco del Caudillo en dirección a Capacochinos del Obispo. Club Royal, se llama, con palmeritas de neón verde en la fachada, atendido por señoras de verdad que diariamente mercadean con amores de mentira. La parroquia no merece otros amores ni los busca. Es bajuna, rupestre, básica y remota. Casi marginal. Profundamente celtíbera en sus necesidades primarias. El Royal lo regenta un viejo confidente de la Policía: el Mediopolvo.

En el velador del rincón, a media luz, rodeado de hembras, está don Juanca. Todo el mundo lo conoce –allí y en China-. Es cliente de toda la vida. Siente predilección por los antros de carretera secundaria, por las fulanas bastas, broncas, sudorosas, pintarrajeadas, baratas… Les guarda gratitud. Ninguna puta barata lo ha traicionado jamás; las caras, sí. Y en la Cori piensa mientras toma otra copa de Glenfiddich de 30 años –el Mediopolvo guarda una caja solo para él.

La Cori, con su porte aristocrático, su apellido impronunciable y sus modales nobiliarios ha caído en las cloacas. Gánsteres metidos a policías y a periodistas lo chantajean ahora y difunden corruptelas impronunciables. Don Juanca apura el vaso y suspira por la Cori. Hace años estuvo enamorado de ella. ¿Aún lo está? Lo ignora. Ha podido traicionarlo. Por los altavoces trinan Los Chichos: “Te vas, me dejas y me abandonas. Qué mal fin tenga tu mala persona”. Nonaino nonaino, nonaino noná… Vuelve a suspirar don Juanca. Ay, la Cori, aquellos ojos aristocráticos, germánicos, marinos…

Una rubia mustia le sirve otra copa y le acaricia las canas con vasallaje mientras sale en televisión. El Mediopolvo cambia discretamente de canal. Todo el mundo se hace el tonto en el Royal. Una mujer sube el volumen de la música: “Yo que tanto te quería, me veo solo y sin tu queré.” Una hembra totémica se encarama a un velador, se arremanga la falda y contonea las caderas de yegua brava al compás de las palmas. Erre que erre Los Chichos: “¡Venga ese ritmo bonito!” Nonaino nonaino, nonaino noná…

Son las tantas de la madrugada y don Juanca piensa en los remotos tiempos de la juventud, cuando iba al Royal en la Harley, sin escolta y sin pasado en la mochila. El golpe de Estado lo sorprendió allí con Nikita la Bocacepo, una rusa marfileña entrada en años y en carnes, fina como el coral… El local le da vueltas. El whisky lo llena de orgullo y satisfacción y ya le sobran las comisiones y el color de la sangre… Donde vayan putas baratas que se quiten duquesas. Se sirve otra copa de Glenfiddich. La alza en un brindis. Hoy se folla gratis en el Royal, paga don Juanca. Un borracho levanta su cerveza en la barra: “¡Viva España! ¡Viva el rey!”. Y un silencio sepulcral se adueña del puticlub. Solo se oye a Los Chichos, pejigueras, insolentes, a lo lejos: “Qué mal fin tenga tu mala persona”, nonaino nonaino, nonaino noná…

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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