17 de octubre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica


dos_dias_una_noche

Necesitamos trabajar. Nos quisieron vender la moto de que el problema del paro lo alimentan unos vagos que se conforman con las prestaciones sociales. Mentira. Sabemos que en caso de existir, estos supuestos holgazanes serían una minoría irrelevante. De hecho, piensen en alguien dedicado a la vida contemplativa que luego se limite a poner la mano. No conozco a nadie. En mayor o menos medida, trabajar da sentido a nuestra existencia. Y el paro es un problema del sistema.

Los hermanos Dardenne abordan el asunto laboral y la crisis económica en Dos días, una noche con una disyuntiva muy interesante: ¿Renunciaríamos a cobrar una importante paga extra si así mantuviera el empleo una compañera? ¿sacrificaríamos parte de lo ganado con el sudor de nuestra frente por el bienestar ajeno?

En una sociedad ultracapitalista como la nuestra hemos perdido la empatía social en detrimento de una falsa y egoísta meritocracia. Duele ver a Sandra (Marion Cotillard) luchar contrarreloj por conservar su empleo, visitando uno a uno a sus compañeros para pedirles generosidad y comprensión. Y durante una hora y media nos sentimos cómplices de su titánico esfuerzo. Nos frustramos con cada no y nos ilusionamos con cada sí. Pero entendemos que todos sus compañeros no puede votar por Sandra, que cada uno es preso de sus circunstancias. El dilema se instala en nuestra mente con un relato de corte tan realista que asusta, con esta trama nada maniquea, inteligente, sobria, dura e inquietante. Nunca Cotillard estuvo tan convincente ni nos regaló un papel tan conmovedor como el de esta trabajadora deprimida, encorvada, de apariencia fría pero extremadamente sensible, siempre perseverante y digna.

El único género en el que el cine europeo supera a Hollywood es el cine social. Hoy vuelve hacerlo. Pero cinefilia al margen, yo no dudaría un instante en renunciar a esos 1.000 euros por cualquiera de mis compañeros. No vacilaría en ir a contracorriente de este mundo material, de esta jungla que nos obliga a competir. Y anhelo tener el valor de Sandra para replicar a un patrón que no contrata personas sino recursos, que no entiende de sentimientos sino de números. El dinero es una pobre construcción social que se empeña una y otra vez en robarnos la esencia. Por suerte, aún queda gente con otra escala de valores, gente que resiste a la dictadura del capitalismo, que valora más la calidez (y la calidad) humana que un puñado de euros. Gente al margen que ponen día a día su granito de arena para hacer de esta pocilga un lugar mejor. Gente imprescindible.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.
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