15 de diciembre del 2018
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Confieso estar en indisimulable estado de shock tras el nefasto resultado de las elecciones andaluzas. No hay consuelo posible para un demócrata que ve como la ultraderecha entra arrasando en el parlamento andaluz. Se avecinan tiempos muy duros, muchísimos peores que los de Mariano Rajoy. La derecha y la ultraderecha envalentonada van a revisar leyes sobre los derechos de las mujeres y el colectivo LGTBIQ,  aplicarán una fiscalidad asfixiante, darán alas al liberalismo más salvaje (al menos C´s y PP), seguirán los dictados de Madrid al dedillo y acabará con los avances en la Ley de la Memoria Histórica. No tardarán mucho en llevarlo a cabo porque así lo han anunciado en la campaña.

Vox ha aparecido y su influencia crecerá; mucho me temo que ganará algunos Ayuntamientos en pueblos y ciudades con tradición conservadora. Si esto ha pasado en Andalucía no quiero ni imaginarme qué puede suceder en Castilla y León o algunos lugares de la Comunidad de Madrid.

Miles de tweets y cientos textos aseguran que advirtieron de lo que iba a pasar en España, que ellos lo sabían. No es así; ni los mejores politólogos ni los gurús comunicativos esperaban una irrupción tan brusca de Vox en una tierra tradicionalmente socialista. Tampoco parecía seguro un ascenso tan brutal de Ciudadanos, frecuentemente inflado en las encuestas. Los bloques progresistas han quedado totalmente noqueados, buscando respuestas a interrogantes sencillos y dilemas complejos. La contundencia del golpe ha sido tal que aún hoy permanecemos aturdidos.

“Estupor, miedo, decepción y reflexión”, comentabamos a las pocas horas de conocer el resultado electoral. 10.543 votantes han respaldado a VOX en Jerez, una formación cuyo programa electoral nos retrotrae a épocas pretéritas que parecían superadas. Hay mucho que analizar para conocer qué hizo Vox para convencer a tanta gente de introducir su papeleta en la urna.

Entre tanto, lo peor es ver a gentes de diversas izquierdas enzarpadas las unas con las otras por ver quién tiene más culpa del ascenso de la ultraderecha. Lo que no alcanzan a comprender es que todas y todos tenemos parte de culpa. Y me incluyo. Precisamente es el habernos distanciado y peleado entre nosotras lo que ha debilitado al bloque de izquierdas. Nos mirábamos demasiado nuestro ombligo mientras fuimos descuidando a nuestros vecinos y vecinas.

Pero ojo, no todo deben ser latigazos, también existen, cabe decir, factores externos que se escapan a nuestro control (una crisis perenne en toda la Unión Europea). Debemos asumir el duelo, sin mentirnos a nosotros mismos para después reflexionar con calma: intentar construir escenarios más aglutinadores, escuchar a la gente, proponerle alternativas viables, honestas y creíbles. Hacer pedagogía para que se entiendan las consecuencias de votar a unas formaciones que van en sentido contrario al progreso.

Quedan prácticamente seis meses para las elecciones municipales. Nunca habíamos tenido enfrente algo así: un monstruo pesadillesco que devorará nuestros derechos sociales uno detrás de otro. Vamos a tener que ser generosos si no queremos ver a Saldaña gobernando Jerez con Ciudadanos, más Vox como muleta. Hay que ponerse a trabajar ya y hablar con la gente, pero con gente muy diferente a nosotros y nosotras, lejana de nuestra zona de confort. Humildad y autocrítica. Dos palabras que estamos pronunciando poco. Hay tiempo para revertir la tendencia, poco pero justo. Nos necesitamos a todas y todos juntos, al 100% de nuestra capacidad, unidas contra la barbarie.

fotos: Cristóbal Ortega, Julián Moreno

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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