21 de febrero del 2018
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España es un país gobernado por mafiosos. La cúpula del PP supera a estas alturas todo lo acontecido en las películas y series de ficción, salvo en un aspecto, los malos de las películas tienen carisma, son buenos estrategas y verdaderamente peligrosos. Estos no, son cutres y apenas tienen habilidades dialécticas, hacen el ridículo continuamente y su sola presencia en los medios provoca una tremenda vergüenza ajena. Sólo tienen en su haber, un enorme puñado de votos rapiñeados del miedo y comprados a base de mentiras. Que sean unos corruptos profesionales no lo decimos en La Réplica, lo dicen todos los indicadores: El porcentaje de denuncias, las organizaciones internacionales, los periódicos extranjeros, los profesionales de la justicia, e incluso las fuerzas de seguridad del estado. En todos los países extranjero se hacen la misma pregunta, ¿cómo es posible?

El Partido Popular y el Psoe se han llevado años gobernando con el cronómetro puesto, sabiendo que el tiempo en el poder era el tiempo que tenían para enriquecerse. Sus sobras, se la dejaban a un país cegado a lomos del capitalismo salvaje. Con una justicia cómplice y absoluta impunidad, con los Ayuntamientos convertidos en despacho de amiguetes, con una cultura del pelotazo implantada en la conciencia colectiva, la banca pública como salvoconducto para asesores indecentes y los puestos de representación pública como paradigma del éxito económico, el país fue perdiendo su justicia social, su soberanía y su dignidad hasta verse rebuscando comida en los contenedores.

Lo que algunos venimos años denunciando se está constatando ahora, pero sólo porque la presión popular, las denuncias y el activismo ciudadano está acorralando al monstruo. El monstruo de la corrupción en España no es un caso aislado, tiene nombres y apellidos de gente muy miserable que tiene que quedar retratada y fuera de nuestra historia. Hay que eliminar a cada corrupto del desempeño público y ahogarlo en sus vergüenza hasta que tire de la manta. Hay que informar a la ciudadanía para que todos conozcan qué se ha hecho con su dinero (y no sólo en el endogámico mundo virtual), hacer pedagogía política, llenar las calles de protestas y tener memoria a la hora de votar.

Si después de todo, le entregamos nuestro voto, ya no seremos ignorantes, nos habremos convertido en cómplices. La única manera de aislar la corrupción, es eliminándola.
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* La foto de portada es de eldiario.es

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    Una Réplica

  1. Gloria

    Pero la corrupción solo es la primera capa de la cebolla. La más fea, la más insultante. Pero si sigues pelando te darás cuenta de que no es la que más hace llorar.

    La siguiente capa es la propaganda. La mayoría del gasto público no pretende resolver un problema o necesidad de la sociedad, solo busca la promoción interior (en el partido o en la institución en la que trabaja o para dar el salto a otra, para trepar en definitiva) del personaje que hace el encargo y en segundo término mantener o aumentar el número de votos para el partido.

    Mas adentro está el apropiamiento del cargo. Ya hace años al señor Fraga le parecía normal que la TV gallega dijera lo que él mandaba porque él era el que lo pagaba. No se puso colorado ni un segundo. Yo me encuentro con casos de esos todos los días. El cargo pólitico y el siervo funcionario que le acompaña creen que la pasta es suya y la usan para loq ue les da la gana y como les da la gana. Normalmente para: cercenar el derecho de libre expresión y tener a las empresas y profesionales comiendo de su mano. Te firman un contrato, te aprueban un proyecto o no, te pagan a tiempo o te retien el pago… si les da la gana y punto.

    Luego llega la “no magía” o como convertir lo que es ilegal en legal. De esto tengo una catedra. Podría decirse que el 90% de lo que hago apesta y además lo hago de forma rutinaria, ya ni me doy cuenta, fluye solo. Ayer mismo (28 de octubre) redacté y envié un presupuesto con fecha del pasado febrero porque a un funcionario se le olvidó que para adjudicar un proyecto de 30.000 € necesitaba tres presupuestos de distintas empresas. Y si no lo hago no le pagan el trabajo (a una editorial pequeña) y punto. Y otras veces me he tenido que buscar los tres presupuestos yo. Hace unos meses gané un concurso, realicé el proyecto, me lo pagaron y después tiraron el trabajo a la papelera porque una empresa amiga del partido dijo “ostras Pedrín, estos nos venía bien hacerlo a nosotros, y a vosotros ni te lo imaginas”. Increible pero cierto, 36000 euros de identidad corporativa (si, soy diseñador gráfico) a la basura en plena crisis, contención de gasto, austeridad… Me han pagado, pero a mi lo que me interesa es que se aplique, mi trabajo era bueno, era profesional, nos lo curramos un montón… Yo tendría derecho a denunciar, pero si lo hago creo que solo serviría para una cosa: para que no me vuelvan a dar un trabajo de la administración en la puta vida.

    En la misma capa de la “no magía” están las fundaciones. Por ejemplo, la Fundación Siglo que maneja pasta a diestro y siniestro de la Junta de Castilla y León. Estos organismo se crean porque hay ciertas cosas que, hechas directamente desde la consejería, serían ilegales. Sin embargo, por resumir, la pasta se la adjudican a la fundación con disculpas varias sobre teóricas mejoras de la gestión y problema resuelto, todo legal, y de regalo poder económico con mucho menos control. El patrón de funcionamiento de las fundaciones siempre es el mismo. Revisen sus libros de contabilidad y lo verán. Reparten migajas entre todas las empresas pequeñas que pasan a darles la murga y los contratos buenos, los de lucirse, los de pasta se los dan a las empresas que posan el sobre en la sede del partido, en el bolsillo del político o donde corresponda.

    Tragandote la primera y la segunda capa ya eres parte del sistema (todas putas). Ya se pudrió el cesto entero: yo, (porque si no lo acepto no puedo llevar una vida normal media… no he dicho “no me compro un BMW y un ático en Marbella” he dicho “no como, no pago la hipoteca, no puedo tomar unas cervezas con los amigos, no puedo ir de vacaciones…”), el funcionario honrado y trabajador (a los 4 días entra por el aro o se le ponen en una mesa en el sótano de las ratas, y el quinto día honrado no se pero honesto desde luego que no), la empresa (o traga o cierra), la señora Consuelo ( i calla su hijo entra de conserje), el del restaurante Paco (si no mete ruido, los conciertos grandes delante de su bar), etc…

    Pero la capa que más va a costar pelar, la que ,en mi opnión, más perjudica al ciudadano y va a costar más erradicar es la mediocridad, la falta de profesionalidad, el cretino que hace una o con un canuto y se aplude a si mismo y tenemos que apludirle los demás (ver párrafo anterior el que no quiera aplaudir) en definitiva, la más pura incompetencia como motor de la administración pública. Con gran dolor de corazón, hemos de admitir que sería mucho mejor que un tipo se llevase no el 2 ni el 3 %, el 10 o el 20 si hace falta, pero que las cosas estubiesen bien hechas. Porque cuando el que gestiona es un atutentico incompetente el 100% del dinero se va a la mierda. ¿En cuantas ideas promovidas por los propios políticos he trabajado yo que sean una gansada y no sirvan para nada? Efectivamente, en el 100%. Normalmente son acciones que se preparan para que venga la prensa el día de la inuguración, hacerse la foto y a tomar viento. Ojo, si hay trabajos para la administración que están bien, pero no parte la iniciativa del político. Si hay carreteras y hospitales que cumplen su función, pero tendríais que haber estado presentes en la gestion de la puesta en marcha (del hospital nuevo de Asturias, por ejemplo) para daros cuenta de a que coste y de que lamentable manera.

    Creo que lo anterior es causa de la mal entendida “especialización”. Unos se microespecializaron en mantener la silla y trepar y los otros en rascarse las pelotas.

    Hay muchas más capas, pero por no aburrir más vamos directamente al corazón: el cinismo, la geta, el huevazos… Un pólitico español se mira ve en el espejo como el protagonista de la metamorfosis, tremendamente monstruoso pero con absoluta normalidad. Por la mañana te suelta “la sanidad mucho mejor si la gestión es privada, la gestión publica no funciona” y se quedan tan anchos ¡Pero coño! si la gestión publica son ellos. Y lo dice la misma que mantiene a Carromero como asesor del Ayuntamiento de Madrid con un sueldo de 50.000 € anuales ¿asesor de qué? Si es un tio que no tiene ni oficio ni beneficio y cobra bastante más que un médico. Ana Mato no se da cuenta de que en su garaje particular hay un Jaguar de lujo, no le importa pasar por la típica figura de esposa tonta del culo que no se entera de nada y el premio es hacerla ministra ¿y entre 40 millones de personas solo encontramos para ser ministra a una pava que no sabe distinguir una bolsa de confetí de los chinos de los fuegos artificiales de la Semana Grande de Donosti? ¿Se pagan, al parecer, centenas de miles de euros en dinero negro por una reforma en la sede principal del partido y el propio presidente del partido no sabía ni jota? ¿Al tesorero le entregaban sobres de pasta gansa decenas de empresarios y no se enteraba ni Rita en el partido? ¿Se compra uno un ático por la decima parte de lo que cuesta y no pasa nada? ¿Sindicalistas de medio pelo se enriquecen con cursos de formación que no valen para nada y Candido hace honor a su nombre? Independientemente de la corrupción ¿Nadie en los últimos 20 años tenía acceso a una triste estadistica para darse cuenta de que tu sindicato ofrecía cursos con resultado de colocación cero? ¿Cómo es posible que uno de los puntos estrella del nuevo pacto contra la corrupción sea “el que robe dinero tiene que devolverlo”? Pero… ¿no era así de siempre? ¿Cómo podemos comulgar con ruedas de molino tan infinitamente grandes? De toda la puñetera vida: blanco y en botella leche. Si yo que soy un ciudadano con un contacto moderado con la administración estoy al corriente (sin esfuerzo ni labor alguna de investigación) de todas estas prácticas ¿cómo es posible que dirigentes obligados a saber no se coscaran de nada? Pues una de dos, o son tontos o están en el ajo ¿cual de las dos opciones es peor? ¿ser tonto no debería ser incompatible con ser ministro, secretario general, director general…? ¿Por qué tengo que usar yo un seudonimo para contar estas cosas?

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