16 de enero del 2018
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Ante la efervescencia de nuevas opciones políticas, el descontento social y la contundencia de las encuestas (que reflejan una gran fractura en ese enorme dique que un día fue el bipartidismo), los partidos tradicionales han reaccionado básicamente de una misma manera, primero ignorando y minimizando el hecho, luego contratacando con sus herramientas mediáticas y finalmente utilizando sus posiciones de poder para condicionar e influir sobre el electorado.

Por lo civil o por lo corrupto, tanto el PSOE en Andalucía, CIU en Cataluña como el Partido Popular en la práctica totalidad del territorio nacional no han dudado en usar la aparatología del estado, lo que alguna vez se manifestara como instrumentos de todos, para el beneficio partidista. Desde el uso y abuso de las televisiones públicas (que dilapidaron una de las pocas herencias positivas que dejó el zapaterismo, la imparcialidad informativa), la eliminación a través de sus lobbies de figuras incómodas, el uso de las subvenciones, hasta las llamadas amenazantes del PSOE en periodo electoral o el aprovechamiento del espacio urbano, los partidos que hasta ahora ostentan el poder lo tienen claro: El ciudadano debe asociar la institución del estado al partido de turno, para así creerlo imprescindible. Si no existe el partido, no existe la institución, luego estamos desamparados. Si no existe el PP se destruirá la unidad del país, si no existe PSOE, el estado del bienestar. La llegada de cualquier otra opción a las instituciones supondría el fin de las instituciones.

Los tweets publicados por la prensa del Ayuntamiento.

Los vergonzosos tweets publicados por la prensa del Ayuntamiento de Jerez.

El último episodio ha sucedido en Jerez, donde los populares, alertado por las encuestas, han decidido poner toda la carne en el asador, aún a costa de su ya maltrecha moral política. El partido no dudó en usar la cuenta de prensa del Ayuntamiento para hacer campaña a su favor. Un departamento que debe funcionar como mero informante y no como hoolingans a sueldo. Una práctica que no es nueva en un partido acostumbrado a delinquir, que ha criminalizado la lucha social, fomentado el clientelismo, que tiene a miembros destacados de su organización imputados por la justicia, que ha usado el erario público para repartir subvenciones sin concurso a poco de las elecciones y que, como recurso final, se dedica a hacer promesas que no valen nada.

Una de las tareas fundamentales que tienen entre manos los municipios que logren desocuparse de gobiernos corruptos este 24M, será la de separar los instrumentos públicos del control de los partidos, sean quienes sean los que acaben en el poder. Si caen en repetir los errores del pasado, flaco favor haremos a nuestra débil democracia. Es necesario regenerar nuestra política con un funcionamiento de los recursos y espacios públicos que respondan al bien común. Establecer normativas que impidan el abuso de los partidos y deriven hacia el uso efectivo de los recursos. Y esa debe ser una de las exigencias de la ciudadanía, parte implícita en el cambio. Pero para ello hay que echar primero a quienes se han apoltronado en sus sillones y eso, por supuesto, depende del ciudadano, de su capacidad de acción, de su responsabilidad individual y de su compromiso social y consigo mismo. O lo que es igual, depende de su voto el día 24.

 

Fotografía original: Reporteros Jerez.

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