21 de septiembre del 2018
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Decía un mensaje en la red que estaban reunidos para cenar un cazaelefantes, multimillonario a costa del erario público y de ingentes comisiones que cobraba en relaciones internacionales en las que representaba al estado, el Hombre equis de los GAL y consejero de Gas Natural(una de esas empresas que despluman al contribuyente), uno de los instigadores de una guerra sin fundamentos por la que murieron miles de personas y que pretendía el reflote de la industria armamentística mundial, también creador de la burbuja inmobiliaria, el lumbreras que vendió la soberanía de su propio país modificando el artículo 35 de la otrora intocable Constitución y el líder de un partido demostradamente corrupto que ahoga a los necesitados, controla la justicia y amordaza la libertad de expresión. Que estaban cenando y la fotografía que circulaba ni era un chiste ni tenía maldita la gracia.

Si una imagen ha simbolizado la decadencia de nuestra democracia, se dio ayer, cuando los cuatro expresidentes del gobierno español compartieron mesa con un rey avejentado que presidía la mesa con la mirada perdida. El poder después del poder ha demostrado que en España no se conoce eso de una retirada a tiempo. Desde un Aznar convertido en un caricatura ultrafacha y casposa de sí mismo, un Felipe González encorajinado cuando se mira al espejo con el prestigio pisoteado por sus propios actos, disfrazado de casta y haciendo el ridículo con su visita a Venezuela (el mismo país que ignoró cuando fue presidente), un Zapatero renegado por todos e ignorado casi en cualquier mesa a la que asiste y un Rajoy que busca, desesperadamente, parecer un hombre de estado cuando siempre fue un hombre de su bolsillo; ninguno de ellos ha podido evitar salir a la palestra en estos tiempos de crisis. Quizás instigados por esa ensoñación propia del que se cree imprescindible y en la que se pueden ver en una imagen en la que el pueblo, perdido y desorientado, gira la vista atrás pidiéndoles ayuda una vez más.

Pero sucede que mientras los presidentes se cenaban los langostinos y el jamón en un clima de total cordialidad y debatían sobre su gran obra maestra, el pueblo decía lo que decía: que ninguno pasará a la historia por estar donde debían, que ninguna serán el Pepe Mújica español porque todos creyeron que a la historia se pasa haciéndose fotografías tan importantes como esa y no haciéndole la vida más sencilla a la gente. Ahora que la historia empieza a comprender que de aquellos polvos vienen estos lodos, que el pueblo tiene elementos para juzgar el cuadro en su contexto global, ahora que comienza a librarse del lastre del pasado y que puede verlos tan avejentados como las ideas que pregonan, simplemente los señala y ríe (por no llorar). Y ellos, tan solitos, despojados de su corte de aduladores y vestidos por el sastre inclemente del tiempo, saldrán a la calle y se darán cuenta de lo que ya sabemos todos: Los reyes, por muy reyes que sean, están desnudos.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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