27 de mayo del 2017
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Las elecciones generales del 20 de diciembre dejaron a todos y todas con la misma pregunta en la cabeza: “¿y ahora qué?“. Y la respuesta más coherente a esta incógnita es la más sencilla: ahora se abre una etapa de negociaciones duras y complejas. Punto. Aventurar más es complicado, pues ninguna de las combinaciones de Gobierno parece realizable a corto plazo. A Rajoy le hace falta algo más que C´s para gobernar y tiene enemigos en casi todo el hemiciclo. Pedro Sánchez debería formar un pentapartito multiforme que podría romperse en cualquier momento. Un verdadero sudoku que mantendrá unos meses entretenidos a los medios de comunicación, que esta noche solo alcanzamos a analizar los resultados obtenidos por cada agrupación en relación a sus pronósticos:

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El Partido Popular, mal que nos pese, volvió a ser la fuerza más votada del país, sin embargo, perdió por el camino más de tres millones y medio de votos. Como todas las encuestas pregonaban, los populares salvaron los muebles gracias a una campaña ultraconservadora, escondiendo al máximo a Rajoy, utilizando perversamente los medios de comunicación públicos y las entidades estatales, y repitiendo una y otra vez la falsa cantinela de la recuperación económica. La táctica del miedo venció al desgaste de la corrupción y gracias al voto cautivo, la Ley D´Hont y al bloqueo del voto emigrante han logrado un resultado que bien firmaban los populares hace un año, cuando el CIS los desplazaba a la segunda fuerza. Resiste el grupo político más corrupto de la historia de la democracia, manteniendo serias esperanzas en repetir las elecciones, un buen escenario para las propuestas basadas en la estabilidad.

Foto: PSOE

Foto: PSOE

El PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia, ahí es nada. Ha perdido la confianza de (casi) millón y medio de votantes. Sin embargo, en Ferraz tienen buen sabor de boca. Los pronósticos de las últimas semanas lo situaban en dura pugna con Podemos por la segunda plaza, pero el cortijo andaluz, sus redes clientelares y (nuevamente) el voto cautivo han salido al rescate. Parece que Pedro Sánchez sale airoso del primer match-ball serio de su carrera política. Susana tendrá que esperar y Sánchez liderar la decisión más importante en la historia del PSOE: intentar un pacto múltiple para desbancar al PP, aliarse con él (lo que supondría renunciar para siempre a sus siglas) o dejarlo todo para una segunda vuelta. Y considerando que Sánchez no destaca por su valentía, todo apunta a esta última opción.

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foto: Dani Gago (PODEMOS)

Podemos no consiguió la remontada esperada pero es, sin duda, el vencedor moral de estas elecciones. Y lo es porque ha zarandeado el bipartidismo (que queda muy tocado), convirtiéndose en el principal artífice de esta enigmática coyuntura política. Para la formación violeta, la inestabilidad de los de arriba es la estabilidad de los de abajo, que ahora serán más escuchados. Ha conseguido el vuelco con buena parte de los medios en contra (sobre todo los públicos), teniendo que nadar a contracorriente durante toda la campaña, dándole la vuelta a unas encuestas que lo situaban en cuarta posición, superando finalmente a un partido reinventado para contrarrestarle (Ciudadanos) y llevando a cabo un sobreesfuerzo de hipermovilización y aglutinamiento que acabó dando sus frutos: 69 diputados. Objetivamente es un resultado espléndido, sin embargo, su electorado lo asumió con alegría moderada. En su primera comparecencia, Pablo Iglesias salió a escena poniendo encima de la mesa condiciones “inaplazables e imprescindibles” centradas en el rescate ciudadano y la reforma constitucional. Podemos tendrá que sentarse a negociar defendiendo los intereses de la gente o quedarse en un segundo plano como oposición firme. En cualquiera de estos escenarios, Iglesias tendrá que tomar nota de aquello que lo ha resucitado: la horizontalidad y las confluencias. Un papel complicado y exigente para una formación política tan joven, pero que ha demostrado que puede asumir cualquier reto. Veremos.

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En otras condiciones, el resultado de Ciudadanos (3.497.151 votos) hubiera parecido una proeza. Ocurre que ha sufrido un revés importante con respecto a lo pronosticado en las encuestas, infladas de manera grosera por los medios de comunicación conservadores. Rivera, que partió en pole position, fue menguando conforme avanzaba la campaña, conforme se analizaba con lupa su programa económico o se ponía el foco en sus listas electorales. Ciudadanos salió escaldado de su postura machista en cuestión de violencia de género. Y finalmente, en un inexplicable episodio que se analizará en los libros de historia de la torpeza política, Rivera se metió un tiro en el pie asegurando que facilitaría el Gobierno a Rajoy por ser la lista más votada. Su torpe final de campaña dejó a Ciudadanos en 40 diputados, que no siendo mala cifra ni mucho menos, está bastante por debajo de las expectativas que ellos mismos habían alimentado. En realidad, si lo analizamos con detenimiento, Ciudadanos ha conseguido el objetivo para el cual fue “refundado“: interrumpir el avance de Podemos y vehicular el descontento social hacia posturas más moderadas.

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Izquierda Unida, por su parte, fue la formación más castigada por una ley electoral a todas luces injusta que se ha cebado con ellos, quedando en una representación residual que, paradójicamente, puede tener su importancia. Han perdido más de 750.000 votos y se han quedado en 2 diputados. Son las consecuencias de un desmedido apego a las siglas, de una campaña ciclotímica basada en un discurso anticuado y difuso que olvidó a sus verdaderos enemigos y centró todas sus fuerzas y toda su inquina en Podemos, en un claro ejercicio de despecho político. De poco le ha valido tener a un candidato genial ni emprender una divertida campaña en las redes sociales, pues ni Garzón puede sujetar un proyecto por sí solo ni los espacios virtuales son verdaderamente representativos del latir de la calle. Una de dos, o van tomando conciencia de que deben confluir, o sus días están contados.

España despierta con la incertidumbre de sentirse ingobernable. En tres meses habrá que tomar decisiones y para ello los partidos deben cambiar el chip, sustituir la actitud cerrada y altiva demostrada hasta la fecha por predisposición al diálogo y capacidad de inventiva. Las agrupaciones deberán estar dispuestas a ceder en virtud del beneficio colectivo, un reto que evaluará la madurez política de los recién llegados y la modernización de los partidos del régimen. En este insólito escenario, todos tienen mucho que ganar y mucho que perder. Vayan comprando palomitas.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.
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