25 de abril del 2017
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Balotaje es el término utilizado para designar la segunda ronda de votación en algunos sistemas de elección a cargos ejecutivos o legislativos. Se deriva del verbo ballotter, que significa votar con bolillas.

El vocablo “balotaje” proviene del francés ballotage. En el sentido en el que es conocido hoy en muchos países, consiste en que para llegar al cargo público que corresponda, se haga necesario obtener más de la mitad de los votos emitidos. Su origen se inicia en el siglo XIX, en concreto en 1852, con la instauración del Segundo Imperio de Napoleón III. Más tarde, se aplica en la III República, pero es con la V República, a través de la Constitución de 1958, en la que se convierte en una modalidad que “ordena” la intención del voto de los ciudadanos. Es una institución electoral paradigmática del derecho electoral y constitucional francés, cuyas últimas elecciones dieron un ejemplo de lo que supone.

En resumen, cuando en una elección presidencial ninguno de los candidatos supera un determinado porcentaje de los votos, por ejemplo la mayoría absoluta, se lleva a cabo una segunda vuelta para decidir entre los dos primeros candidatos. Se trata pues, de una eventual etapa del proceso de elección de una autoridad, que permite la confrontación democrática de las dos propuestas políticas que resultan mayoritarias en una determinada sociedad política.

20D

Pese a no ser España una democracia presidencialista, queda claro de lo expuesto, que no hay ningún motivo de alarma. En alguna medida, por este medio se ofrece un modo de incentivar acuerdos políticos de confluencia, que simplifiquen la diversidad, cuando esta no resuelve mayorías de gobierno.

De lo dicho, resulta inaceptable que se aluda a consecuencias apocalípticas, cuando de ejercer la democracia se trata. ¿O es que se pretende gobernar con menos del 30% del voto de los españoles? Las ofertas del PP para la Gran Coalición asemejan a un mercadillo que excluye al ciudadano.

Por ello, prefiero ver a la posible repetición de las elecciones generales como un “balotaje” o “ballotage”, en la que se ponga a disposición de las personas la posibilidad de definir su voluntad en la preferencia política. No soy participe de las componendas, ni de los salvadores que tienen vocación de sustituir al conjunto ciudadano. Por tanto, aquellos que se rasgan las vestiduras en forma de vaticinios de hambrunas y plagas, sólo le hacen un flaco favor a la calidad democrática.

El resultado del pasado 20D, se había previsto con el diseño nacional de la campaña de inclusión vertiginosa de Ciudadanos. Las propuestas de las huestes de Albert Rivera, suponían una convincente respuesta a los votantes decepcionados con el resultado de la gestión del PP. Sin embargo, sus propios dirigentes, ya convencidos del resultado favorable, previsto por las factorías de las encuestas, sumado a las declaraciones controvertidas en materias sensibles a los y las votantes, desinfló los ánimos de muchos de ellos y ellas.

pactos

La inestabilidad económica tiene más que ver con la brecha creciente de la desigualdad, o con la creciente pauperización de grandes sectores de españoles, que con su derecho a poner en claro las mayorías de gobierno. No es con los pactos contranatura, o con las vanas alusiones al  “razones de estado”, con las que se resuelven situaciones como la actual. No es desde las presiones ejercidas desde Berlín. Ni desde las amenazas insinuadas por la banca y los oligopolios. Por cierto, creados y alimentados por este bipartidismo de la transición, que pueda fortalecerse la democracia. Tampoco se incentiva la cohesión entre las nacionalidades de este país. Esa brecha, originada por la aniquilación de los pilares de la España social, sí que está rompiendo al Estado.

Sin quererlo explícitamente, la sociedad civil española nos está diciendo que desea una segunda vuelta. Que desea confirmar que prevalece su voluntad en forma de modelo de gobierno. No es atributo de las minorías impedirlo. Excepto, claro, que se trate de torcer el sentido de la Historia. De matar el derecho a decidir.

De esto último, un sector de esta España sin memoria, sabe mucho.

A votar pues, para evitar que España se rompa.

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Alberto Vila

Economista, analista Político en Nueva Mayoría, Diario Fenix y Publicoscopia. Experto en Management, Comunicación y RRPP. Formador.

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    Una Réplica

  1. Alberto

    Interesante artículo y análisis, coincido en la mayoría de las cuestiones planteadas por el autor y aunque también coincido en la opinión de que unos nuevos comicios fortalecería a la izquierda, me ronda una duda por la cabeza si sería más bien al contrario. El mensaje de “España se rompe” que ya utilizan tanto PP, PSOE como Ciudadanos puede activar a muchos votante moderados que ni siquiera llegaron a votar.

    Por otro lado, si pensamos sobre los mayores problemas que encara España actualmente no son simplemente económicos y sociales, Cataluña es clave y pasa por un gobierno central que trate con respecto, dignidad, sin miedos y sentido común una consulta independentista. Y por ahora Podemos es el único partido, ampliamente votado, que parece tenerlo claro.

    Se mire como se mire, somos testigos de un panorama político más que interesante.

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