10 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Hay voces en el cante que cuando se escuchan por primera vez consiguen encarnarse en lo más profundo de quien la escucha, y es eso precisamente lo que sucede cuando se escucha a solas las canciones de esta barcelonesa.

En casi todos los aspectos de la vida, que haya detractores es un signo positivo, y este caso resulta que no es una excepción. Hay quienes la critican por apropiación cultural, sobre todo desde Andalucía, bien porque no lo consideran “flamenco de verdad” o porque nació en Sant Esteve Sesrovires, y no en Triana. De estos segundos, son más bien pocos pero perduran quienes siguen diferenciando por etnias o territorios, a pesar de la gran cantidad de cantaores de flamenco payos o que han nacido fuera de Andalucía que han habido y hoy destacan en el panorama cultural, entre ellos inevitable mencionar a Miguel Poveda.

Hay quienes en el arte, como en el debate, consideran que lo diferente significa confrontación. Sin embargo, para otros que no pensamos así, lo diferente significa enriquecimiento, y en lo diferente está la virtud.

Aún así, no podemos olvidar que el arte es subjetivo, y como tal nos puede encantar Miró pero detestar Caravaggio, enamorar Madonna pero detestar Berlioz, e hipnotizar Miguel Ángel y aborrecer Chilida. En el purgatorio de la conciencia de cada uno residen sus filias y fobias.

Pero aquí el argumento va más allá de los gustos, ya que lo llaman apropiación cultural, algo completamente fuera de lugar.

En primer lugar, hay que aclarar el concepto de apropiación cultural, y su concepto escapa a subjetividades. La apropiación cultural se entiende como la utilización de elementos culturales típicos de un colectivo étnico por parte de otro, despojándola de su significado y banalizando su uso.

Los mismos puristas que se rompen la camisa como José y señalan a Rosalía de apropiación cultural, son los mismos que por bulerías se daban palmadas en el pecho en el 2010, cuando la UNESCO consideró el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De toda la Humanidad, también de los no andaluces.

Y sin entrar en chovinismos, quien haya escuchado a Rosalía interpretar a su manera el flamenco, lo podrá archivar en su top de gustos y disgustos como le parezca, pero que argumente qué despojo o banalización se da en su arte.

Entre sus canciones está un repertorio de lo más antiguo, cuidado y selecto, y de lo más variado en palos: desde los tangos de Manuel Vallejo cuando interpreta Catalina, a la Malagueña del melllizo que cantara Porrina de Badajoz, La hija de Juan Simón que bordase Antonio Molina, el poema Aunque sea de noche escrito por San Juan de la Cruz y que desgarrara Enrique Morente, las seguiriyas Cuando yo me muera de Manolo Caracol, las cantiñas de la Mejorana en el puñal dorao, los tientos de la oliva de Antonio Chacón…

Una interpretación diferente, aguda y mordiente, con una enorme capacidad para engarzar notas en melismas, y con un fondo actual, menos jondo, versionado a su manera con un respeto a  la armonía y esencia que, entre quienes la atacan, como tantos que han sido atacados en sus comienzos, solo hay un aterciopelado halo de envidia al comprobar que, alguien tan joven y prometedor, ha sido capaz de que cientos de miles de adolescentes y adultos de todo el mundo se hayan aprendido de memoria melodías antiguas de la baja Andalucía, letras que estaban guardadas en cajones, que solo los más mayores recordaban y que hoy, gracias a Rosalía y a quienes están detrás de su talento, desde la música transcrita y fusionada a  los responsables de sus videoclip, cuentan por cientos de millones sus visualizaciones en la red.

La calamidad de la contemporeidad reside en el hecho de que lo nuevo trata de no apreciarse, sino que se prefiere halagar a lo que ya no está. Como dijera Jardiel Poncela, si queréis halagos, moríos. Por suerte, esta concepción cada vez va siendo más contrarrestada, y el espacio de saber apreciar los nuevos talentos gana terreno.

Y si no les convence estas palabras, escuche sus canciones y sabrá el significado de cuando se dice que la música llora de emoción y sentido, cuando decían los griegos que el ethos eriza a quien se atreve a adentrarse en ella.

En uno de sus poemas, Rosalía de Castro recitaba que para llenar el mundo a veces solo basta un pensamiento. Su tocaya hoy, con su música, también lo llena a su manera, y hoy que está en sus inicios es ya buen momento para honrarle y agradecérselo.

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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho por la UMA, ha colaborado en medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Tra due anime" (2015) y "Al resguardo del tilo rojo" (2018). Ha cursado estudios a distancia sobre antropología biográfica en la Bernard Lievegoed University (Zeist, Holanda) y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Diplomado en Periodismo por el National Council for Training of Journalist de Londres, actualmente escribe un libro de relatos cortos que verá la luz a finales de 2019 y reside en Suecia.

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    Una Réplica

  1. A,g,c.ntonio

    Esta chica no se ha apropiado del flamenco,sería de todo derecho,pero no es así,mis respetos a su lucha de intentar ser cantante y que tenga suerte,análisis de este calibre es lógico pensar que debe de haber motivos ajenos a su figura,ya que no se podrían contar los que por treyectoria artística y sometida al respetable se han ganado respeto a todo el que quiera ganar dinero,ellos haya

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