25 de septiembre del 2018
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Decía Aristóteles: «El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona». Sócrates: «Yo sólo sé que no sé nada». Nikita Jrushchov: «Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente donde no hay río». Albert Camus: «La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas».
​Y así se podrían seguir escribiendo citas, de un lado y de otro en lo que refiere al llamado asunto catalán: la independencia —o no— de Cataluña. Es un tema que lleva en diarios, informativos, tertulias y columnas de opinión la friolera de seis años, desde que en 2011 el ejecutivo encabezado por Artur Mas decidiera enarbolar la estelada y someter a un pulso al Gobierno español. Parece que fue hace eones, y sin duda para mucha gente así le ha parecido, pues mientras todo esto se ha ido desarrollando otros aspectos de la sociedad se han estancado e incluso han retrocedido.

​Hace pocos días el periodista Jordi Évole —presentador de Salvados, en La Sexta— escribió un artículo en el cual se confesaba como, después de varias polémicas alrededor de otro escrito suyo sobre los atentados de Barcelona, había llegado a la conclusión de que la opción más válida en todo lo referente a la política era la equidistancia. Por supuesto, los palos no tardaron en aparecer: centenares de personas se lanzaron por redes sociales a vejar al periodista catalán, con toda una retahíla de insultos que iban desde el casi entrañable cobarde a otros de mayor elaboración e inquina.

El propio devenir de los acontecimientos dio la razón a Évole.
​Si volvemos a la cuestión de Cataluña, nos encontramos con el mismo grado de polarización en las opiniones y pensamientos que se vierten acerca del futuro referéndum por la autodeterminación catalana. El término de por sí ya es polémico, pero todavía lo son más las posturas tan antagónicas de sus protagonistas. Independentistas y unionistas escenifican día tras día unas trincheras cada vez más enterradas bajo la tierra, en cuyo espacio entre ambas no hay lugar para nadie, condenados a caer en el fuego cruzado tanto de unos como de otros. Porque es precisamente eso lo que ocurre, y quienes intentan hacer ver que hay más cosas aparte del “sí” o el “no” taxativos se ven abocados a una suerte de linchamiento comprensible en los días que nos está tocando vivir, pero incomprensible desde la vertiente más filosófica y dialogante.

¿Es realmente una actitud cobarde no posicionarse en ciertos temas sobre los que, tras un análisis profundo, llegamos a la conclusión que ninguno de los bandos son los correctos? Porque esas conclusiones tan graves son a las que muchas personas han llegado durante los últimos tiempos en muchos aspectos de nuestra sociedad. Lo hacen con cierta vergüenza, como si estuvieran haciendo algo malo, reflexionando erróneamente y sin pensar en los demás. Lo siento, pero para pensar uno tiene que ser egoísta al principio: desde el interior hacia el exterior.

Se llega a la conclusión equidistante, llegan los reproches por ambos lados. Inacción, me dijo un conocido no hace mucho tiempo cuando le planteé mi opinión sobre la problemática en Catalunya; creo firmemente que tanto unos como otros están haciendo mal las cosas. “Estás siendo una persona inactiva, un pelele”, me recriminó no sin cierta acritud. Pues no. No se trata de inacción, sino todo lo contrario: rebeldía total, ante todo. No me gusta lo que tú me propones, pero tampoco lo de la otra persona. Pero da la impresión de que tenemos que escoger, siempre sobre dos opciones. No hay más. Sobre los blancos y negros absolutos, sin opción a los matices. No existe la oportunidad de disentir, de poder decir que tanto A y B están equivocados, porque hoy en día se nos obliga a posicionarnos bajo la amenaza de ser tratado como un desinteresado, una persona que permanece pasiva ante los acontecimientos. Si no tenemos la libertad de poder disentir en cualquier dirección, estamos perdidos.

Le ha pasado a Évole ahora, le pasó a cientos de personas con anterioridad y en el futuro vendrán más casos. Dicen que en una guerra siempre pierden todos: quizás sea el momento de ampliar esa afirmación a otras esferas de nuestra sociedad.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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