11 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Dicen que hay momentos en política que el tiempo se acelera y todo cambia de la noche a la mañana, como si el tiempo político fuera un acordeón. Eso ha sucedido estos días (¿han sido cinco, seis, diez?), en los que hemos visto una sentencia histórica que condenaba criminalmente al partido en el gobierno, una moción de censura exprés, un presidente del gobierno renacido, al partido líder en intención de voto arrugado como una pasa, a la derecha pataleando y poniendo en duda nuestro sistema democrático, y a la izquierda, como siempre, sumida en sus contradicciones: preguntándose si está alegrándose de más o decepcionándose de menos.

La prensa especializada está analizando todos los acontecimientos que han desembocado en este nuevo gobierno; que si lo precipitó la justicia, que si se equivocó Rivera y Ciudadanos al quedar al lado de Rajoy y no sacar rédito político, que si Iván Redondo ayudó a Sánchez a lograr la presidencia, que si Podemos hizo un movimiento clave para tumbar a Rajoy, que si la presión contra PNV y PDCAT jugaron a favor del resultado final… de cualquier manera, Rajoy y el Partido Popular están fuera del gobierno. Y la sensación es que las tragaderas de la gente corriente había llegado a su fin.

Pero más allá de los actores que salen en el telediario y sus nuevos roles mediáticos (es increíble cómo ha mutado el discurso de cada uno de ellos), lo importante es qué ha significado y, sobre todo, qué puede significar este cambio para la vida de la ciudadanía. En qué puede cambiar su realidad o en qué va a dejar de hacerlo. Vayamos de atrás adelante:

La derrota de Rajoy es una victoria moral para mucha gente que ha sufrido durante un lustro lo peor de las políticas austericidas del Partido Popular. Para todos los desahuciados, las personas que se quedaron colgadas sin ayudas de la dependencia, los estudiantes que no pudieron pagarse los estudios, los jóvenes que emigraron, los parados de 52 años que se quedaron sin subsidio, las mujeres que sufrieron los recortes en ayudar para combatir las violencias machistas. A toda esa gente la vida no le va a cambiar de la noche a la mañana ni nadie le va a compensar el sufrimiento, pero servirá de alivio ver a la cabeza visible del partido político más corrupto de Europa caer y su grupúsculo de aduladores buscando nuevo cobijo. Al menos, la corrupción sistémica tiene sus manos un poco más lejos y eso ya es decir algo. Una pírrica victoria, pero victoria al fin y al cabo.

La salida del Partido Popular es una oportunidad de cambio para todas las estructuras del estado corrompidas durante un lustro. La justicia, la información pública, el funcionariado estatal, etc. Este país ha tenido -y tiene- demasiado tiempo secuestrada la radiotelevisión pública, que ha funcionado como mero artilugio propagandístico, ha quemado a sus mejores activos y ha dilapidado el dinero público engrosando las cuentas corrientes de peones sin escrúpulos -y sin amor alguno por la profesión-. Del mismo modo, las maniobras políticas han propiciado que corruptos hablaran en sus conversaciones privadas de jueces amigos, de afinar un tema u otro o de inventar causas contra adversarios políticos. Esa reforma judicial pendiente puede hacerse realidad con una sola premisa: La voluntad política de los partidos políticos. ¿Será mucho pedir que tengan altura de miras?

-La nueva situación política puede propiciar que la izquierda recupere un papel activo que impulse cambios de calado. Si bien este PSOE de Pedro Sánchez, aunque sólo sea por la propia retórica que le llevó a la secretaría general no puede ser el PSOE de Susana Díaz, de Rubalcaba, Guerra y González, es un actor político que funciona más por arrastre que por iniciativa propia. Si lo enfrentas a sus contradicciones, que es lo mismo que enfrentarlo a sus bases o a la lógica de la calle, es capaz de dar pasos beneficiosos para la sociedad. Si le das manga ancha, echa para atrás mejoras para la mayoría social, se pone del lado de la monarquía, nombra ministra a alguien que propició el pelotazo Castor o se pone europeísta -es decir, pro FMI y pro Troika- hasta las cejas, nunca mejor dicho. Al PSOE hay que enfrentarlo a una nueva sociedad capaz de visibilizar las injusticias desde plataformas ciudadanas y en la calle, y usar a Podemos parlamentariamente para apretar al nuevo gobierno, eso si el partido morado no se extingue antes con sus disputas internas o tirándose un nuevo tiro al pie.

-Unas elecciones a medio plazo puede menguar la amenaza de la ultraderecha. Aunque siempre puede reimpulsarse Ciudadanos a lomos de la contienda catalana, su garante de votos tras su transformación a partido-bandera, es una buena noticia que se pospongan las elecciones en un momento en que Rivera se paseaba por las entrevistas pensando en La Moncloa. Hubo un momento que parecía que Ciudadanos ya hacía planes de gobierno. Le salían las cuentas sumando a los desencantados por la corrupción, el voto útil de Vox, los liberales de toda la vida y los que aún se creían eso del cambio sensato. El ridículo espantoso del partido durante la moción de censura, la negativa aparición del inefable Aznar como elemento conciliador de las derechas y su necesario reposicionamiento marcará el futuro de la formación naranja, pero cuesta imaginarlos permaneciendo en el lugar privilegiado a nivel mediático y público que tuvo hace menos de un mes.

Sea como fuere, La melodía para un momento triste de Rajoy ha terminado por fin y ya es historia política de este país, y el día después del tsunami político del 2018 puede hacerse realidad eso que decían aquellos póster de cuando éramos niños: Hoy es el primer día del resto de nuestras vidas.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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