13 de noviembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Es cierto que vivimos en un contexto donde la mediocridad triunfa y campa a sus anchas. El oportunismo de quienes pretenden arrimarse a los centros de poder y decisión forma parte de esa tan abyecta mediocridad, definida certeramente por mi amiga Aldara como «garrapaterismo».
En esta coyuntura,  toda persona que dedique parte de su tiempo a los demás, de forma altruista y honesta, merece todo el respeto y admiración, pues debería ser un espejo en el que [email protected] debiéramos mirarnos.

La mediocridad también es la incapacidad de dejar de lado los intereses personales, recelos y partidismos cuando se trata de luchar por el bien común.

Ese garrapaterismo oportunista de [email protected] en torno a los movimientos sociales al que hace alusión Aldara, es un ejemplo gráfico de esa mediocridad execrable y purulenta que nos recuerda de donde proceden los códigos por los que se rigen las actitudes políticas y de influencia en una sociedad postfascista (en cierto modo fascista todavía) donde nunca se terminaron de apartar el caudillismo, las castas y las mafias de los patrimonios públicos, mas allá de un leve maquillaje institucional llamado «transición».

En lo social, la lucha de los pensionistas es la punta de lanza, hoy día, de la contestación al régimen de la que deberíamos aprender [email protected] La huelga feminista del 8M también es una señal de por dónde deben caminar las nuevas alianzas desde abajo, como potencia transformadora.

El «toque de carga» neoliberal contra lo público, una pequeña lección de como actúan el capitalismo y sus secuaces gubernamentales atacando lo público, abre juego en el debate de cómo hay que defenderse, en todos los ámbitos, no sólo en el de las pensiones. En verdad, detenerse a especular con esta excrecencia «garrapatera» es una pérdida de tiempo.

Lo que  nos hace falta, urgentemente, es crear espacios amplios, abiertos y plebeyos en las ciudades que junte a [email protected], [email protected], pensionistas, movimiento feminista, parados, mareas, asociaciones sin animo de lucro, medios de comunicación digitales locales; ser audaces y tajantes en el mensaje de que ha llegado la hora de destituir a los partidos del régimen del Ayuntamiento, e insistir en, de manera vectorial y bidireccional, ir creando una comunidad en torno a un proyecto de modelo de ciudad.

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Jose María Rueda Santiago

Activista social y político. Cocinero de profesión. Pensador entre fogones.

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