24 de agosto del 2017
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Acaba de salir al público la última novela del escritor cordobés Alejandro López Andrada. El Jardín Vertical  está editada por la Editorial Tifaldi y tiene el subtítulo de “la novela de un indignado”. Porque efectivamente se trata de un texto escrito desde la indignación que corroe a muchos de los que venimos sufriendo los desmanes de un Gobierno que, en estos casi cuatro años de gobernanza, se ha caracterizado por eliminar muchos años de derechos conquistados y hundir en la pobreza a grandes sectores de la población. Daniel, el protagonista de la novela, es un personaje que ha sufrido en sus carnes la dureza del ambiente cerrado y marcado por los los caciques de turno que se vivió en el mundo  rural en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Eso fue en el pasado, ahora,  en la ciudad, Daniel vive las alegrías de un trabajo satisfactorio en una residencia de ancianos, del que se ve despedido por no ser afecto al régimen político de un director que aplica sin compasión restricciones económicas a costa de la salud de sus débiles e indefensos ancianos. También experimenta el deterioro de un matrimonio hasta sufrir los sinsabores de una separación traumática, ocasionada por la  situación  de una sociedad económica y socialmente decadente. Los rasgos humanos que Daniel  manifiesta con personajes sencillos como Bernabé, un anciano sumido en un cáncer terminal, así como las relaciones, a veces  difíciles, con los amigos  envueltas en diálogos y enfrentamientos motivados por la situación complicada que unos y otros vivían y sufrían.

Si  todo esto se vive en un contexto de deterioro socioeconómico y político como no se ha visto desde hace tiempo, con unos niveles de corrupción muy preocupante y donde los sectores financieros y de mayor nivel económico se ven beneficiados de tal manera que, en un contexto de crisis, ven aumentados sus beneficios; mientras que  a los  más débiles y  pobres se les machaca con restricciones en los servicios sanitarios y educativos, se les condena a un  paro endémico o a trabajos precarios que apenas dan  para comer.

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En este contexto vive el protagonista de la novela y todo ello produce en él una  indignación profunda ante la vida y la sociedad, sin agarraderos a donde asirse, como en otros casos pueden ser la religión o el apoyo familiar. Daniel es un personaje inerme ante una situación que le ha venido encima con una crueldad provocada por unos sectores sociopolíticos que han arruinado la vida de muchas personas. Es un contexto donde muchos de nosotros nos vemos reflejados con bastante exactitud y que hace que esta “novela de un indignado” la leamos como algo nuestro, aunque su dureza nos duela.

Quien conozca a fondo a Alejandro, su autor, sabe que esta historia le sale de dentro, que  refleja muchas de sus inquietudes humanas, que muestra sin tapujos al lector. No nos extraña que esta novela la haya escrito él porque es hija de su idiosincrasia y personalidad, de una inquietud que le duele y expresa para hacer reflexionar a sus lectores sobre una situación de deterioro infame. Eso sí, la novela se lee con una dulzura gratificante a pesar de la dureza de su contenido; porque Alejandro escribe con un tono poético que hace del texto una obra maestra, donde el lenguaje, plagado de metáforas ocurrentes y ricas de contenido, así como alusiones preciosas a la naturaleza y hacia la esencia de la vida, hace al lector cómplice de su buen hacer como escritor.

La rotundidad de su mensaje puede provocar que la novela tenga dificultades para hacerse ver en los ambientes literarios de las grandes corporaciones comunicativas, debido a la temática dura e implacable que desarrolla. Ya, de hecho, está teniendo el boicot  en muchos medios de comunicación que viven a los dictados de la clase poderosa y adinerada, que no quiere saber nada de esa otra España que está sufriendo y que es tan real como su incontinente afán de riqueza. Serán los sectores más sensibles a la España de los desahucios, de las  preferentes, del paro, de los trabajos precarios que no dan ni para subsistir, de las leyes mordazas, etc.  los que defiendan su indignación enarbolando ese tipo de textos, para ahora y la posteridad, de una época triste que desearíamos que concluyera cuanto antes.

Lo mejor para La Réplica:

– El tono poético, melancólico, reflexivo y justo de Daniel, su protagonista.
– La eficaz construcción de la trama, el contraste entre la vida rural y la vida urbana dentro de los movimientos sindicales y sociales.
– El certero retrato que el autor conforma de los estratos sociales con dificultades: ancianos, inmigrantes, pobres, los grandes olvidados de la historia.
– Que la novela nunca cae en lo panfletario, gracias a la poderosa voz narrativa que sitúa en un contexto personal un problema global.
– La dureza del final, la poética conclusión.
– Que hoy es una novela contestataria y mañana será una novela histórica, que su vigencia literaria estará siempre ahí.
– Que por fin un autor con una sólida carrera literaria haya dado un golpe en la mesa en cuanto a lo que está sucediendo en España.
– Y fuera de lo literario, el precio de la novela en relación con el discurso, estableciendo un ejercicio de coherencia con lo cuenta la novela.

 

 

 

 

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.

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