25 de abril del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La inercia del devenir del propio sistema capitalista, ese monstruo de dimensiones inabarcables, es capaz de tapar ciertas deficiencias estructurales o por lo menos esconderlas de quienes no agudizan demasiado la vista.

Escribía en algún artículo pasado que mucha gente con la que hablo, conversaciones cruzadas que escucho en el metro, coinciden en señalar que el país (es decir, España) tampoco va tan mal después de dos elecciones que parecen no haber servido para nada, una legislatura con sesión de investidura fallida y una segunda que va por el mismo camino. Un gobierno en funciones lleva el día a día, sin poder legislar. Sin poder actuar. Y mira, dicen esas personas, ¡no estamos tan mal!

“Al menos no vamos a peor”, se aventura a decir algún tertuliano espontáneo que se acerca desde el fondo de una barra de bar, que habla desde los asientos de enfrente del vagón. ¿Realmente es así, no vamos a peor? La gran mayoría, por sensaciones te diría que sí, otros que no, y unos pocos se jactarían de vivir al margen de la sociedad convertidos en una especie de Mad Max anónimos.

Repitamos la pregunta, porque es importante: ¿Está España igual (mejorando o mal, peor… eso ya depende de quien hable) sin políticos gobernando que con ellos?

Depende.

Para el ciudadano de a pie, el humilde, el que se estructura la vida basándose en el día a día, o el mes a mes, probablemente piense que sí, que nada ha cambiado después de diez meses de desgobierno y que pese a todas las vicisitudes apocalípticas que algunos candidatos vaticinaban por el momento (y como dirían en Astérix y Obélix) “el cielo sigue sobre nuestras cabezas”. Preocupados por salir a flote, ellos y sus respectivas familias, su capacidad de análisis de la situación económica del país les sirve de bien poco y prefieren, cosa entendible, centrar sus esfuerzos en su círculo más cercano. Fueron los que más sufrieron el azote de una crisis QUE TODAVÍA NO HA TERMINADO por mucho que se empeñen unos pocos elitistas en hacernos creer que ya vamos para arriba. En todo caso son ellos los que lo hacen, subiendo una escalera humana de trabajadores y clase media-baja.

El que sabe que afecta de algún modo al país el hecho de no tener aún gobierno o exagera las formas y pierde credibilidad o se calla porque de algún modo saca partido de tan extraordinaria situación. A los segundos los vamos a obviar porque no merece la pena, todos sabemos quiénes son y lo que pretenden. En cambio los primeros, los profetas, pertenecen también al mismo grupo que los “innombrables” pero no están tan arriba en la cadena perversa del capital como para salir reforzados de una situación de inestabilidad: necesitan que la rueda de la economía vuelve a girar. Hete aquí, por ejemplo, nuestros políticos. O los de la UE. O algunas empresas de medio-alto nivel (las de arriba del todo ganarían dinero incluso en mitad de un apocalipsis). Y todos los que comen de aquellas manos que ahora demandan celeridad en las decisiones políticas. Porque el chiringuito no puede permanecer cerrado, tiene que abrirse para que todos los que de allí comen se acerquen como unos puercos a meter la cabeza en el abrevadero y saciar su sed porcina. Esos son los que aprietan, los que demandan, los que miran el reloj nerviosos y cada vez se molestan menos en ocultarlo.

no-alimentes

Por lo tanto, si leéis, escucháis noticias, artículos o podcasts (tan de moda ahora) en los que se emplean palabras como “responsabilidad democrática”, “caos institucional”, “anormalidad” o cualquier palabro parecido, sabréis que son los que necesitan seguir chupando del bote. Sin exculpar a los políticos, porque están dando muestras de ser ineptos, que haya debate y conversaciones debería ser bueno siempre y cuando, claro está, hubiera sobre la mesa asuntos interesantes que debatir. Pero no los hay, lo que en realidad se está haciendo es una rifa de sillas en las que unos se aferran a ellas con fuerza mientras otros intentan alcanzar con la punta de los dedos las patas y así ir escalando. Si hay que lanzar al vacío a quien está ocupándola, pues se hace.

Así están las cosas; algunos creían que el capitalismo es una formula agotada, que estábamos a las puertas de un cambio de una profundidad inimaginable. Pero el capital es un monstruo que ya tiene, aunque no lo creamos, entidad propia y un instinto de supervivencia perfeccionado a lo largo de las décadas. Una máquina que lo devora todo y cuya principal fortaleza radica en unos poderosísimos mecanismos de autoprotección que la hacen prácticamente indestructible. Sus más fieles siervos están atados de pies y manos, algunos sin ser conscientes y otros a sabiendas de haber firmado un pacto con el diablo pero que les garantiza una vida alejada de las miserias de un mundo que se va pudriendo poco a poco.

La pantomima de nuestros políticos es otro juego trilero más, una pequeña muestra del reajuste que está experimentando nuestro sistema económico para, aparentando haber cambiado, seguir siendo igual en su más profunda naturaleza: mucho para pocos, poco para muchos.

¿Qué nos queda hacer, pues, a los demás? Es difícil lidiar con una situación así, con esa sensación de que todas las puertas están cerradas, que nadie nos va a abrir y que los que están en otras habitaciones las tienen repletas y sin ganas de dejar entrar a nadie. Pero todavía tenemos cosas que jamás nos pueden arrebatar: nuestra mente.

“En el futuro podrán”, pensaréis algunos. No lo sé, y no voy a pensar en el futuro para no disfrutar del presente. Lo importante es el ahora. Pensad en algo divertido. Reíd, buscar la risa hasta en el rincón más oscuro, porque si la perdemos estaremos condenados. Son tiempos difíciles y predispuestos a que nademos en la desesperanza, pero si sacamos una sonrisa en los peores momentos será señal de que seguimos negándonos a que ese monstruo mundial nos devore por completo.

Resistamos. Sonriamos. Porque eso, en el fondo, les jode.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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