30 de abril del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Hace 4 años que no pasaba un verano en Andalucía y para rematar la falta de costumbre es el periodo estival más caluroso de los registrados hasta la fecha, con un pasado mes de julio donde sobrepasar los 40ºC era simplemente la norma y no la excepción. Este estado de asfixia semi-continua, de ardientes aceras, paseos zigzagueantes en busca de cada sombra, helados refrigerios y bruscos cambios de temperatura gracias a la eficiente climatización, acabó por aportarme un resfriado veraniego de categoría. Aunque no se confunda, no es culpa del que escribe es cosa de la ola de calor que cada año se cierne sobre nosotros como una plaga bíblica.

Algo parecido es el argumento esgrimido por las autoridades ante el incremento de los incendios forestales en esta campaña de 2015 que cuenta ya con un aumento respecto a 2014 del 60% en superficie quemada. Es curioso como en política las responsabilidades se diluyen cuando los datos son negativos pero no faltan cabezas donde colgar medallas cuando el viento sopla a favor. Mientras en 2014 los resultados sobre incendios forestales fueron utilísimos para destacar las maravillosas labores de prevención y su efectividad, 2015 y sus datos catastróficos solo reflejan esta inusual ola de calor como la única culpable del desastre. Quizá, sería interesante destacar otros elementos que tienen una clara influencia en el incremento de zonas afectadas por incendios forestales. Aquí van algunas ideas sobre dónde mirar: la disminución de tratamientos preventivos en los montes, las malas condiciones laborales del personal de extinción, la pérdida de autoridad por parte de los Agentes Medioambientales, junto a su mínima plantilla y la disminución de sus recursos, el abandono de los montes y la ausencia de instrumentos de gestión que permitan poner en valor estas áreas, la aprobación de la última reforma de la Ley de Montes donde entre otras medidas se relaja la prohibición de cambio de uso sobre terrenos quemados. Sin olvidar el bajo esclarecimiento y condena de los incendios intencionados a los que debería prestarse más medios.

Bombero-El-Saler-La-Réplica
Es cierto que las condiciones meteorológicas inciden fuertemente sobre los incendios forestales y en su evolución hacia grandes incendios pero dejar caer el futuro de los montes en los fenómenos meteorológicos es una temeridad. Días como los que hemos sufrido este verano con una humedad por debajo del 30%, temperaturas por encima de 30ºC y vientos por encima de 30 km/h son el caldo de cultivo idóneo para la concentración de incendios realmente destructores y casi imposibles de sofocar incluso con la movilización de grandes medios aéreos y terrestres. No es una cuestión de movilizar más medios, tanto humanos como materiales, ya que es un problema latente en los montes potenciado por las previsiones a largo plazo que nos presentan los estudios sobre el fenómeno de cambio climático, donde el aumento de las temperaturas y de olas de calor van a ser una constante en toda Europa. Así la planificación y gestión de los montes se convierte en la pieza clave de una prevención que amortigüe una realidad sobre la que no se puede luchar únicamente en época estival. Por ello, son las administraciones públicas quienes pueden y deben tomar las riendas sobre un sector forestal y medioambiental que ha vivido a remolque de la bonanza económica y desde hace años abandonado y desconectado de la sociedad rural. El objetivo es conseguir un sector forestal sostenible, viable y en buen estado de conservación y para ello es necesario crear montes rentables cuya protección interese a todos. Como ha declarado acertadamente el Decano del Colegio de Ingenieros de Montes, Carlos del Álamo “El monte rentable, no arde”. Un gran reto que cuenta con alternativas de futuro pero que necesita de voluntad política ya que los ecosistemas no entienden de periodos legislativos, momentos electorales o crisis financieras. Flaco favor nos hacemos si las políticas medioambientales, como tantas otras, cambian de sentido y dirección cada 4 años cuando son períodos de tiempo muchos más largos los que permitirían desarrollar un sector medioambiental de futuro.

Un tiempo este, el cronológico, que también juega en contra de los incendios forestales ya que vienen y van de la primera plana igual que un resfriado veraniego aparece y desaparece. Pasa el verano, bajan las temperaturas, baja la altura de llama y los incendios vuelven al anonimato hasta la próxima temporada, serán noticia de nuevo allá por primavera cuando vuelva a saltar la alarma. O peor todavía, cuando de nuevo vuelvan a calcinarse vidas humanas, como tantas veces ha ocurrido, entonces con las manos en la cabeza buscaremos responsables y porqués.

The following two tabs change content below.

Alberto Roldán

Ingeniero de cuerpo y espíritu inquieto apasionado por el mundo de las letras y los viajes. Creo en el análisis y el debate como elemento reflexivo creador de conciencias.
Tags: , , , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies