17 de octubre del 2018
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Os voy a contar una historia que dejó de ser leyenda para convertirse en una realidad. Un hombre, padre de familia y extranjero en España, solicitó al gobierno español el reagrupamiento familiar con su hijo. Deseaba traerlo a España. El niño tenía 8 años y vivía en otro continente, lejos de sus padres desde hacía al menos 2 años. Un día ellos tuvieron que emigrar para ganarse la vida y su familia se hizo cargo de su hijo, pero ya no podían afrontar su desarrollo.

Quería verle, escucharle, apretarle contra su pecho en un largo abrazo. Mostrarle la vida que había conseguido en el “nuevo mundo“. Una vida austera, complicada y absolutamente diferente a la que conocían, pero ante todo, una vida pacífica y digna. El Gobierno le denegó su solicitud. Angustiado, buscó soluciones. Le hablaron de embarcaciones que cruzan el estrecho para llegar hasta aquí. Pero pasaba las horas en vela temiendo un naufragio y pensando en las condiciones infrahumanas para su hijo.

Un día tuvo una idea. Era arriesgada y suponía unas horas de incomodidad para su hijo, pero era la única opción viable para ellos. Decidió llevarla a cabo. Confió a su hijo a una mujer de 19 años que llevaría una maleta al cruzar la frontera. Dentro iría su hijo. Lo intentaron pero los modernos escaneres del “nuevo mundo” descubrieron al niño escondido en la maleta. Ese hombre esperó y esperó al otro lado de la frontera, deseando abrazar a su hijo, al que hacía tiempo no veía. Mientras lo hacía, imaginaba el recorrido diario al colegio que por fin podria hacer con él, las tardes en el fútbol juntos y la cara de su hijo al comer su primera hamburguesa. La emoción de su esposa al tener a su hijo de nuevo junto a ella…También planificaba las horas diarias en que tendría que echarle una mano en el humilde negocio familiar. Pero pasaba el tiempo y el niño no asomaba por la frontera. En su lugar, aparecieron unos guardias civiles que se acercaron hasta él y le identificaron como “El padre del niño escondido en la maleta“.

Por un instante el mundo se paralizó. Los músculos se le abarrotaron, el corazón golpeó su pecho queriendo salir de él y un grito silenciado quedó preso en su estómago. Por un instante temió que algo malo le hubiera pasado. Jamás podría perdonarselo. Se sintió aliviado al saber que estaba bien. Vivo, al menos. Minutos después fue esposado y conducido a un calabozo. Nadie le dejó ver a su hijo.

Sólo quería llevar a mi hijo a Canarias conmigo“, dijo.

Él y la joven mujer permanecen detenidos a expensas de una condena penal por un delito contra los derechos de ciudadanos extranjeros. Adou, de 8 años dormirá hoy en un centro de menores extranjeros. No conocía a esa mujer. No conocía a los guardias civiles. No conoce a nadie aquí. No ha podido ver a su padre. No lo verá.

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Marta Ramos Fernández

Psicóloga clínica, Psicoterapeuta Sistémica, Familiar, de Pareja y Sexual. Experta en trauma, Violencia de Género y niños y niñas victimizados. Humana socioafectiva y feminista.

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