11 de diciembre del 2018
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Es imposible no pensar en la analogía existente entre ‘El Reino’ y la trama Gürtel, la red de corrupción política y empresarial descubierta por la justicia y cuya sentencia provocó la caída del gobierno del Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, el 1 de junio del 2018.

Manuel López-Vidal, el vicesecretario autonómico al que da vida un memorable Antonio de la Torre, podría ser el Francisco Camps de turno, Rodrigo Rato, Ignacio González, quizás Jaume Mata, o cualquiera de los que metieron mano en el erario público para engordar su patrimonio, sus egos y sus cuentas bancarias.

La caída al ostracismo del ladrón de turno la hemos visto una y mil veces en los últimos años —y desde el 15M todavía más— pero pocas veces la había contado a pecho descubierto el cine español: de la vanidad de estos políticos corruptos se pasa al descrédito, de la firmeza a las excusas, de la prepotencia a la súplica. Este descenso a los infiernos está contado por Rodrigo Sorogoyen con un ritmo frenético, cámara nerviosa y poderío visual. A la trama le imprime ironía, nervio y desesperación. Así sentimos muy cercano el agobio de una presa a punto de ser cazada que no consigue salir del laberinto de podredumbre que lo rodea.

Lo más aterrador es que este relato que nos habla de mordidas en las subvenciones públicas, cuentas en Suiza, chanchullos en los despachos, sicarios a sueldo y micrófonos ocultos nos resulta perfectamente veraz. Incluso se queda corto: hasta once personas muertas en extrañas circunstancias nos ha dejado la corrupción del Partido Popular en la hemeroteca. Ese temor a ser asesinado, esa angustiosa incertidumbre acompaña a nuestro protagonista hasta el imponente climax final. Se trata de una potentísima escena con reminiscencias a Network (Sidney Lumet, 1976), sacude la conciencia de los delincuentes y cuestiona el verdadero papel de los medios de comunicación.

‘El Reino’ es el reflejo de una época pestilente que aún colea y que dejó secas las arcas del Estado. Los mecanismos de transparencia y empoderamiento ciudadano (más necesarios que nunca) deberían funcionar como óbice de la corrupción, pero el peligro siempre estará ahí. La codicia del ser humano es infinita. También el cinismo: Cristina Cifuentes, la denostada expresidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid acudió sin aparente rubor a la premiere de la cinta afirmando que se trataba de “una gran película sobre la corrupción política, económica y mediática en España”. Ver para creer.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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    Una Réplica

  1. Jorge Vetti

    Estimado Alejandro:
    Excelente analogía.
    Y aunque creo haberlo “replicado” en otra ocasión, la psique de estos seres degradados (ej. Cifuentes), les compele no solo al robo, a la corrupción en todas las esferas de la existencia, a la mentira, sino también a someter a escarnio a sus víctimas. Es muy importante para estas mentes enfermas burlarse de aquellos a quienes dañan. Necesitan demostrar/se su “poder” no solo cometiendo delitos sino mofándose de los que pisotean.
    ¡Salud y Victoria!

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