15 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Eso, a lo que han llamado crisis, no siendo otra cosa que un conjunto de maquinaciones de los poderes económicos para lograr un progresivo hundimiento del denominado Estado del Bienestar,privatizar los servicios esenciales a cambio de pingues beneficios y reducir costes laborales.

Eso, a lo que Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla no duda en calificar como estafa, ha tenido importantes consecuencias económicas, pero también sociales.

Según el citado autor, tal crisis no es más que un estafa de los bancos, que inundaron el mundo de hipotecas sin garantías y de porquería financiera. Es una estafa de los organismos internacionales y la mayoría de los bancos centrales y gobiernos que han creado las condiciones para que los bancos se forren. Es una estafa de analistas y académicos que proclamaron las virtudes del libre mercado y de la desregulación de las fianzas.

En los mismos términos se manifiesta Ernesto Ruiz Ureta (Nueva Tribuna, 29/09/16) en un artículo de título más que elocuente:  ¿Es una crisis o es una estafa? . Según él, los datos no dejan lugar a dudas y ponen de manifiesto quienes son los que están ganando con la crisis:aquellos que la provocaron. Y es que esta supuesta crisis la están pagando los que menos tienen, pues ni bancos ni élites económicas  quieren ver reducidos sus beneficios.

El pago de la factura ocasionado por tamaña estafa ha supuesto un notable aumento de la brecha social entre las clases bajas y aquellas otras mejor situadas,y ha traído como consecuencia la progresiva destrucción de la clase media. De esta forma, los miembros de aquella, que han mantenido su poder adquisitivo mientras otros en su misma situación de partida, debido al proceso de precarización laboral, se han convertido en clase baja, se siente una especie de “nueva clase alta”que mira por encima del hombro a aquellos que no han tenido su misma suerte.

Francisco Rubiales  (Voto en Blanco, 17/02/17) señala que la destrucción de las clases medias no responde solo a cuestiones económicas si no también políticas. Es cierto que la clase alta necesita de la clase media, por ejemplo, para que asuma los impuestos que ella no paga. Pero hay un problema: como señala el autor: las clases medias son las que se informan, piensan, reflexionan y, debido a su mayor formación e información que las más bajas, pueden criticar con argumentos a políticos y poderosos y entonces poner al descubierto sus jugadas y sus políticas. Se trata entonces de hacer creer a esa clase media sobreviviente que han tenido una gran suerte al no ser absorbidos por la supuesta crisis; que son unos privilegiados  y como tales han de aliarse a los grupos que defienden tales privilegios, pues no nos olvidemos que la culpa de la crisis la han tenido “los otros”: los que nos han hecho “vivir por encima de nuestras posibilidades”, pues dilapidaron grandes cantidades nada menos que en gastos sociales, unas cantidades que legítimamente correspondían a dichos grupos privilegiados. A los de verdad, para que puedan llevarse el dinero a paraísos fiscales. A los que han creído serlo, para que puedan,  por ejemplo, llevar a sus hijos a colegios concertados donde no hay inmigrantes: “es que están tan guapos con el uniforme…”; pasar unos días al año, pocos, “en aquel tan caro pero tan bueno”; o afirmar “yo es que no bebo cualquier vino”…


La estrategia de culpar a los otros funciona, pues establece una taxonomía social, o clasificación de acuerdo a la supuesta pertenencia a un grupo; aumenta la cohesión y actúa a modo de cortina de humo para esconder la auténtica realidad. Escuchamos así frases del tipo: “no puede ser que los emigrantes tengan más derechos que los españoles”; por las redes se difunden bulos como, por citar un ejemplo, los cientos de euros cobran que aquellos sin trabajar. Con todo un argumentario de frases hechas e ideas similares a las anteriores se diseña la mentalidad de estos grupos supuestamente privilegiados logrando su identificación con el discurso nacionalista y patriótico,  que situará por encima de intereses individuales los de un ente abstracto llamado patria –o conjunto de intereses de los grupos dominantes-.

Si, como hemos afirmado, uno de los efectos de la “supuesta crisis” ha sido el aumento de la brecha social; del abismo entre clases altas y bajas, enfrentados ante dicho abismo no hay otra posibilidad que situase a un lado y otro de la grieta abierta bajo los pies. Solo queda situarse al lado de las clases altas y de esta manera sentirse uno de ellos; sentirse protegido, aunque lo único que se comparta sea una bandera en el balcón o la soflama patriótica en la forma de hablar y de pensar pues, en muchos casos, realidad del trabajo,sueldo o calidad de vida va por otro lado. Situarse en el lado de las clases bajas supone enfrentarse con la realidad para sentir la debilidad propia en la cual realidad económica y política les ha situado.

Este “vivir en una burbuja”; este practicar un discurso de clase que no es la propia, este “síndrome de clase alta” ha traído como consecuencia la radicalización del discurso de la derecha tradicional y la supuesta nueva derecha que se dice transversal, así como el auge de grupos de extrema derecha, del cual estamos siendo testigos.

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Antonio Ureña

Antonio Ureña García es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como escritor, ha publicado ensayos y relatos en diferentes revistas y medios electrónicos. Es coordinador del Proyecto Internacional Leer es un Derecho y editor de la revista Tiempo de Poesía. En sus escritos persigue hacer una reflexión critica sobre la cultura y sociedad actuales a modo de herramienta que colabore a hacer frente a la impostura y el letargo en los que pretenden sumirnos.

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    Una Réplica

  1. QazpaQuizas

    El asunto de la crisis fue muy predecible desde los sectores de la izquierda que ahora necesita un programa revolucionario adecuado para enfrentar no solo la crisis, sino también, el avance de las reacciones fascistoides de muchos sectores vinculados a las clases altas. 🙂

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