El tonto de la cuchara - La Réplica
18 de agosto del 2018
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Celtiberia ha sido siempre el paraíso de múltiples especies y subespecies de tontos, que aquí crecen lustrosos, como los melones y las coliflores, al amparo del clima, regocijados en el terruño. Aquí hay tontos de muchísimas especies, tantas, que sería complicado elaborar un censo, pero destacarían el tonto del bote, el tonto pajón, el tonto pichote, el tontolaba, el tonto de capirote, el tontilucio, el tontilindango, el tonto los pasteles…

Y es complicado elaborar un censo por la continua proliferación de especies, que aquí suelen nacer al compás de los vaivenes históricos y acontecimientos sociales de más lustre. Ahora, con esto de la crisis, está de moda el tonto la cuchara. El tonto la cuchara es el tonto que de repente, quizás por ciencia infusa o asfixiado por Montoro, concluye que le está dando de comer a toda España.

Si tiene una trifulca, pongamos de fútbol, por no decir de política, con un parado, se le oirá decir: “Y tú te callas, que tú comes de mis impuestos”, o incluso algo peor: “Vagos, que está muy bonito comer sin trabajar a costa de lo que yo pago”. Si el contrincante es un jubilata, dirá: “Siempre quejándose, y uno aquí reventado para que ustedes puedan comer”. Y si es un crítico de izquierdas: “Eso es lo que les gusta a ustedes, comer sin trabajar, y uno aquí dándole de comer a media España”. Y hasta con los niños y la parienta: “¡Me duelen las manos de trabajar para darle de comer a ustedes!”. Y en ese plan.

El tonto la cuchara suele ser un sujeto de argumentos primarios y fugaces, cuando los tiene, y en un debate cualquiera esgrimirá la cuchara contra usted cuando se sienta acorralado, si es posible por la espalda: que si vagos, que si no queréis trabajar, que si yo les doy de comer… Como diciendo que él, que es de derechas, autosuficiente con su empresita o su empleo –mejor no entrar en detalles-, estará siempre por encima de esa chusma de parados harapientos, descalzos, eternamente famélicos y eternamente de izquierdas, no como él, que gracias a Dios tiene las espaldas cubiertas y puede ser de derechas.

El tonto la cuchara siempre ha respondido al perfil de un señor con posibles, de miserias disimuladas y sabidas pero por supuesto de derechas. Aunque ahora puede uno encontrar llamativos ejemplares de tonto la cuchara en la mismísima izquierda, como el señor Leguina, antaño socialista de pro, que hoy se descuelga diciendo eso de: “Yo pago para que usted cobre el paro”. Echando en cara generosidades, obviando que el parado, cuando trabajaba, pagaba para que él comiera de la política como sigue comiendo ahora sin dar palo al agua. No sé qué sería de parados, pensionistas, rojos y demás hambrientos sin tontos como este. Que Dios le conserve la cuchara.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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