19 de noviembre del 2018
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La llamada teoría del iceberg o de la omisión atribuida a Ernest Hemingway trata acerca de la técnica literaria que aplicaba el escritor estadounidense al significado de sus cuentos o artículos periodísticos los cuales no debía explicarse en el relato de superficie sino que la esencia de la narración debía subyacer por debajo sin que se notara.

La teoría es homologable al relato sobre la historia del Valle de los Caídos, el conjunto monumental (abadía, basílica y cementerio) en homenaje a los caídos en la Guerra civil situado en el valle de Cuelgamuros a 60 kilómetros de Madrid. La ciclópea construcción mandada por el dictador Franco y que tuvo lugar entre 1940 y 1958 tiene como punta del iceberg una gigantesca cruz de 150 metros de altura y bajo la cual se da entierro aproximadamente a unos treinta y tres mil cuerpos – muchos sin identificar – convirtiéndolo en la mayor fosa común de España. Entre los ilustres identificados yacen los restos del dictador Francisco Franco y el fundador de la Falange Española José Antonio Primo de Rivera.

Valle de los Caídos. Foto de Jorge Díaz Bes. Fuente: Wikipedia Commons.

Pero debajo de la punta del iceberg reside la verdad del relato:

La mano de obra utilizada fueron prisioneros de guerra o comunes contrarios al régimen y que como castigo (el régimen lo llamaba eufemísticamente redención de penas) eran obligados a realizar trabajos en unas condiciones muy duras, tanto que se contabilizaron numerosas muertes por accidentes laborales, castigos o por la silicosis contraída propia de aquellos trabajos. El osario está formado en gran parte por muertos que lo fueron por desapariciones forzosas, hechos que el letrado Baltasar Garzón lo incluyó en el polémico auto de 16 de octubre de 2008 de crímenes contra la humanidad del régimen dictatorial franquista y por el que fue imputado por prevaricación. Muchos huesos fueron recogidos durante años de fosas de diferentes puntos de España de soldados muertos del bando republicano sin criterio alguno, de forma desordenada, sin identificar cadáveres y sin informar a las posibles familias del fallecido. Gran parte de los huesos después de numerosas aperturas, traslados, humedades u obras de mantenimiento han acabado conformando una masa heterogénea, irregular y deforme de restos óseos sin orden alguno.

Franco visitando las obras del Valle junto a suesposa, Carmen Polo (Fuente: eldiario.es)

La siete octavas partes del iceberg se ha ido desplazando por debajo de la superficie de la historia como un símbolo de ofensa a los familiares de desaparecidos y exhumados ilegalmente sin permiso de los familiares y todo ello sin apenas oposición o fuerza política o civil que pudiera cuestionar la continuación del Valle de los Caídos. Después de la polémica Ley de Memoria Històrica de 2007 o el fútil e inane Informe Brincat de 4 de noviembre de 2005 con el que se pretendía condenar al régimen dictatorial de Franco desde el Parlamento del Consejo de Europa, nada más relevante se ha conseguido.

El gobierno de Pedro Sánchez del PSOE aprobó el pasado 24 de agosto de 2018 una modificación de la Ley de Memoria Histórica con la que se pretende exhumar los restos del dictador Francisco Franco y esta ha sido objeto de una encendida controversia.

¿Ha sido una operación propagandística del PSOE para desviar la atención sobre otros temas críticos de difícil solución como es el futuro de los presos políticos catalanes o la política de inmigración? ¿Es una medida honesta con el objeto de despolitizar la cuestión del Valle de los Caídos? Intentemos contestar a estas dos preguntas analizando el texto legal con el que se ha dado vía libre a la exhumación del dictador.

El Real Decreto-ley 10/2018 aprobado hace pocos días y que modifica la Ley 52/2007 (comúnmente llamada de Memoria Histórica) dice así en su único artículo:

En el Valle de los Caídos sólo podrán yacer los restos mortales de personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil española, como lugar de conmemoración, recuerdo y homenaje a las víctimas de la contienda”

Y sigue:

“A tal efecto, se declara de urgente y excepcional interés público, así como de utilidad pública e interés social, la inmediata exhumación y el traslado de los restos mortales distintos de los mencionados en dicho artículo.”

Se deduce por ello que:

1.- El Valle de los Caídos seguirá existiendo como lugar de culto.

2.- No dice que Franco debe ser exhumado. Lo que dice es que no pueden existir allí fallecidos que no fueran víctimas de la Guerra civil. De forma indirecta ello obliga a exhumar a Franco.

3.- El Valle de los Caídos seguirá siendo un altar de exaltación del franquismo y el cuestionamiento de su existencia queda fuera de toda medida urgente y de excepcional interés público.

Las preguntas planteadas se responden por sí solas:

Se trata, primero, de una operación propagandística, y dos, no existe una acción honesta y de reparación de deuda para con las víctimas. Porque el Valle seguirá allí en pie recordando a las víctimas y familiares que miles de cadáveres fueron robados y no piensan hacer nada para identificar y reconocer a los muertos con la consecuente y debida reparación a los afectados. Ni el PSOE ni la ley han entendido que se trata de un lugar de perverso elogio del fascismo a mayor gloria de sus ínclitos criminales. Una ofensa en toda regla a las víctimas de la violencia política en la guerra y en la dictadura. El PSOE se muestra como el partido que es: despliega cortinas de humo, promulga leyes simbólicas y no molesta al status quo de la Iglesia, de la fundación Francisco Franco y a las élites económicas, incluido el chiringuito monárquico y sus oscuros negocios con la monarquía saudí del que tan estupendo rédito sacó de su genuflexión ante el dictador.

Vídeo de Jordi Évole sobre el Valle de los Caídos. Programa Salvados.

Por otro lado, su electorado tampoco ha entendido que votan buenas intenciones y votan reparaciones memorísticas más parecidas a una chapuza legal que otra cosa, mientras que el efecto conseguido es justo el contrario: que el infierno cada vez esté más lleno de buenas intenciones por culpa del buenismo con origen en el pacto del 78. El autoengaño es lo que ha venido ejerciendo un amplio electorado anclado en el sentimentalismo de los tiempos de la Transición, poniendo así de manifiesto su más absoluta falta autocrítica. Es la consecuencia del siguiente mantra: la ciudadanía es inteligente y al final ponen a los partidos y gobiernos en su sitio. Falso. Todo parece cambiar pero en realidad nada cambia.

¿Qué se deduce de todo lo expuesto hasta ahora? La idea que prevalece es que la herencia del franquismo goza de total impunidad a día de hoy y tras casi cuarenta años de la aprobación de la Constitución. Es la cruz con la que viene cargando parte de la sociedad democrática española pero sustentada por los devotos sirvientes del conservadurismo, aceptada por el IBEX 35 y alimentada por el magma de los medios informativos de la posverdad. Una cruz cuya sombra es tan alargada como la que se erige sobre el Valle de los Caídos.

El editorial de El País del 22 de agosto de 1979 hizo una alusión bien clara al asunto: el respeto a los derechos adquiridos con posterioridad a 1936 se sigue respetando aunque ello suponga consagrar privilegios, santificar abusos y perpetuar injusticias. Es justo lo que alberga las siete octavas partes del Valle de los Caídos bajo su superficie: privilegio, abuso e injusticia. De igual manera que otros icebergs subyacen en forma de cientos de miles de muertos en las cunetas o la poca estudiada violencia en la Transición con cerca de ochocientos muertos que condicionó la (débil) democracia actual.

La exhumación de Franco no va a resolver la problemática ética planteada por el indescifrable y complejo osario del recinto tal y como expresó en 2011 el investigador Francisco Ferrándiz


Video del programa Preguntes frequents de TV3 en el que Joan Pinyol explica que quiere sacar a su abuelo republicano del Valle de los Caídos

Pero ¿por dónde empezar? Antes de programas, leyes o exhumaciones es preciso dar un primer paso: expresar por parte de todas las fuerzas políticas e instituciones una voluntad. La de condenar la violencia y la represión franquista en la dictadura y asumir la conjugación de todo lo que supondría hasta desplegar unas auténticas y verdaderas políticas de reparación y memoria a las víctimas. Empezar por anular todos los juicios sumarísimos por delitos políticos sería un buen comienzo para ir enterrando al franquismo. Es una cuestión de orden de los factores: no es posible realizar una antropología de la memoria cuando no se ha reconocido previamente que en la sociedad española pervive y persiste una cultura de la violencia por motivación ideológica con el nacionalismo español de trasfondo.

Confirmación de la sentencia de muerte contra Manuel Sabaté y Saturnino Culebras. 23-2-1950. Fuente: Arxiu Nacional de Catalunya.

Los humillados y ofendidos esperan reparación pero no se vislumbra ningún deshielo bajo la punta del iceberg.

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Jesús Sánchez Tenedor

Historiador. Documentalista. Licenciado en Historia del Arte (UB) y en Documentación (UOC) Máster en Estudios Históricos (UB). Tesina sobre "Violencia política en la Transición". Entabla a diario estrechas y relaciones con los documentos en los archivos: cuentan cosas que la ficción envidia. La Historia es su ideología. Su hábitat mental es el extrarradio. Su pasado también: Prefiere escuchar, ya que es un arma de sabiduría masiva. El problema es que en las raras ocasiones en que habla, arranca y no para y Fidel Castro parece un aficionado a su lado. Por eso casi nadie le escucha y prefiere tener la razón de los locos que ser un loco de la razón. Fascinado por la Transición, prepara un libro sobre su gran agujero negro: el Caso Scala.

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