13 de diciembre del 2017
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La gran coalición pasará a la historia. O eso parece. Será, presumiblemente, la coalición Jamaica es decir, un tripartito entre Unión Cristiana Demócrata (negro), los liberales del Partido Demócrata Libre (amarillo) y los ecologistas de Los Verdes— la que asuma el mando en Alemania tras unas elecciones terriblemente marcadas por el ascenso de la ultraderecha neofascista (AfD) a la tercera fuerza con hasta un 12,6% del electorado.

Los resultados, que una vez más ridiculizaron a las encuestas (y van…), debilitan claramente al partido de Angela Merkel, que tendrá que negociar en los próximos meses un acuerdo con dos partidos, FDP y Los Verdes, que mantienen importantes diferencias entre sí pero que parecen estar dispuestos a formar gobierno. La canciller alemana, que perdió 8 puntos, pretende alcanzar un acuerdo antes de navidades y no baraja, al menos de momento, reeditar una gran alianza con los socialistas.

El SPD ha obtenido el peor resultado de las 19 elecciones a las que se ha presentado en su historia, con un 20,5% de los votos. Sus acciones y reformas neoliberales han desmentido su discurso. Merkel les ha “robado” varias propuestas en el tiempo de descuento. Su credibilidad va en caída libre. Para votar a ellos algunos alemanes han pensado que tienen a los liberales o a los propios cristianos. Sin duda alguna a Martin Schulz, que no parece tener intención de dimitir sino de encabezar la oposición los próximos años, le ha pasado factura la alianza con CDU. El descalabro solo confirma la tendencia a la baja de los partidos socialdemócratas en Europa mientras se consolida una inclinación al alza: la de la ultraderecha populista.

Gráfico de @ElElectoral

¿Cómo ha podido llegar tan lejos la ultraderecha neofascista en un país con una historia tan hiriente y aterradora como Alemania? La respuesta es clara: debido a la crisis migratoria. Ha calado el discurso xenófobo e islamófobo, y muchos conservadores (más de medio millón) han castigado a Merkel pasándose al lado oscuro del odio, pues la consideraban excesivamente tibia en su política migratoria. Demasiados alemanes que se han tragado en silencio ese discurso antirefugiados y antieuropeo de Alternativa para Alemania anhelan cercar sus fronteras, pues temen seriamente perder sus propiedades y su posición privilegiada en Europa. El monstruo conservador no muere, simplemente muta hacia su estado más salvaje y aberrante. Sucedió en Francia con la pugna entre Macron y Le Pen, en Noruega son la tercera fuerza política, en Holanda dieron el susto con el Partido por la Libertad de Geert Wilders y en Alemania ya ocupan un lugar significativo en el parlamento. La reacción de una parte del pueblo alemán ha sido ejemplar: se convocaron manifestaciones contra AfD en numerosas ciudades del país.

¿Se puede sacar algo positivo de las elecciones alemanas? Poco, la verdad. Las agrupaciones de izquierda han crecido, pero de forma pírrica. Insuficiente para formar una alternativa de Gobierno. La Izquierda queda en un 9,2 % y Los Verdes han subido medio punto hasta el 8,9%. Ambos no han sido capaces de frenar con más pedagogía política el avance neofascista, sobre todo en esas clases populares que desafortunadamente han terminado votando a AfD.

Hay que tener en cuenta que el votante medio de los neofascistas es un hombres, entre 30 y 54 años, humilde y de Alemania del Este. Su cuerpo electoral no son precisamente las élites, aunque hayan oligarcas que los apoyen.

La autocrítica es una obligación ineludible: las formaciones políticas que defienden a las clases populares no consiguen, debido a la propia cultura política de Alemania y posiblemente desgastadas por el establishment (y por el trato desigual en los medios de comunicación, obvio), seducir y convencer al pueblo con medidas políticas, de manera que se obstaculice y disperse el preocupante ascenso de la extrema derecha.

Y ojo, porque guiados por el discurso catalanófobo y la islamófobo, en España está sucediendo lo mismo. Tendremos que articular un remedio antes de que el odio ebullicione.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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    Una Réplica

  1. T&T

    AFD no es un partido de ultraderecha, hace poco en La Vanguardia publicaron un artículo muy interesante en el que un politólogo hablaba de la “lepenización de Goldman Sachs”, o de cómo se están publicitando partidos corta-fuego, liberales o neoliberales en lo económico, para quitarles votos a los partidos ultras -de verdad- de toda Europa. El AFD era un partido marginal hace unos años, como VOX, pero se le empezó a dar publicidad cuando el NPD sacó un eurodiputado en 2014. El NPD, un partido neo-nazi sin tapujos, ha pasado de tener 600.000 votos a 13.000, en los últimos comicios de hace una semana… No son nazis en el AFD, son simplemente un partido de disidencia controlada

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