13 de julio del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En el devenir de las cosas el hombre tiende a imaginar el futuro de un modo peyorativo, sin esperanzas que lo rediman como ejemplo en vida de lo que las tiranías de los textos antiguos querían mostrar. Y es ese mismo texto el que condena, calumnia y difama la reacción contraria a la doctrina impuesta. El hombre se viste de gala para aceptar el Infierno; lo hace de buen grado, con ganas de formar parte de algo que incluye a más seres como él, más individuos que desean soltar sus más bajos instintos bajo un sello que representa todo lo contrario. La parte maligna del ser humano se camufla igual que la piel mudada de la serpiente; seca bajo el sol, ilustre y pecaminosa, muestra del acto formal de la naturaleza.

En su conducta, el ser humano trata de reflejar actos y condenas mediante palabras que contienen el esperpento y la mediocridad de la mentira obligada; es mejor decir que actuar bajo el mandato del raciocinio. Aquel del que el sacerdote se vanagloriará cuando el acto encaje dentro de la caja de Pandora que, en teoría, servirá para azotar a todo aquello que no sea aprobado por quien se supone que debe amortiguar la caída del desafortunado. El devenir de los actos concatenados que afectarán al cuerpo y al espíritu del rebelde servirá a modo de ejemplo para que el resto de lanudos no se salgan del redil; la oveja negra somos todos cuando el lobo no ha sabido colocarse bien el disfraz.

Con el pasar de los años, la historia no refleja milagros sino actos repetitivos que simbolizan el paso del tiempo y no el florecimiento del pensamiento humano. Seguimos pensando igual que los ilustrados pero somos incapaces de hacer un nuevo dibujo; el arte se ha estancado para dejar paso al formato en el que este se manifieste. El artista seguirá siendo policía de su propia conducta excepto cuando abra la verja y deje escapar al perro creativo para que este lo mordisquee todo y de paso, le arranque el cuello a cualquier estereotipo demasiado repetitivo.

La vida y el sol son el arte que más necesitamos. Estos se reproducirán a diario, insistentes, antes de que el artista, desemperezado que no desesperado, invente un nuevo juego en su existencia y con ello varíe el rumbo del bajel que conduce hasta la cascada interminable que lo hará desaparecer para siempre. De ahí que el consumidor de arte, el vampiro visual de nuevos cuadros y nuevos textos se una cada vez más al grupo mayoritario de seguidores del arte para poder comprender sin hacerlo y así, pertenecer al redil que no necesita entender porque se supone que ya lo ha hecho. Cuando el hombre no sabe, se agrupa y acalla la inteligencia con baratijas verbales que se las lleva la brisa cuando se siente solo, acorralado ante lo verdadero del argumento.

La equidistancia, cada vez mayor entre aquellos que suponen y aquellos que saben, se torna brecha incapaz de volver a unirse a no ser que se tiendan puentes de entendimiento, puentes que si no son conservados pueden romperse y poner en evidencia el peligro del abismo abierto entre las dos orillas.

Aun así, el hombre quiere morir digno, con el bolsillo repleto de experiencias y la sonrisa digna de alguien que ha sabido sacar partido de las horas que se le han dado. Puede aceptar el Infierno porque ha sabido adaptarse al mismo, pero no sabe que es lo que va a ocurrir en cuanto la oscuridad real, la que existe al final del túnel, no muestre la supuesta luz que se ha repetido hasta la saciedad que existe al final de la gruta que se abre una vez el cuerpo se convierta en títere sin hilos.

Porque solo hace falta cortarlos para perecer, puesto que en vida ya nos encargamos de que nos dirijan a pesar de seguir insistiendo, seguir cabalgando bajo la grupa de la existencia otorgada. Y aquellos que buscan mover hilos ya encontrarán a otros para poder manejar a su antojo a la marioneta que se supone es el hombre hasta que este aprenda a correr libre por la espesura.

Se muestra un pequeño avance artístico cuando el crimen y el arrebato de furia son capaces de simbolizar belleza; la parte oscura reemplaza a la más pura, la más clara, para dejar entrever que el caos también es belleza y que los conceptos siempre pueden besarse, ser mezclados, sudar en una cama de pétalos de sangre. La agresividad alzada en pos de una expresión cualquiera, en su caso más indicado, la artística. Esta refleja una vez más, una de las intenciones del hombre, otra faceta más de su comportamiento que algunos tildan de no-humano. El hombre define su carácter por sus acciones, en caso de generalizar, podríamos decir que una actitud humana incluye cualquier manifestación que el individuo sea capaz de mostrar, ejercer y otorgar. Un cuchillo clavado en un hombre por otro igual, es comportamiento humano porque lo ha protagonizado este. No podemos quedarnos con la parte buena porque el ser humano es complejo y no se define, no establece bandos, simplemente se agrupa para no estar solo y de ahí, ondea banderas y escupe el caramelo que le han dicho que mastique hasta la saciedad.

El miedo del humano hacia su propia especie proviene de lo impredecible del comportamiento dado. El factor que atañe a la imaginación se encargará de establecer paralelismos entre el horror visual, grabado en la retina cuando este se ha mostrado y la inseguridad de no saber qué va a ocurrir; de nuevo muestra la incógnita de qué recursos va a usar el espécimen a modo de reacción para que el espectador pueda formar en su cerebro una idea de malignidad y de ahí, el resurgimiento de los sentimientos. La huida. La confrontación. El miedo. El juego del vencedor y del vencido.

Reflejar el comportamiento humano mediante la explosión de expresividad que es el arte, puede ayudar a formar una idea de lo que el artista necesita mostrar y de ahí, constatar que demonios rondan por la cabeza de aquel que los repudia para volver a gestarlos dentro de sí mismo y volver a iniciar el proceso para redimirse una y otra y otra vez hasta que los hilos que lo sostienen, sean cortados por quien los maneja.

La libertad es una cárcel que nos mantiene sedados. El hombre quizá es un instrumento para dejar cicatrices en la existencia. No hay nada más útil que un animal rabioso para hacer ruido y constatar vida y existencia y también dolor, rencor, muerte, amor y vileza. Actos que ya se reflejaban en los textos antiguos, aquellos de los que muchos huyen y otros liban como insectos conscientes del poco tiempo de existencia que poseen.

 

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Ricard Millás
Narrador, poeta y editor. Ha escrito artículos en diversos medios como Culturaca, El Librepensador o Tanyible, entre otros. Ha publicado el poemario La sombra del felino (Versos y Reversos, 2011), Conexión ADSL (Enxebrebooks, 2013), La Hamburguesa Humana (Sven Jorgensen, 2014) y la primera parte de la saga La carne no está en venta: Génesis (Sven Jorgensen, 2015). Ha trabajado como operador en animación 2D en la película Chico y Rita, de Fernando Trueba y Mariscal o Las tres mellizas. Actualmente dirige la editorial Sven Jorgensen, escribe narrativa y nada tan rápido como puede.
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