17 de enero del 2019
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Anunciada como una novedad revolucionaria en el mundo televisivo, la nueva película de Netflix inmersa en el universo Black Mirror, Bandersnatch, propone al espectador una experiencia interactiva en la que toma decisiones a nivel narrativo de lo que está sucediendo en pantalla. Un hito, y a la vez, nada nuevo.

La experiencia, a medio camino entre las aventuras gráficas de videojuegos tipo Monkey Island, los juegos de rol de Vampiro o los libros de Elige tu propia aventura, es una novedad en el mundo streaming, pero una vieja vivencia más allá de las pantallas.

En lo estrictamente argumental, un joven desarrollador de videojuegos, Stefan, entra a trabajar en una compañía en auge con la misión de crear Bandersnatch (un videojuego que, por cierto, también es parte del episodio Playtest, de la tercera temporada de Black Mirror). La personalidad del joven, mezclada con la desaparición de su madre y el sentimiento de culpa derivado de la misma, el estrés laboral y su tendencia a la obsesión, montan un cóctel explosivo donde casi cualquier final es aciago.

Es divertido elegir desde asuntos aparentemente nimios (como la marca de cereales que come el protagonista), hasta acciones mayores (matar a un padre), y comprobar las repercusiones que tus elecciones tienen en la vida de Stefan. Es interesante comprobar a cuántos finales somos capaces de llegar y qué derivaciones temáticas te aporta cada bifurcación, pero es cuando la película se pone metanarrativa y rompe la cuarta pared cuando adquiere verdadero interés. Netflix termina creando una ácida parodia de sí misma. Cuando Stefan duda de su capacidad de elección y alude a si sus hechos estarán o no siendo manipulados desde el futuro (pese a que él mismo se esfuerza en la narración en conservar su independencia), podría estar aludiendo a nosotros mismos, los espectadores. En si, tanto en Bandersnatch como en Netflix, como en las plataformas streaming, como en los grandes buscadores de Internet, como en las grandes plataformas de redes sociales, nos cabe ya alguna posibilidad de elección.

Stefan se pregunta si puede escapar de esa sensación de ser manipulado, como la sociedad misma se pregunta cómo manejar -y no dejarse manipular- ante la generación de datos que produce. Stefan ansia el reconocimiento de la crítica y el consumo masivo de su producto, como el individuo en la sociedad capitalista o en la promesa de innovación tecnológica aplicada a las empresas. Netflix juega con nuestro algoritmo, nuestros datos como espectadores, nuestro presente y futuro delante de la pantalla, como juega con Stefan. Él cree que toma decisiones, pero realmente las están tomando por él. Nosotros creemos que hemos llegado a la máxima libertad a la hora de consumir contenidos televisivos, que somos la panacea controlando a nuestros personajes, pero… ¿no estamos, a su vez, siendo manipulados? ¿No entra cada película, cada novedad en la pestaña de series, dentro de un paquete que nos conforma una idea del mundo?

Netflix y Black Mirror han sido capaces de generar episodios distópicos que, en suma, conforman un autorretrato tenebroso de nuestra sociedad. Su originalidad y múltiples puntos de conexión la aúpan a una de las mejores series de toda la plataforma y, probablemente, de la historia de las series contemporáneas. Y Bandersnatch reflexiona, a su manera, sobre cómo se apropian de nuestras esperanzas y ambiciones, para crear un individuo a medida del sistema. Lo hace inteligentemente, auto cuestionándose. Por nuestra parte, creemos que estamos a la vanguardia usando en las redes sociales el hashtag #Bandersnatch y solo somos parte del mecanismo de promoción de un producto. Como le sucede a Stefan, alguien está decidiendo por nosotros, pero no nos estamos dando cuenta.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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