20 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En 1895, en Francia, existían no menos de seis partidos socialistas nacionales: guesdistas, broussistas, allemanistas, blanquistas, comunistas e independientes. Para goce de la derecha la izquierda aparecía dividida de una forma alarmante.

Sin alcanzar tales extremos, solo explicables desde el punto de vista de las fuertes tensiones narcisistas que invaden al individuo, una constante histórica de la izquierda  es su fragmentación. Digamos, de alguna manera, que la izquierda se diluye en sí misma, como si en su génesis, que no es otra que la voluntad de transformación llevara consigo una cierta tentación autolítica.

Explicar este fenómeno, cuyas causas no son, quizá, tan difíciles de hallar como abstruso sea explicarlas, exige convenir que toda sociedad puede adoptar, con respecto de sí misma, dos posiciones distintas: la realista y la utopista. La primera se interroga por los medios con que cuenta para gobernarse; la segunda se pregunta por la justificación de su propia permanencia y, en consecuencia, apuesta por el sueño, un sueño que, a veces, se convierte en distopía. El realismo asume que toda sociedad es injusta, y que toda transformación de la misma supondrá el establecimiento de otra sociedad injusta. Se manifiesta en aquel proverbio, tan generalizado dentro del pensamiento de derechas que dice ser mejor malo conocido que bueno por conocer. El utopismo, por su parte, propugna que la naturaleza humana, en esencia bondadosa y pervertida por un sistema social injusto, es susceptible de ser perfeccionada. Tal perfeccionamiento llegará cuando el individuo atenúe su espíritu de competencia para resaltar, como valor superior, el de comunidad. En el utopismo más extremo se opta por una igualdad estricta, políticamente reflejada en el concepto de “comunismo”. La variante menos extrema asume una cierta desigualdad, siendo el “socialismo”, quizá, su aproximación conceptual más correcta. En cualquier caso, todo utopismo busca transformar esencialmente la sociedad y, en consecuencia, estudia nuevas formas de organización. No en vano, en los orígenes de la izquierda se encuentran los llamados “socialistas utópicos”, quienes como Fourier o Owen diseñaron modelos comunitarios basados en la obtención de un mayor grado de justicia y felicidad.

Utopía - Realismo

La división más primigenia del pensamiento.

 

Abordados ambos conceptos conviene tener en cuenta que tanto Marx, cuando elaboraba su doctrina política, económica y sociológica, como Bakunin, al formular su ideario anarquista, buscaban dar respuesta a los excesos de la primera revolución industrial, excesos tan sangrantes como los derivados de una explotación infantil que llevó a constatar estadísticas tan espeluznantes como la del doctor Vellarmè, quien en un informe que lleva su nombre constató que en la localidad francesa de Mulhouse solo un 27 por 100 de los hijos de los obreros encuestados llegaba a cumplir los diez años. Estos mismos niños trabajaban durante jornadas de dieciséis y diecisiete horas: Esto no es trabajo a destajo; es una tortura que se inflige a niños de seis a ocho años, mal alimentados, obligados a recorrer desde las cinco de la mañana la larga distancia que los separa de los talleres, a la que se añade por la noche el regreso desde los mismos talleres. Excesos que estudió Engels en su ensayo “La situación de la clase obrera en Inglaterra”.

Fontdevilla ilustró de esta manera la situación de la izquierda en España.

Fontdevilla ilustró de esta manera la situación de la izquierda en España.

Llama la atención que la derecha, vistos datos tan escalofriantes, todavía hable de la vulneración de los derechos humanos en los sistemas comunistas. Violaciones que deben constatarse y condenarse con violencia, pero no por los ideólogos de un sistema que todavía permitía que en 1871 pudiera encontrarse a un niño de 3 años en una fábrica de fósforos, como constata Deane en su libro “La primera revolución industrial”.

El avance de las ideas izquierdistas determinó que el anarquismo quedara marginado, pese a que el concepto de democracia directa tiene, para mí, un valor más que sobresaliente, en favor de las corrientes marxistas, basadas en la lucha de clases y en la necesidad de que el proletariado cumpliera su misión histórica, la famosa y criticada “dictadura del proletariado”, frente a lo que, con cierto esnobismo, todavía hoy se denomina “democracia liberal”, pero que, perfectamente, podría calificarse de “dictadura de la burguesía”. Posteriormente, la necesidad política que, dentro de los sistemas muy parcialmente democráticos, llevó a los partidos socialistas a concurrir a las elecciones para conquistar cuotas de poder llevó consigo la necesidad de rebajamiento del discurso revolucionario a favor de uno más mesurado que prometiera progresivas mejoras laborales y sociales. Durante este tránsito la propia visión utopista fue admitiendo ciertas dosis de realismo que desembocaron en lo que se conoce hoy como “socialdemocracia”.

En España un diagrama de Nolan sería parecido a este.

En España un diagrama de Nolan sería parecido a este.

División. La historia de la izquierda es una historia repleta de oposiciones y pensamientos contrapuestos, de terror y utopía, de luces y sombras, como la propia historia de la humanidad. Es una historia que, a día de hoy, es contada por el capitalismo liberal, que se guardará mucho a la hora de poner de relieve que la derecha, cuando se trata de defender los derechos de propiedad, puede ser muchísimo más violenta que la izquierda, como demostró Thiers al sofocar a sangre y fuego la Comuna de París. O como nos mostró Estados Unidos en Vietnam usando Napalm contra la población civil. Ya sabemos que el dinero compra las “verdades históricas” pero que jamás comprará la “verdad”. De ahí que, cuando se habla de Marx no se pongan sobre el tablero las ideas de mejoramiento social y justicia que el filósofo defendía, o que, cuando se habla de la izquierda, muchos pretendan descalificar su esencia sobre el famoso discurso de la gobernabilidad, ese que dice, aun cuando tácitamente, que para gobernar resulta preciso que todos los gobernados piensen igual o, puestos a decirlo con mayor claridad, que no piensen.

 

 

The following two tabs change content below.
Escritor y letrado de la Seguridad Social. Leo, reflexiono. Me disgusta el clasismo, muestra de superficialidad e ignorancia. Mi referente es la honestidad, mi fin el comportamiento ético. La Administración española es estructuralmente corrupta. Replicar es más necesario que nunca.

Últimas entradas de David Condis (ver todo)

Tags: , , , , , , , , , ,

    2 Réplicas

  1. Pingback: Esencia y división de la izquierda

  2. Pingback: EDITORIAL: Por un puñado de votos | La Réplica

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies