15 de octubre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



España tiene eso, no nos engañemos. En el momento álgido de la trama, cuando en cualquier serie norteamericana aparece el superhéroe, surge el prototípico salvapatrias, el Quijote cabalgando sobre su Rocinante blandiendo su espada sobre gigantes que no son sino molinos de viento.

Es el pathos autolítico español, mezcla de soberbia y estulticia, de ambición y temeridad. Si a eso le añades la rauxa, que sucede al seny en momentos puntuales de la historia, el guionista entra en colapso al observar que el desarrollo de la trama le dejará sin supervivientes al final de la película. Rescatada la patria tras el embate contra el independentismo judeo-masónico, muerto el perro, muerta la rabia y muerto hasta el apuntador, al director de la película no le queda otra que tirar el proyecto a la basura mientras farfulla que ese país de ficción es una soberana mierda.

Y es que España parece fracasar hasta en la estética de la confrontación. En lugar de afianzar a su público ofreciendo imágenes de Tom Cruise bombardeando Barcelona mientras pilota distraídamente su caza F-35, nos obsequia con un aburrido auto de Llarena, convertido este en un pícaro jurídico, en una especie de tertium genus entre Quijote y Lazarillo de Tormes, entre Tormento (novela de Galdós) y señorito de película española interpretada por José Luis López Vazquez. Tampoco la réplica parece alcanzar un nivel estético valorable, con un fugitivo millonario que en la fuga se lleva a todo su servicio, chofer incluido, a recorrer las peligrosas carreteras alemanas y belgas, imagen que nada tiene que ver con la mítica del Conde de Montecristo.

Para acabar de estropear el proyecto y arruinar definitivamente al más exitoso de los productores hollywoodenses, aparecen como secundarios los políticos milenials, esa brillante generación de jóvenes capaz de sacarse un título universitario con máster incluido sin haberse leído un libro entero. Sus reflexiones, xD, 😊 y emoticonos 😉 no solo no logran despertar a la audiencia sino que acaban provocando el incendio del estudio. Llegados a este punto, hay que dar por buena la frase de Bogart, siempre nos quedará París, pero adaptada a los tiempos, siempre nos quedará el oriente ecuatoriano, con sus comunidades kichwas y su mayor grado de cohesión social.

 

La imagen principal apareció en El Confidencial. 
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David Condis Almonacid. Escritor y letrado de la Seguridad Social. España no puede caer en una espiral autodestructiva. Replicar forma parte del proceso dialéctico que debe conducirnos a soluciones equitativas.

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