29 de julio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Estamos solos con nuestras convicciones. Con nuestras miserias y egoísmos. Prisioneros de la angustia a que nos somete la incertidumbre de la vida misma. Por ello, es necesario que nuestros actos le den sentido a cómo afrontar esta situación.

El dar un sentido trascendente a la propia individualidad, es un buen modo de afrontar ese desafío. Superar las propias limitaciones, basándonos en el esfuerzo colectivo es aportar un sentido noble a la existencia. La mezquindad de nuestra dirigencia, se evidencia en estos momentos. Sólo apelan a la sordidez de pequeños mendrugos, para alimentar la voluntad del voto favorable.

Las personas necesitan saber “quienes son” y, al mismo tiempo, también “con quién estar” para reconocerse. Es decir, la ansiedad colectiva es más noble de lo que se supone. Al mismo tiempo, presenta toda la vulnerabilidad humana cuando se enfrenta al deseo de “tener”. Los habitantes de esta sociedad sub consumista en crisis, necesitan creer que les será posible una mejor vida. En esas circunstancias, que son estas, los operadores del marketing político construyen los mensajes con los argumentos necesarios para seducir a los votantes.

Entonces, en una suerte de tragicomedia que se repite una y otra vez, las personas olvidan, perdonan, quieren creer y conceden “otra oportunidad”… y vuelven a equivocarse. Se aplica la idea que se basa en que “digas qué necesitas”, para que, entonces, “te escriban el relato con las promesas de un futuro sin sacrificios”.  Buena parte de las campañas políticas, se centran en esas promesas que sólo conducen a la frustración y a la desesperanza, porque son sistemáticamente incumplidas.

Evitan sincerar que, el futuro inmediato, será muy complicado y duro, sea quién sea  el que gobierne. Por ello, sería deseable que nos dijesen claramente cuál será el precio que tendremos que pagar para salir de esta situación general. En qué medida deberemos “cruzar el desierto”, hasta llegar a la posibilidad de vivir en una sociedad más justa, más equitativa y más solidaria, en la que la Justicia vele por el interés de los habitantes que la pueblan, de manera equitativa.

Forges expresó así en El País la fiabilidad demoscópica de este país.

Forges expresó así en El País la fiabilidad demoscópica de este país.

No hay estatura de estadistas, sólo modelos del marketing político al servicio del mero deseo del poder. Sin grandeza. Cualidad que, estoy convencido, se está mostrando en las entrañas de la Sociedad Civil. El significativo número de indecisos, que muestran las endebles encuestas a las que nos someten desde Narciso Michavila, presidente de Gad3, a la Metroscopia, de Juan José Toharia, pueden ocultar este fenómeno de la soledad en la demoscopia. Pero estamos.

La política que se basa en los valores, se distancia de aquella que se funda en las encuestas del marketing. La política como producto, termina ingresando en la sordidez de la manipulación más economicista. Los ciudadanos como consumidores de mensajes de los grupos mediáticos.

Según un artículo de Alberto del Pozo Sem, para el Boletín Digital de Economistas Frente a la Crisis, la situación en la que nos han puesto, es la siguiente:

“España es uno de los países de toda la zona euro que menos recauda con relación a su riqueza (32,50%). Concretamente el quinto por la cola, (solo por detrás de Rumanía, Lituania, Letonia y Eslovaquia). Y no recauda un poco menos, no; estamos hablando de 7,9 puntos porcentuales de PIB menos que la media del área (40,4%). Para ponerlo en perspectiva, 8 puntos de PIB suponen, en el caso español, 87.000 millones de euros. Con esa cantidad podríamos pagar en 2016 todas las pensiones contributivas de jubilación (83.500 millones). O las prestaciones por desempleo (19.800 millones), las pensiones de viudedad (21.000), las prestaciones por incapacidad temporal (5.400), el gasto en infraestructuras del Estado (6.000 millones) y, de propina, todos los intereses que genera la deuda pública (33.500 millones).” 

Recaudación

Luego, que se pregunten cómo atender a las obligaciones en una democracia equitativa, en un entorno de crisis. Que sigan evitando que la fiscalidad por el capital, continúe eludiendo su parte del esfuerzo. Con un barril de petróleo en torno a los 50 dólares, seguimos pagando el combustible a precios injustificados. El oligopolio energético persiste en “pagar favores” para evitar auditorías.

Las personas están cada vez más indignadas. No está en la inmigración o en el independentismo, la raíz de la situación. Reside básicamente en una modalidad negligente y falaz de gestionarlos. En buena medida, también en la corrupción impune que dominó la gestión pública desde los albores del post franquismo.

El matiz más dramático es aquel cuando, aún perteneciendo a un colectivo, la persona no siente atendidas sus necesidades. La expresión clara de la necesidad de referenciarse colectivamente desde un sentimiento individual: la decepción solitaria. Esa, es la esencia de la indignación, que produjo la energía que desembocó en las manifestaciones en plazas y calles, y terminó por influir en el resultado de las convocatorias electorales que han tenido lugar estos últimos años. Las personas comenzaron a dejar de tener miedo.

Nos han dejado solos. De la misma manera debemos superar esa condición. Hay modos diferentes de administrar los recursos de todos los habitantes de este país.

A finales del siglo XVIII, luego de varios años de cosechas malas, hubo uno, 1774,  en el que el hambre se estableció en Francia y, especialmente, en París, metrópoli de 600.000 habitantes. Fue la llamada Guerra de las Harinas, precursora de la Revolución Francesa y, para algunos, su desencadenante. A partir de entonces, comenzó a evidenciarse el desprecio con el que se atendían las necesidades de las personas. En esos años se le atribuyó a María Antonieta aquella frase de que: “¿No tienen pan? ¡Que coman pasteles! (“Qu´ils mangent de la brioche”).

Cierta o no tal autoría, lo que nos deja, es la idea de que el desdén hacia las necesidades de la gente puede no ser gratuito.

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Alberto Vila

Economista, analista Político en Nueva Mayoría, Diario Fenix y Publicoscopia. Experto en Management, Comunicación y RRPP. Formador.

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