23 de noviembre del 2017
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No me gusta ser cruel con personas de cortas luces, la verdad, y haré lo posible por moderarme en este comentario, pero algunos me lo ponen difícil. El economista José Carlos Díez, criticando a su colega griego Varufakis, a quien posiblemente envidiará el currículum y la señora, comenta en Twitter lo que ustedes ven abajo, que eso de comer bien y ser de izquierdas… lagarto, lagarto.

Conviene recordar que Díez fue asesor económico de Zapatero, que en paz civil descanse y, con afilada visión profesional, aseguró en 2009 que “España saldrá de la crisis antes que Europa” y también: “Lo peor de la recesión ya ha pasado”, y la mejor de todas: “El panorama se presenta muy malo, sobre todo en Alemania”. Un lince.

De esta forma tan demagógica cuestiona Jose Carlos Díez a la izquierda.

De esta forma tan demagógica cuestiona Jose Carlos Díez a la izquierda.


Es común en algunos celtíberos metidos a filósofos esta postura remota y cavernaria, este enfoque alimenticio de los principios, como si el paladar o el sistema digestivo condicionaran cabalmente los conceptos o los valores, como si el yantar fuera el candil que ilumina la vaporosidad de las ideas. Según él y muchos como él, los que son de izquierdas deben roer chuscos de pan en las esquinas y pleitear huesos con los perros y espinas de pescado con los gatos. Por eso son de izquierdas, por una cuestión alimenticia, no de principios. El hombre es su estómago, no su cerebro.

Y lo mismo con la ropa. Si usted no va descamisado, en alpargatas, con un pañuelo en la cabeza anudado en las puntas y oliendo a sudor, usted no es de izquierdas, ya se lo dice don José Carlos Díez, el telepredicador econofilósofo de moda. Para ser de izquierdas usted tiene que ir vestido de miliciano o de indigente, o en cueros, porque los valores y las ideas están en el vestir, no en el cerebro ni en el corazón.

Según este planteamiento de don José, que causó furor en el Neolítico, España hoy debería estar llena de millonarios, porque muchos pobres, para su desgracia, son de derechas, y a lo mejor mañana, en el corto intervalo de una jornada electoral, estar llena de mendigos si la mayoría decide ser de izquierdas, y deberíamos ver a los albañiles, a los parias o a los acomodados, comiendo langostas o almorzando pan duro en función de su voto o de su ideología.

Así de cortitos son los asesores de algunos presidentes que hemos tenido. Aunque en el caso de don José la cortedad de luces puede complicarse con un repentino resquemor en el estómago más parecido a la envidia que al hambre, pero así ven el mundo los que tienen los valores en las tripas.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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    2 Réplicas

  1. luchino

    Yo siempre digo que la gente de izquierdas no hace voto de pobreza. ¿ O es que sólo tienen derecho a vivir bien los de derechas, los “señores” de toda la vida ?
    En el fondo es un planteamiento clasista: la buena vida es sólo para los ricos de toda la vida, los pringaos no tienen derecho. Rojos de m…

  2. Alberto

    Aunque estoy de acuerdo con la idea del autor y su exposición. Creo que la austeridad es algo que no debería estar más allá de si eres de “izquierdas” o “derechas” sino más bien si eres servidor público o no.
    Dar ejemplo de austeridad, que no de pobreza, por parte de nuestros políticos y mandatarios debería ser de sentido común. Por respeto a la ciudadanía y no solo ahora que la crisis aprieta a la población.
    También nosotros como sociedad deberíamos ser capaces de criticar públicamente y castigar en las urnas cualquier exceso de este tipo.

    En todo caso pienso que la actual desconexión de la realidad de una gran parte de nuestros políticos tiene mucho que ver con su estatus financiero y su tren de vida. Restaurantes de lujo, coches oficiales, hoteles de 5 estrellas y demás no son la realidad, ni por asomo, de la vida de los españoles. Aunque de tanto vivir en ese inmaculado círculo uno puede llegar a pensar que esto de la desigualdad tampoco es para tanto.

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