18 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Cada vez que oigo la palabra “excelencia” salgo corriendo. La  “excelencia”, en el régimen neoliberal, equivale a servidumbre y alienación. “Excelente” es aquel que acepta sin rechistar las imposiciones del sistema y limita su intelecto al estudio de los apuntes que dictan profesores “excelentes” tarifados por las  grandes empresas para  moldear la psique de estudiantes ingenuos e incautos. El graduado “excelente” aceptará jornadas maratonianas al servicio de  grandes empresas considerándose un privilegiado y criticando a los partidos del cambio. Esclavo en mazmorras de lujo arrastrará su traje cadena por los pasillos de la oficina mirando por encima del hombro a sus compañeros.

“Excelente” es Donald Trump, un auténtico despojo humano que tendríamos la suerte de no tener que soportar si cerráramos las fronteras al gran capital y decidiéramos de una vez por todas que las hamburguesas de “Mc Donalds” no pueden erigirse en símbolos de la libertad y de los derechos humanos.

“Excelente” es el terrorista fanático que, elegido para asesinar a sus congéneres, destaca por su aplicado estudio de doctrinas desviacionistas supuestamente emparentadas con el Islam. Héroe para su grey, mártir por la causa, que no es otra que la sobrevenida concausa que tiene su origen en el sistema económico emputecido en el que vivimos, ejecuta, arrogante, la voluntad criminal de los falsos dioses de la “excelencia” espiritual.

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La “excelencia” se convierte así en un concepto que expresa la estrechez mental, la bajura de miras y el reduccionismo economicista; el concepto que expresa la “ley del más fuerte” en su sentido más darwinista y simple, en la versión chimpancé de la existencia, disculpen los chimpancés la comparativa.

“Excelentes” son las primarias del Partido Republicano resueltas entre  gruñidos, dirimidas entre “machitos” del paleolítico inferior, una auténtica galería de primates que compite por vencer en el arte de mostrar los testículos más grandes de todo el “far west”. Multimillonarias sin el menor escrúpulo, la mayoría de estudiantes universitarios soñarían con trabajar para ellos, una cruel realidad que muestra la degeneración moral del sistema.

Historia y decadencia

Vivimos en un “excelente caos global”, donde se confunde la disciplina con la civilización, a modo de recuerdo del nazismo, siempre disciplinado y ordenado. Tiempos de irreflexión, de materialismo vulgar, de “nadeidad”. Ante semejante recesión de la historia solo nos queda apostar por detener el tiempo y pararnos a reflexionar, con un buen libro entre las manos. Yo he apostado por la “Historia de la Decadencia y Caída del Imperio romano”, de Gibbon, para leer estos días, pero antes he decidido bajarme del mundo en la medida de lo posible, no sea que me alcance la “excelencia” y me convierta en un desecho moral.

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Escritor y letrado de la Seguridad Social. Leo, reflexiono. Me disgusta el clasismo, muestra de superficialidad e ignorancia. Mi referente es la honestidad, mi fin el comportamiento ético. La Administración española es estructuralmente corrupta. Replicar es más necesario que nunca.
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