30 de abril del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Si me preguntaran de qué va Familias del cereal, diría, a bote pronto, que trata de la incomunicación en la familia, tomando una concepción contemporánea y occidentalizada de la misma. Si me pidieran que concretara algo más, diría que en el fondo es un tratado sobre los vacíos afectivos y cómo estos condicionan nuestra conducta y, en definitiva, nuestras vidas. Y si nos pusiéramos trascendentales diría que, en esencia, trata de los anhelos. Si me pidieran una opinión literaria diría que es un libro de relatos con técnicas propias del género y una notable cadencia cinéfila (herencia de la relación de su autor con el mundo del séptimo arte) aderezada con un toque de terror costumbrista. Si me pidieran referencias literarias señalaría que me ha recordado a Cortázar, a Horacio Quiroga o a Quim Monzó (sí, a Quim Monzó), pero si me pidieran referencias cruzadas diría que la cosa está entre un episodio de Black Mirror, la relaciones que plantea Cesc Gay en sus películas o el Woody Allen más oscuro, deudor de Bergman. Si me pidieran que defina al autor literariamente hablando, diría que tiene una prosa versátil, que maneja muy bien los diálogos y la estructura, que le deja espacio al lector y que parece que esté fuera su decimotercer libro de cuentos. Pero no, es el primero. Si me preguntaran qué relato me ha gustado más, diría que el que da título al libro, luego me rectificaría y diría que el del padre alcohólico que extraña a su hijo minusválido, cambiaría de parecer y señalaría que el de la familia obesa que buscar corregirse a través del ejercicio físico o el de ese hermano que pierde los nervios con su hermanastro, aunque finalmente, terminaría decidiendo que todos me han gustado y que me es difícil decantarme por uno. Si en lugar de todo esto me preguntaran por la edición, diría que es una edición perfecta para llevársela de viaje, aunque lo más probable es que se lo lean de una sentada, y que la portada se ensambla bien con el texto, y si me preguntaran por la editorial, diría que la Editorial Candaya sigue apostando por voces muy particulares que usan temas concretos para hablar de asuntos universales, diría que venden acordeones literarios, que comienzan contraídos pero luego se alargan hasta lo imposible, diría también que es una editorial diésel, constante, de las que no falla. Y si me dijeran si recomendaría este libro, diría por supuesto que no, que éste no merece la pena, pero lo haría en realidad no porque no lo haya disfrutado, sino porque como los seres humanos retratados en el libro, en mí también habita una persona egoísta que no quiere compartir su tesoro con los demás, que prefiere que leer a Tomás Sánchez Bellocchio sea asunto de unos pocos privilegiados, una cuestión de culto de la que uno tiene el privilegio de pertenecer, uno de esos secretos de familia que nunca quieres revelar.

PD: Por alguna razón, el libro de Tomás Sánchez Bellocchio me ha recordado a esta canción de Love Of Lesbian, ya mítica de su repertorio.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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