15 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Empresas que por un lado hacen campañas contra las injusticias y por otro abusan reiteradamente de su clientela. 

Empresas que hacen campañas feministas y luego no cumplen su política de igualdad (Campofrío, hace su Spot “Deliciosa calma” teniendo en plantilla 1684 hombres y 468 mujeres e incumpliendo su propio acuerdo en material de igualdad).

Empresas, como Nike, en sus spots a favor del aborto y de la igualdad de género, mientras alberga entre sus altos ejecutivos escándalos continuados de acoso sexual y sigue subcontratando empresas explotadoras en países extranjeros (se dice que cientos de mujeres trabajadoras fueron el año pasado hospitalizadas debido a las condiciones de trabajo en Camboya). 

Empresas que se vanaglorian de sus valores corporativos como reclamo para fichar a nuevos empleados, mientras echan a la calle a empleados de toda la vida. 

Aseguradoras capaces de patrocinar una carrera con el fin de recaudar fondos para el cáncer de mama y luego negarle el seguro a una enferma de cáncer.   

Bancos (pueden elegir) que, mientras desahucian a miles de familias y después de una década de expolio a las economías domésticas, nos hacen creer con costosas campañas de marketing que todo ha cambiado y sus oficinas están repletas de valores. 

Es el capitalismo un animal muy astuto, que se apropia de los valores compartidos de una sociedad que va tomando conciencia y creando su propio código ético, para hacer marketing con ellos y lavar su imagen. Los mismos actores que luego fomentan y perpetúan las desigualdades, se autoproclaman líderes de un nuevo paradigma social.

Corren el riesgo de ser desenmascaradas con cada acción que hacen. Sucede a menudo con sus campañas, que cuando el usuario llega al alma de las entidades, descubre un vacío insondable. Como en esta célebre escena de Scooby Doo, descubren qué tipo de líderes están tras la farsa.

En este nuevo mundo, donde el marketing llega a los lugares más insospechados y cada paso que damos es controlado por los gigantes digitales, los usuarios tenemos el deber de advertirnos sobre los impostores que hablan de igualdad cuando quieren todo lo contrario. Pues al final, constituye un antagonismo del mundo que queremos.

Dentro de las entidades, como caballos de Troya, los empleados y empleadas en puestos estratégicos que aspiren a cambiar el mundo tendrán que hacer una doble labor. Trabajar, en un principio, los valores de igualdad, respeto, confianza, calidad, conciliación y confidencialidad dentro de las mismas empresas. Y más tarde, exportarlos para hacer branding.

El camino inverso es un error y no engañará a largo plazo. La igualdad no se anuncia, la igualdad se ejerce. La justicia social no es un teatro y ya no somos meros espectadores, para muchas personas es un propósito fundacional de la sociedad que está por venir.

Y el que no lo entienda, solo estará haciendo marketing. 

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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