25 de junio del 2017
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Un candidato “centrista”, surgido del Hollandismo, con pasado como especulador y una carrera política meteórica, tiene todos los visos de ser el próximo presidente Francés. Emmanuel Macron, de tan sólo 39 años, ha conseguido, con un programa socioliberal, aglutinar votos provenientes de uno y otro lado del espectro político, encabalgado a lomos de una supuesta renovación de la vida política -cuya efectividad será tenida en cuenta desde el minuto uno de su mandato-.

Sorprende que un tecnócrata hijo del defenestrado socialismo francés y un perfil que encaja a la perfección con los intereses de los mercados (un triunfador surgido de las mejores escuelas de negocios), se erija como reformador de un sistema que él mismo contribuyó a hundir. A su favor, la apropiación del optimismo conservador en una población deprimida y articular un discurso de creíble ambigüedad, “cojo lo mejor de la derecha y lo mejor de la izquierda”.   

Sea como fuere, Francia da la espalda a las dos familias políticas mas votadas en los últimos años  (algo inimaginable en España). Ni el gaullismo ni socialistas han salido bien parados de las elecciones. El hartazgo ha ahuyentado al electorado hacia otras fuerzas políticas, una tendencia que viene a corroborar que los ciudadanos piden alternativas ante las élites que les gobernaron los últimos años y le sumergieron en la desigualdad y el miedo.

 

De ese hartazgo llevado al extremo surge Marine Le Pen, cuyos resultados extraordinarios es una nueva señal del crecimiento del odio y la intolerancia en Europa. Y ojo, porque esto afecta nada menos que a Francia, una sociedad esencial para el continente, quinta potencia económica mundial.

Por supuesto, el ejemplo Macron ya ha intentado ser capitalizado por Ciudadanos, Rivera y Nart en uno de los momentos televisivos más bochornosos de los últimos años.

Pese al esperanzador y espectacular crecimiento de la Francia Insumisa de Melenchón, cabe preguntarse por qué las propuestas de ruptura por la izquierda no consiguen aglutinar todas sus fuerzas en la misma dirección y se topan una y otra vez con un techo de cristal que convierte a los Sanders, Corbyn o Melenchón en una promesa inconclusa. El mundo está desperdiciando, a uno y otro lado, oportunidades de redistribución de la riqueza en pos de la igualdad y eso condena a sus clases populares a los mismos problemas de siempre, por más que el amo luzca un lifting que vuelva más bello lo que en realidad se está pudriendo por dentro.

 

La gráfica es original de El Confidencial.
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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