19 de noviembre del 2018
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Cuando tienes un buen guion entre manos conviene no introducir modificaciones sustanciales en las escenas.

En un contexto en el que la élite jurídica española ha demostrado estar muy lejos de eso que los atenienses del siglo V a.c. llamaban δημοκρατία (democracia) y en el que la derecha vocinglera acoge sin complejos un sustancialismo fascista que nunca abandonó, pedir la libertad de Junqueras, más allá de la estética urbana que impone una reivindicación de pasquín, constituiría un error estratégico importante, un cambio de escenas que echaría a perder un excelente guion.

Mientras Junqueras se hace fuerte día a día en su celda, el estado español se debilita día a día quedando en evidencia ante la opinión ilustrada europea.

Mientras los fiscales del “procès” se erigen en una pésima imitación del fiscal “mussoliniano” que instaba a impedir que el cerebro de Gramsci funcionara durante los siguientes 20 años, Junqueras mantiene reuniones de carácter político en su celda. Mientras un compañero del cuerpo al que pertenezco se atreve a comentarme que esto se habría solucionado secuestrando en plena noche a Pugdemont y Junqueras y llevándolos en helicóptero a un lugar ignoto (probablemente al fondo del océano), al más puro estilo de las dictaduras sudamericanas de los 80, Junqueras proyecta en la población catalana la imagen de una España completamente fracasada.

Oriol Junqueras empieza a tener muchos números para salir de la cárcel convertido en el primer presidente de la República de Catalunya. No ahora, sino dentro de 10 años,cuando el porcentaje de independentistas supere el 60 por ciento de la población catalana. Para entonces, Junqueras representará un triunfo para la democracia. Para entonces, la España imperial habrá acabado de desmoronarse,último reducto de la vagancia administrativa y del amor a la patria a través dela consagración de la ineptitud funcionarial. Y es que hace años que por Madrid corre un chiste en el que se le pregunta a uno “por qué los fiscales son llamados los inmortales”, y se le responde, “porque no pueden pasar a mejor vida”. Uno de tantos chistes que más que chistes son auténticas tragedias y esperpentos valleinclanescos.

Sin embargo, todavía queda una esperanza para España. Poco ilusionante pero garante de su unidad. La esperanza vive fuera de la Administración, se inspira en el pragmatismo ideológico y sus representantes son la élite económica. Ya empezaron a actuar cuando derrocaron a Rajoy, y lo seguirán haciendo en los próximos meses. Considerarán imprescindible el acuerdo político para asegurar sus intereses y no cejarán en el empeño. Un mal menor. Entre el fascismo y el liberalismo económico la preferencia por el segundo es una necesidad vital.

Mientras tanto, Junqueras respira tranquilo. O sale de la cárcel como presidente en 10 años, o sale en breve de su celda, convertido en un líder político indiscutible, en un referente de los movimientos democráticos. Una jugada maestra.

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David Condis Almonacid. Escritor y letrado de la Seguridad Social. España no puede caer en una espiral autodestructiva. Replicar forma parte del proceso dialéctico que debe conducirnos a soluciones equitativas.

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