23 de noviembre del 2017
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Otro día más las tertulias y los periódicos claman contra Grecia y su “irresponsable gobierno”. Nos cuentan que Syriza está compuesto por radicales que han desdeñado las medidas conciliadoras y solidarias de Europa. Nos relatan que el país de no seguir las directrices europeas se sumirá en la hecatombe mientras nos muestran imágenes del corralito. Se aprovecha –cómo no-, para hacer todo tipo de paralelismos con lo que podría pasar en España si no se opta por seguir con las recetas de austeridad. Pese a todo, el pueblo heleno se manifestó el lunes una vez más en la plaza Síntagma a favor de su gobierno. A tenor de estos hechos y desde el punto de vista de alguien que únicamente perciba estas informaciones, pareciera que los griegos albergan un inusitado afán por auto-inmolarse. Algo no encaja.

Será que la realidad vivida por los griegos no se relata de forma fidedigna en el exterior y que es mucho más cruenta. Será quizás que los “leves ajustes” ni son tan leves ni son ya sostenibles como argumentan muchos economistas de renombre, entre ellos los reputados Stiglitz o Krugman que ya se han posicionado por el “no” en el referéndum. Será, por desgracia, que tienen más bien poco que perder… que sólo les queda la dignidad. Por eso el pueblo muestra su bravura.

La forma en la que han abordado estos acontecimientos en España y en el resto de Europa es maniquea, falsa, amputada. Se llega a argumentar incluso que el referéndum griego es ilegítimo porque “los griegos podrían no comprender lo que votan”. Es hondamente preocupante el pavor que causa a los organismos europeos una urna. Los griegos, habitantes del país cuna de la democracia, entienden perfectamente que la deuda que asciende al 180% de su PIB fue acumulada durante el mandato de partidos “moderados”, que seguían directrices del BCE y que falsearon las cuentas reiteradamente con ayuda, por cierto, de Mario Draghi –¿dónde queda en este ámbito aquello de “la herencia recibida”?, podría añadirse-. Comprenden lo que significa aumentar la edad de jubilación, las consecuencias potenciales de incrementar el IVA en un sector clave como el turismo, o los recortes. El pueblo heleno tiene miedo y acude a los cajeros, es lógico, pero muestra sus dientes a una Europa insolidaria y deforme respecto a su concepción original, que sólo ampara a los grandes capitales y que es regida por organismos profundamente antidemocráticos que no han sido elegidos en comicios algunos por los ciudadanos europeos.

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El pulso de Varoufakis al Eurogrupo ha sido tremendo // Foto: 20minutos.es

La Troika propugna “o nosotros o el caos”. La pieza que le falta a la opinión pública para entender esta tesitura es que los griegos están de hecho ya inmersos en el caos, y son sabedores además de que las medidas que pretenden instaurar en su país en contra de su voluntad solo lo postergarían. Por ello prefieren al menos conservar la dignidad. No, no es fruto de la ignorancia ni de la irresponsabilidad, señores tecnócratas de la Troika, sino de que pese a las dificultades, el miedo, la inestabilidad y la plena incertidumbre del horizonte alternativo, tras él se halla indudablemente una única certeza: la conquista de la soberanía nacional. Lo que deben ustedes comprender es que no nos hallamos ante una pugna entre Europa y Grecia, sino ante una clara fractura del modelo Europeo neoliberal. Un modelo que sólo tolera las medidas de austeridad para salir de la crisis. Un modelo que propicia la perpetuación de las “dos Europas”, con países innovadores de un lado y países manufacturadores del otro -y las políticas que ello conlleva como bien sabemos en nuestro país, medidas que lejos de estimular el progreso social y económico nos acercan peligrosamente a la condición de “barracón de mano de obra barata europeo”-. Un modelo, además, en el que las soberanías nacionales están completamente diluidas y el corporativismo y los grandes capitales hacen y deshacen a su antojo. Europa tratará a todas luces de destruir cualquier alternativa, porque la perspectiva histórica nos ha demostrado que si bien un país lo tiene muy difícil para remar a contra corriente en este marco, pudiera darse el caso de que otros países del sur de Europa se sumen, cual fichas de dominó, a un eje de cambio. Y con eso sería mucho más difícil de lidiar.

Llegados a este punto permítaseme una pequeña reflexión, y es que en esta corriente de pensamientos no puedo evitar evocar al Califa (Julio Anguita) denunciando a lo largo de toda su vida política el Tratado de Maastricht y las consecuencias que de él devendrían. Ya que de Grecia va el tema, el viejo comunista ha sido algo así como Casandra de la mitología griega, quien atesorando el don de saber el futuro y condenada por rechazar el amor del dios Apolo a que nadie creyera sus palabras, vaticinó la caída de Troya reiteradamente sin obtener crédito alguno.

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Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.

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    4 Réplicas

  1. Atopone

    Si alguien con un poco de sosiego y tranquilidad decidiera quitarse la venda de los ojos y asumiera (Todos) que es un engaño del que muy difícil tenemos de donde salir en este sistema politico-financiero que nos toman el pelo cuando juegan con las cartas marcadas y los boletos de la lotería premiados.
    Yo cuando se lo replanteo a la gente siempre les digo una cosa
    “Si tu fueras un fondo financiero y te dejaran comprar lotería con dos condiciones,
    1- que si no te llevas el premio, siempre cobras el reintegro
    2.-que además del reintegro te llevas unos intereses por haber puesto dinero en la compra del boleto
    Tú jugarías? .y quién no lo haría con esas ventajas. Esto es lo que pasa cuando hay jugadores que compren deuda privada o realicen préstamos privados sabiendo que luego estan los ciudadanos para asumir las pérdidas o devolución del dinero en caso de que no seas premiado.

    Con cartas marcadas no se puede jugar
    Hay que levantarse ya contra esta Estafa y dejar de vivir en #Matrix

  2. Pingback: Yo sí soy Europeo

  3. Pingback: El Bréxit, símbolo del desencanto europeo - La Réplica

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