16 de noviembre del 2017
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“A por ellos, oé”.

Es la frase que cantaba un gran número de personas cuando la Guardia Civil partía desde Huelva hacia Cataluña con el propósito de impedir el referéndum el 1 de Octubre convocado por la Generalitat. 

¿Y qué significa ese a por ellos?
¿Dejar a Cataluña sin papeletas y urnas el 1-O? ¿Encarcelar a sus alcaldes y políticos? ¿Registrar sedes de organismos públicos, periódicos o imprentas? ¿Repartir estopa entre los manifestantes que defiendan el derecho a decidir? ¿Sacar los tanques a la calle? ¿Un poco de todo lo anterior?

En mitad de una situación límite, pese a la extrema necesidad de sosiego y saber estar por parte de las fuerzas de seguridad del estado, la Guardia civil, cual Cid Campeador, se presta a un espectáculo bochornoso alentados por el nacionalismo español y la ultraderecha. ¿Acaso no podían haber evitado esa estampa?

Habría que repasar por qué la Guardia Civil, cuyo deber es garantizar la seguridad de la ciudadanía, muestra una actitud cómplice con los manifestantes que afrontan la cuestión catalana con un hooliganismo desmedido, agitando la confrontación entre sus pueblos, minando los puentes con una comunidad donde la mitad de su población quiere marcharse de España y casi el 80% quiere participar en un referéndum de independencia.

Amparados por un gobierno capaz de crear policías políticas, hay poco que esperar de una institución cuya tendencia política está más que clara y que se expresa en las redes sociales como si vivieran en el siglo pasado, a años luz del éxito comunicativo de los mossos d’esquadra.

 

Mientras una buena parte de España se pregunta cómo mejorar las relaciones con una comunidad que se está yendo del país, -si no oficialmente, sí sentimentalmente-, y piensa en qué forma pueden readaptarse a un proyecto común que reconozca su singularidad e identidad colectiva, mientras muchas personas concentran sus esfuerzos por crear un marco social, político y económico de sana convivencia, mientras muchas entidades se esfuerzan en articular una promesa de progreso al modo que lo hace la idea independentista, los salvapatrias envueltos en sus banderas alientan los más bajos instintos de la sociedad contribuyendo a la fractura social, pues ninguno de esos gritos calmará la sed independentista.

Como si fueran ultras de un equipo de fútbol, la España de Manolo el del bombo grita el “a por ellos” mientras deambula al borde de la exclusión social, y sobrevive con sueldos precarios, miles de familias rotas y sus derechos laborales pisoteados. Y los guardia civiles, marchan felices a Cataluña con su honor al hombro, mientras reclaman por cadenas de whatsapp sueldos dignos y se desgañitan pidiendo medios humanos, materiales y más seguridad a la misma patria que defienden.

Un cuadro dantesco, esperpento de un país, que no por casualidad, se está rompiendo por la mitad.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    2 Réplicas

  1. Hemos Visto

    El grito de “A por ellos” es un grito de los que huele a adoctrinamiento (casi una incitación a la violencia), de los que duele en el fondo del corazón.

    Personalmente, estoy contigo en tu razonamiento y tus preguntas y añado una, si tanto miedo hay a que Catalunya se independice (o vote si quiere hacerlo) y quieren retenerle en España, ¿creen que con esa agresividad Catalunya va a quererse quedar?

  2. andres montiel amezcua

    Ni unos ni otros lo han echo bien, Rajoy porque no se entera de nada (no se a enterado nunca) y los independentistas porque manipular a la masa con mentiras es extremadamente fácil.

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