18 de octubre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El pasado 9 de marzo los docentes, los alumnos y sus padres volvimos a salir a la calle. Hacía tiempo que no gritábamos BASTA YA a eso de no contar con nosotros, la comunidad educativa, a la hora de “administrar” ese que dicen nuestros políticos ser nuestro bien más preciado: la EDUCACIÓN (pongámosla así, en mayúsculas).

Hacía tiempo que no salíamos a las calles y más tiempo aún que no volvíamos a sentirnos fuertes mirándonos a los ojos. Echábamos de menos ver a jóvenes organizándose, peleando, luchando, reivindicando y encontrándonos los viejos locos de siempre, al tiempo que descubrimos alguna nueva incorporación. Nos hacía falta. Porque, en contra de lo que parezca cuando se escuchan las preguntas de algunos compañeros que no muestran muchas ganas de secundar las huelgas, tenemos motivos. Por desgracia, nos sobran los motivos.

Nos sobran los motivos, en primer lugar, para que los que sentimos que hacer huelga en nuestro gremio empieza a dejar de tener sentido debido al bajo respaldo de la mayor parte de los compañeros, sintamos que nos estábamos equivocando. Precisamente el bajo respaldo por parte de la mayoría de los docentes nos debería de empujar al resto con más fuerza a secundar las huelgas, pero de manera combativa. Para que no se olviden que aún existimos unas cuantas moscas cojoneras que sabemos por dónde queda el camino de defender derechos. Derechos fundamentales, como esos de los que les hablan los profesores de Historia a su alumnado cuando le cuentan cómo fueron ganados. Bien saben nuestros compañeros, muchos más puestos en estos terrenos que este de Biología que ahora escribe, que esos derechos no cayeron con la lluvia del cielo, en contra de lo que ahora puedan pensar.

Puede doler o sorprender verlo así, pero quizás a día de hoy las protestas en materia educativa deben mirar, además de hacia nuestra clase dirigente, hacia el resto de los profesores que, o bien por pasividad; o bien por diferencias ideológicas, no secundan éstas. Si bien los primeros son mayoría y no suelen torpedear, caso especial merece el segundo grupo, pues considero que ya va siendo hora de no dejar que ciertas actuaciones a las que nos empiezan a tener acostumbrados sigan pasando desapercibidas. Y con estas acciones me refiero a todo tipo de coacciones al alumnado a para asistir a clases el día de huelga aduciendo que la parte del temario que se va a dar ese día es vital para el examen  o muchas otras similares.

Sea como fuere, también debemos de entender los docentes que sí consideramos que hay motivos de protesta que con una huelga al año (y de tan poco respaldo) poco o nada vamos a conseguir. Va siendo hora de comenzar a reinventarnos. En este país la respuesta social ciudadana en la calle estuvo creciendo hasta, muy probablemente, la irrupción de Podemos. Para muchos esto supuso una alternativa política bajo la cual poder conseguir en las instituciones lo que no se conseguía en la calle. Pero muy probablemente esto sea una falsa dicotomía. Entrar en las instituciones es primordial puesto que es el espacio que las diferentes oligarquías han utilizado para mover los hilos impunemente al tiempo que los justifica. Sin embargo, precisamente porque ese espacio lo manejan ellos a la perfección, el resto de los ciudadanos no debemos olvidar que las cosas se mueven cuando la presión sube desde abajo. Y esta presión y esta lucha deben tejerse y organizarse en cada ámbito de trabajo, en cada colectivo.

Entiendo que los docentes para que esta organización sea real y efectiva debemos comenzar por buscar espacios de encuentros donde podamos debatir abiertamente sobre las múltiples aristas relacionadas con la educación para desde ahí ir construyendo juntos; con  la solidaridad como puente de unión. Cuidar que las reuniones tengan una frecuencia suficiente como para no aburrirnos y olvidar el tema y no tan alta como para agobiarnos. Ser encuentros abiertos donde cada uno pueda aportar y sentir que es escuchado, independientemente de su prisma ideológico-filosófico. En esa línea de construcción, más pronto que tarde, podríamos tender puentes con otros centros para ver cómo se están organizando. Esto no es nuevo; básicamente es lo que viene haciendo Marea Verde desde hace ya años; sin embargo, a veces siento que solo funciona en algunos centros y otros aún andan a años luz de dicha movilización por lo que otra herramienta que tal vez sea de gran utilidad pudiera ser que representantes de los centros más movilizados vayan a contar sus experiencias a los centros que recién comiencen. De un modo u otro, todo miembro de la comunidad educativa sensible a las reivindicaciones deberíamos aprovechar la onda expansiva de la explosión del jueves para seguir navegando en la dirección de vencer este pulso a los que legislan de espalda a los que formamos esta realidad.

Antes de cerrar estas pequeñas reflexiones en el aire, me gustaría dejar una última observación a modo de recordatorio no vaya a ser que algunos sigan sin enterarse; y es que el otro día, en muchas manifestaciones, pudimos ver a dirigentes y alcaldes del PSOE como si la cosa no fuese con ellos. Tal vez debieron oír que la huelga iba en contra de la LOMCE y pensaron que los recortes que se llevan dando en nuestra Comunidad Autónoma desde hace años por parte de Susana Díaz y sus predecesores nada tienen que ver con las masivas movilizaciones del otro día. O tal vez, y es que no nos hemos enterado, ellos se encuentran muuuuuy molestos también con dichos recortes, por nunca se les oye decir nada en los congresos, y por ello llevan a sus hijos a privadas y concertadas… será por eso.

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Profesor de secundaria de Biología. Activista

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