17 de octubre del 2017
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 El Estado ha comenzado a hacer agua por diferentes partes. Existen dos opciones: o abandonamos el barco y “sálvese quien pueda”– entonces va a suceder como en el Titánic: únicamente lo harán los de primera clase- o revisamos la estructura que está colapsando y  nos ponemos a remar todos en la misma dirección para evitar el naufragio.  ¿Por qué tanta vía de agua? Todo barco, después de larga singladura necesita una revisión en profundidad y mantenimiento permanente. Después de atravesar las oscuras aguas de la dictadura, se revisaron las cartas de navegación y se crearon otras nuevas muy adecuadas para el momento y circunstancias, pero que jamás se volvieron a reformar para adaptarlas a nuevas singladuras. Se revisó la estructura del barco y se hicieron las modificaciones dictadas por el Capitán anterior -en este caso, General- y se introdujeron otras acordes con el momento.

En 1978, se redactó una Constitución en la que, según nos dijeron, ante el “ruido de sables” que provocaría un debate en profundidad sobre la estructura del Estado, se aceptó e impuso una Monarquía que resultaba incompatible con un modelo federal como el propugnado por una parte de la ciudadanía y fuerzas políticas. Hace poco nos enteramos que tanto el debate como el referéndum sobre Monarquía-República no se realizó pues las encuestas indicaban que vencería la segunda opción. Esta misma forma de obrar se aplicó para la estructura territorial. Ya conocemos la frase: café para todos

Hoy, próximos a cumplirse los cuarenta años de aquella fecha, el nacionalismo se ha convertido en una guisa de independentismo que hace rasgarse las vestiduras a propios y extraños. ¿Es legítima la aspiración a la independencia de una nacionalidad que enarbola una cultura e identidad propias? Más allá de manipulaciones históricas de uno u otro signo, la identidad es una construcción del imaginario colectivo y responde a lo Benedit Anderson denomina comunidades imaginadas ¿Cuantas naciones se ha construido a lo largo del tiempo sin que existiera antecedente histórico alguno de independencia o por el contrario, habiéndolo, se han unido con otras de forma artificial? Frente a los sentimientos identitarios o en apoyo de los mismos, siempre se han alzado argumentos históricos, falaces en multitud de ocasiones, en busca de legitimizar su proceder.

 

Aunque en pleno siglo XXI la construcción de un estado-nación pareciera un concepto algo trasnochado, no le falta legitimidad, el problema es que los “patrones” de este barco que aspira navegar de manera independiente no busca construir ese estado-nación al que nos hemos referido, sino un “cortijo” una Ínsula Barataria. para repartirse sus beneficios ¿Qué es un 3% de las adjudicaciones de obra pública, cuando se pueden aumentar los coeficientes, de caja, y el número de inversiones con todo lo que supone construir un país a la medida? Si los recortes, privatizaciones, y en general el desmontaje de las estructuras del Estado del Bienestar comenzaron en Cataluña antes y con más intensidad que en el resto del país, da vértigo pensar qué puede suceder en un estado independiente. El lema no escrito que mueve a es independentismo mercantil promovido por los partidos que representan a la burguesía catalana “de toda la vida”, sería algo parecido al siguiente: Hagamos de Catalunya, una isla neoliberal a nuestra medida…

Ante dicha aspiración, la izquierda, que representa o al menos debería representa,r los intereses de la clase trabajadora, en lugar de exigir la reconstrucción del Estado del Bienestar y la recuperación de los derechos hurtados a la ciudadanía Catalana y por extensión a la del resto del país, se envuelve en banderas independentistas y se dedica  a mirar las estrellas, las esteladas en este caso, y no los ojos de trabajadores y trabajadoras  -los viajeros de tercera- para conocer su sufrimiento presente y futuro. La mayor preocupación -incluso única, pues no hay declaraciones ni propuesta de acciones en otro sentido – es lograr el abandono del barco , sin plantearse cómo esto pueden llevar aún más a la deriva a quienes dicen representar.

Último barómetro sobre intención de voto en Cataluña.

 

Lidia Falcón, retomando al filósofo Carlos París, afirma que la izquierda catalana ha desarrollado el Síndrome de Estocomo: mecanismo psicológico que lleva a identificarse de manera inconsciente con el agresor, estableciéndose una relación de complicidad con él. Y es que la izquierda tiene la habilidad de dividirse, subdividirse y enzarzarse en discusiones internas para finalmente entregar los votos a la derecha. Pero en este caso, la división no tiene que ver con ningún debate ideológico y sí con la implantación geográfica. La izquierda catalana apoya este “independentismo de cortijo” o  de “ínsula neoliberal”, sin más; porque en Cataluña ser de izquierdas implica ser independentista, sin pararse a pensar quién está moviendo los hilos del procés y qué intereses oculta. Mientras, la del resto del país  -en muchos casos viendo como legítimas las aspiraciones- no está de acuerdo con la forma del mismo.

En lugar de apartar en su momento la vista del debate sobre la estructura del Estado y si las reformas necesarias de la Carta Magna hubieran tenido lugar, muy probablemente no nos encontraríamos en esta situación, en este naufragio que, por cierto, rima con sufragio. ¿Tiene derecho la ciudadanía a decidir sobre su futuro? Por supuesto y es el mismo un derecho inalienable.  Pero el verdadero debate no es ese:  ¿Tiene legitimidad el modelo político sobre el que ha pronunciarse? En las lineas anteriores dejamos claro nuestro parecer sobre el tema.

 

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Antonio Ureña

Antonio Ureña García es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como escritor, ha publicado ensayos y relatos en diferentes revistas y medios electrónicos. Es coordinador del Proyecto Internacional Leer es un Derecho y editor de la revista Tiempo de Poesía. En sus escritos persigue hacer una reflexión critica sobre la cultura y sociedad actuales a modo de herramienta que colabore a hacer frente a la impostura y el letargo en los que pretenden sumirnos.

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    3 Réplicas

  1. Berta Lucía Estrada

    Buenos días apreciado Antonio: Gracias por enviarme esta reflexión sobre el referendo de Cataluña; objetiva, seria y muy pedagógica. Lástima que mucha gente se deje llevar por las emociones y no se detenga en la capacidad crítica para pensar en los términos en los que expone esta breve pero sesuda tesis. Un saludo cordial, Berta Lucía Estrada

  2. Jorge AntonioAntonio Encinas CladeraCladera

    Mil gracias. Me sacaste ve varias dudas y veo que la cosa no es como parece. Estoy al otro lado del mundo y asusta ver lo que sucede. Que la calma vuelva a España

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