30 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El autobús de Hazte Oír ha dado que hablar -y no oír, irónicamente- en una semana en la que se asistió a nuevos casos de violencia de género, vergüenzas jurídicas contra la llamada casta política y social, más situaciones ridículas de Donald Trump y la sensación general de que el mundo se está yendo a la mierda más rápido de lo que nuestro querido George Orwell habría imaginado nunca.

Hace poco escuchaba a un experto en medios de comunicación que aseguraba que vivimos en un momento informativo en el que se prima el posicionamiento a la propia calidad del contenido: es más importante hablar primero sobre lo que sea, aunque no se haya contrastado ese “algo” y sin importar que sea verdad o no. El origen no importa mientras la noticia impacte y de visitas, clicks, descargas. Dinero. Para cuando se haya averiguado la veracidad o no de la información el mundo ya estará concentrado en otro asunto. Así de horrible es nuestra cacareada era de la información global inmediata.

Algo así está sucediendo con la tolerancia y la susceptibilidad social. Ni siquiera hay tiempo para indignarse o defenderse; hasta la propia intolerancia pasa de un tema a otro sin que apenas haya debate, sin que haya protestas. Se viaja a velocidad de la luz, se insulta y se pasa a otra cosa con una rapidez vertiginosa; a veces ni siquiera se sabe a quien se insulta, se suelta el exabrupto intolerante y se mira para adelante para mirar cual es el siguiente paso.

Se critican películas sin haberlas visto -¡se mira el tráiler y con ello ya se da pistoletazo de salida a la bilis!-, se suelta la primera barbaridad acerca de algún tema concreto por el mero hecho de haber leído tres titulares en la prensa. La irrupción de la posverdad como nuevo dogma político, social, informativo… el nuevo tirano que lo gobierna todo.

Nos preguntamos por qué va tan mal nuestro país -y el mundo en general- cuando observamos día tras día que la memoria de la gente es menos consistente que la supuesta incorruptibilidad política. ¿Cómo se va a pasar cuenta a nuestros gobernantes si ni siquiera somos capaces de recordar cuál fue la polémica del mes pasado? Con nuestra capacidad de memorización anulada por la saturación de información de todo tipo -banal, real, falsa, inútil, útil, asombrosa, insulsa…- votar cada cuatro años se antoja como uno de los grandes logros de la casta política; mientras los últimos meses de la legislatura no se armen follones y a poco que acompañen los resultados económicos la masa social volverá a ejercer su derecho al olvido. Serán víctimas pero también culpables de su corta capacidad de análisis en el tiempo.

Si volvemos al asunto del autobús transfóbico, el asunto dio para muchos artículos, fotos en Twitter, campañas de Change.org. Las autoridades decidieron poner cartas en el asunto y prohibieron que el vehículo pudiera circular por determinadas ciudades bajo sospecha de enaltecer el odio. Poco después saltó a la palestra que Esperanza Aguirre financió a Hazteoir con dinero público. ¿Alguien hará algo al respecto? No sé si ni cuando se lea este artículo la gente lo recordará, porque los medios de comunicación ya estarán enfrascados en mil temas nuevos, bombardeando en todo momento cualquier mierda con tal de ser los primeros en hacerlo. Ya nadie habla de la Infanta. Nadie recuerda Urdangarin, es un tema que ya no interesa; y la gente si no lo escucha o lee, no lo mantiene en su cabeza. Seguro que la semana que viene nadie recordará a Hazte Oír.

 

Es tan inhumano la ingente cantidad de información que se vomita al día que somos incapaces de asimilarla. Y los medios viven enfrascados en esa carrera, cada vez a más velocidad, para satisfacer su necesidad de ser leídos, visitados. Es como si fueran productos de supermercado en la estantería más preciada de todos, el de las grandes marcas. Aunque los alimentos sean los menos saludables; son los primeros y eso ya merece la pena. Porque la gente los compra pese a saber que compran veneno. Así pasa con las noticias, así pasa con nuestro cerebro y con nuestro deber como ciudadanos de no olvidar. Porque el olvido es el principio del fin.

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Alejandro F. Orradre

¿Escritor? || Coleccionista de blurays (480) || Bolaño || Librópata || Miembro de la PAE || Escribo cosas raras en @murraymagazine y @Neupic

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