22 de agosto del 2017
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La verdadera izquierda“, “la izquierda que no se avergüenza de serlo“, “el corazón de la izquierda“, “el tiempo de la izquierda“…. durante la reciente campaña electoral hemos comprobado que la estrategia de Izquierda Unida para retener a sus fieles, intentar convencer a nuevos electores y frenar el trasvase de votos a Podemos ha sido enrocarse en torno al término izquierda, apropiárselo y sacar pecho, destacando la pureza de su cuerpo ideológico. ¿Ha sido una maniobra inteligente y salvadora? Lo analizamos a continuación. Probablemente era la mejor baza que tenía IU donde ha ido en solitario, reivindicar su experiencia, sus años de lucha obrera y hacer un llamamiento a su fiel militancia. Destaquemos, antes de entrar en materia, el contexto adverso en el que se han movido estas últimas elecciones: la sensación generalizada de que presenciamos una nueva era política, la necesidad de regeneración democrática y la clara división en las federaciones en torno a la confluencia con Podemos, verdadero causante del desplome de IU.

IU y UPyD han experimentado un caso similar desde una posición diferente del tablero político: ha aparecido un nuevo actor, similar en ideología (Podemos y Ciudadanos respectivamente), que seduce al voto nuevo -sobre todo al voto joven- y que tiene verdaderas opciones, sino de ganar, si de abrir una brecha importante en el poderoso bipartidismo, resumiendo, de ser relevantes. Ambos mostraron escepticismo y respeto por la llegada de estos competidores, ambos notaron que gran parte de su electorado demandaba un acercamiento, y ambos acabaron cerrando filas sujetándose a sus siglas como si no existiese un mañana.

Sin embargo, es meritorio que IU haya aguantado el tipo con 1.054.781 votos frente a los 229.458 de UPyD. El partido magenta, con su líder con un pie fuera y prácticamente sin representación institucional, ha tenido que poner en marcha un ERE encaminándose hacia su desaparición. En cambio, IU resiste, aguanta en el territorio nacional aunque evidencia un fracaso estratégico en una plaza de envergadura: Madrid. En la capital está fuera de los cargos representativos, es decir, no tiene presencia ni en el Ayuntamiento ni en la Comunidad. La vieja guardia madrileña, que echó a Tania Sánchez y que no quiere confluencia ni en pintura, apostó por García Montero y Raquel López y su jugada les salió rana. El caso de García Montero, con ese acto final junto a Sabina y Miguel Ríos, simboliza el relevo generacional que los madrileños demandan, también en los iconos culturales.

IU Madrid no pudo evitar el descalabro electoral

IU Madrid no pudo evitar el descalabro electoral

¿Es IU “la verdadera izquierda”?

Más allá de la efectividad y/o idoneidad del slogan, hablar en términos absolutos suele generar rechazo. El término “izquierda” es muy relativo y prolijo, con múltiples aristas. Data del siglo XVIII, imaginad si caben posiciones. Yo mismo me considero en ciertas cuestiones (feminismo o activismo 2.0) más de izquierdas que algunos colegas de IU. Pero no creo que se trate de comprobar quien es más de izquierdas, sino de señalar el matiz divisorio del lema. Desde luego, el que lo ideó estaba más preocupado de marcar el territorio que de buscar consensos con la “izquierda impostada”.

La caricatura comunista

Convendría analizar -brevemente- que considera el imaginario colectivo “ser de izquierdas“. En este sentido, la derecha española ha sido astuta. Ha conseguido incrustar en la sociedad una caricatura concreta del comunista, esa que presenta a un señor marxista, ácrata, barbudo y con la hoz y el martillo por bandera, un tipo que simpatiza con el caos y quiere repartir entre todos aquello que encuentra a su alcance. Al ser tan extendida esta parodia, Podemos intentó desde un principio desembarazarse de la etiqueta y llevar el debate hacia otros derroteros aunque en el fondo hable de lo mismo: los de arriba y los de abajo apelando a la centralidad del tablero.

Fontdevilla clavó en eldiario.es el problema de la izquierda

Fontdevilla clavó en eldiario.es el problema de la izquierda

 

Podemos intuye que en un horizonte más amplio se abre la posibilidad de una mayoría mientras que en un terreno exclusivo y acotado es imposible disputar unas elecciones generales. De hecho, el mejor resultado de la historia de IU, con Anguita, data del 1996 cuando se quedó en 2.639.774 votos, lejos de disputar las dos primeras plazas a González y Aznar, que consiguieron más de 9 millones cada uno. La izquierda nunca ha disputado unas generales en este país, y claro, parte de ella se ha cansó del papel de invitado a la fiesta. Con Podemos todo apunta a que se va a disputar el partido. El último CIS lo coloca con 16,5% como tercera fuerza, pero llegó a estar primera fuerza en intención de voto. Izquierda Unida luchará por superar el 5% y probablemente lo conseguirá, pero a día de hoy, su lucha es sobrevivir, no le queda otra.

El apego a las siglas

Si una cosa ha quedado clara en estas dos últimas elecciones es que si Izquierda Unida muere, será con sus siglas. Ese apego irrenunciable resulta antinatura, pues IU nace de una serie de partidos (PCE, PSUC, PASOC, IR, FP, PCPE… etc) que renunciaron a sus siglas para posicionarse en contra de la OTAN.

Julio Anguita y Gerardo Iglesias comandaron el frente antiOTAN

Julio Anguita y Gerardo Iglesias comandaron el frente antiOTAN

También habría que poner sobre la mesa lo irritante que les resulta a algunos de sus integrantes que Podemos le haya adelantado por el carril izquierdo. Un desdén muy relacionado con el relevo generacional que ha propiciado cierta postura paternalista (y no solo desde IU): “yo ya estaba en los movimientos sociales antes del 15-M, qué me van a enseñar esos niños a mí, si acaso que aprendan de nosotros“. Y es que es cierto que el espíritu desacomplejado de Podemos le llevó a mostrar indolencia cuando el discurso demandaba humildad y generosidad. En esa estamos, en el clásico pulso de la izquierda por la supremacía intelectual.

¿Nos avergüenza ser de izquierda?

La izquierda es sinónimo de igualdad social. Cuando luchas porque [email protected] tengan los mismos derechos y oportunidades no puedes más que sentirte satisfecho contigo mismo. Nunca escondí mi voto ni me sentí avergonzado por ser de izquierda. En este sentido, envidio a la sociedad americana, donde el voto y la política no parecen un tema tabú y la vida sigue igual tras la confrontación ideológica. Habría que incidir entonces en la necesidad de una pedagogía política a nivel social que normalice el debate hasta un territorio de sana disputa entre doctrinas. Porque es cierto que muchas personas de izquierda no lo exponen públicamente, pero nada comparado con la derecha, que ningún partido la lleva en sus siglas y que parece que no existe a pesar de acumular en 2011 más de diez millones de votos.

es-tiempo-de-izquierda

¿Es el tiempo de la izquierda?

Es un tiempo paradójico. Si bien el término izquierda en sí mismo no tiene capacidad de arrastre por su carácter reduccionista, es obvio que las candidaturas de unidad popular (esas que unen a Podemos e IU -en algunos casos-, EQUO, otras formaciones y el activismo social en sus múltiples variantes) se abren paso con más fuerza que nunca. Son el presente y probablemente el futuro. No lo digo yo, lo dicen las urnas. Ahora Madrid, Barcelona en ComúPor Cádiz sí se puede, las mareas atlánticas…. demasiados casos para pensar que son fruto de la casualidad o de un contexto específico.

En solitario y con su marca, Podemos tiene fuerza, pero no la suficiente como para ganar unas elecciones generales. IU aspira a no desaparecer de las instituciones. EQUO y Compromis a ser palanca de cambio. ¿Por qué no unir fuerzas? ¿Por qué disgregarse si en lo sustancial estamos de acuerdo? ¿Es descabellado apostar por una candidatura de unidad popular a nivel nacional?

Sería torpe sumergirnos en la intrascendencia por una absurda disputa de siglas. Lo sustancial no es el nombre, no es llamarse Podemos, Izquierda Unida o Ahora Todos, lo importante -y ahí va un tópico- es la gente. Y estaríamos dando la espalda a la gente si no escuchamos su demanda de consenso, la petición de remar todos en el mismo barco.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.

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    3 Réplicas

  1. luchino

    Interesante análisis, que comparto en líneas generales.
    Especialmente me ha llamado la atención lo de la caricatura del comunista, que como bien dices ha conseguido imponer la derecha, sobre todo, claro, entre su parroquia y gentes indocumentadas – que tanto abundan, por desgracia – .

    No hay más que oir a Marhuenda “acusando” de comunista a alguien de IU o de Podemos, poniendo mucho énfasis, para que quede claro: es co-mu-nis-ta; sabedor del efecto que eso produce. Lástima que haya tantos ignorantes que se dejen engañar así.

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