16 de noviembre del 2017
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A José Luis Garci le costó mucho abrir las puertas del mítico programa “¡Qué grande es el cine!” (luego “Cine en blanco y negro”) a las mujeres. Durante al menos las cuatro primeras temporadas ninguna mujer fue invitada a participar en los coloquios. “El programa nació así y no lo voy a cambiar“, aseguró Garci en 1998, aunque al final lo hiciera por puro clamor popular. De este modo, mujeres como Clara Sánchez, Beatriz Pérez, Nativel Preciado o Amparo Serrano fueron participando, poco a poco, y sin hacer mucho ruido en los debates cinéfilos que dirigía el director madrileño. Aportaron un punto de vista genuino y enriquecedor al programa.

Hay que agradecerles a estas mujeres el haberse enfrentado a la progresía intelectual con enorme valentía. Porque ellas siempre estuvieron solas. Siempre estuvieron en minoría.

Las encasillaban en películas de amor (porque claro, ¡cómo iba una mujer a comentar una cosa tan viril como un western!) y tenían que enfrentarse a machismo intelectual de Garci, del terriblemente maleducado Juan Miguel Lamet, de Torres Dulce o de Juan Manuel De Prada entre otros, a menudo de todos a la vez.

Un ejemplo paradigmático: en el coloquio de la película “Lo que queda del día” (James Ivory, 1993) se discutía sobre las motivaciones de la señorita Kenton (la ama de llaves protagonista de la película) para casarse. Automáticamente todos los contertulios varones buscaron teorías enrevesadas relacionadas con el interés económico, social o familiar, mientras que Clara Sánchez defendía que su leitmotiv era puramente sentimental: el desamor y el despecho. Garci y compañía, descolocados, no contemplaban que una mujer actuara únicamente guiada por sus sentimientos y no por la dependencia de los hombres. Como ese hubo cientos de ejemplos en los debates con presencia femenina.

Estas mujeres, a las que trataban de un modo condescendiente y a menudo grosero, le echaron un osado pulso a la presumida élite intelectual de finales del siglo XX. Impugnaron, quizás sin ser muy conscientes de ello, códigos muy rígidos del Régimen del 78. Fueron un maravilloso Caballo de Troya en la televisión pública de aquella época.

No tiene ningún sentido analizar el cine sin mujeres, porque el cine es la vida y lo abarca todo; y sin una óptica femenina en el cine viviríamos en una aburrida, ególatra y triste realidad patriarcal. Viviríamos tuertos.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.

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