16 de noviembre del 2017
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La justicia española suele ser percibida por los ciudadanos como una entidad conservadora, clasista y machista. Si no se sacude estos calificativos es, sencillamente, porque sus jueces actúan con una facilidad pasmosa de forma conservadora, clasista y machista. 

Analicemos sus causas. Se trata de un órgano fuertemente politizado tras el vergonzoso pacto bipartidista del PPSOE, y está controlado por lo más rancio de la sociedad jurídica. Veloz como el Correcaminos cuando quiere (un día tarda en prohibir un referéndum), lento como un caracol en otras ocasiones (como con la condena a Rodrigo Rato), contundente o permisiva de manera antojadiza, indulta casi en exclusiva a la aristocracia corrupta  y se convierte en el azote de las clases más bajas. Para la casta, el fiscal es un aliado. Para el pueblo, el terror.

Son solo dos de los miembros afines al PP del poder judicial.

Un vistazo a los miembros de la institución confirma todas las sospechas, el Tribunal Constitucional lo conforman 12 jueces (10 hombres y 2 mujeres). Su presidente, Juan José González Rivas, fue propuesto por el Partido Popular, es considerado más conservador que su antecesor -que fue militante del PP- y está en contra del matrimonio homosexual. La subpresidenta, también conservadora, Encarnación Roca, y su elección supuso eludir la norma no escrita de conceder la subpresidencia a una opción minoritaria. Ojalá fuera lo único. La Sala de gobierno del Tribunal Supremo la componen 13 miembros. Todos son hombres. Y el Alto Tribunal está compuesto por 79 miembros, 68 hombres.  El fiscal general del estado es Jose Manuel Maza, conservador, el mismo que nombró al offshore Moix como fiscal anticorrupcion -de esto deben estar riéndose en toda Europa-, y ha sido reprobado por el parlamento. Pero a él le da igual, sigue en su cargo. En cuanto al Consejo general del poder judicial, de sus 22 miembros, solo 8 son mujeres. Su presidente es Carlos Lesmes, conservador y católico, proveniente de la asociación conservadora APM, apoyado en su nombramiento por, oh, sorpresa, Ruiz Gallardón del Partido Popular y sin la experiencia suficiente según sus compañeros. ¿Y la sala de apelación de la audiencia nacional? No hay de qué preocuparse, lo integran Eloy Velasco, alto cargo del gobierno de Zaplana, y Enrique López, apartado de enjuiciar la Gürtel por ser demasiado afín al Partido Popular. ¿Y la presidenta de la Sala de Lo Penal de la Audiencia Nacional? La famosa Concha Espejel, condecorada por Cospedal, también apartada de investigar la Gürtel por su “amistad íntima” con miembros del partido.

Así pues, ¿qué esperar de la justicia española? Poco o nada que tenga que ver con el progreso de la sociedad. Los avances irán cayendo por mero empuje popular y la mayoría de decisiones progresistas tiene que ver con jueces sobrepasados por los tiempos que corren y por la influencia de Jueces para la Democracia, cuyo ex portavoz, Joaquim Bosch, se ha convertido en un activista dentro de la misma institución judicial.

Cuando el partido en el gobierno habla de la ley, en realidad habla de SU ley y nunca habla de justicia. Sabe que con sus amigos repartidos en los puestos clave, se duerme mejor políticamente hablando, se pena amablemente la corrupción, se controla a los medios y se atemoriza a rivales políticos y a la voz de la calle.

Repasamos algunas decisiones lamentables de su pasado reciente. Son éstas, pero podrían ser muchas otras.


1. Suspensión de un acto a favor del derecho a decidir

El magistrado Yusty Bastarreche, al que la etiqueta de conservador se le queda corta, suspendió esta semana un acto en Madrid a favor del derecho a decidir en Cataluña. Lo hacía al tiempo que se permitía una concentración neonazi en un espacio cercano. En lo que más que un auto judicial, parece una columna de opinión de un periódico de extremo centro, el mismo juez que previamente había firmado un manifiesto contra el secesionismo -y por tanto perdida toda imparcialidad-, decretó que la resolución era firme y contra ese auto “no cabe recurso alguno”. Un atropello democrático que recuerda a tiempos pretéritos donde en España no podía uno reunirse en grupo a hablar en libertad. Da igual que luego se arrepientan -como Margallo con la recogida de firmas del PP contra el Estatut-, al final actúan como lo que son: retrógrados sin remedio. El desafío catalán está provocando la paranoia de un órgano judicial expresamente reformado para impedir cualquier avance independentista. Estos días estamos viendo como los jueces ordenan investigar sedes de periódicos y amenazan a alcaldes, y a buen seguro vendrán nuevos y lamentables episodios que hará retroceder nuestra ya frágil democracia.

En foto de EFE, el portavoz del Partido Popular actúa como su
propio partido, de manera retrógrada.

2. La agresión de Alsasua

Hasta 375 años de cárcel pidió la fiscalía para los 3 detenidos y 5 acusados por una pelea acontecida en el bar Koxka de Alsasua, en el que unos jóvenes agredieron a unos guardias civiles que se encontraban fuera de servicio y en compañía de sus parejas. Una reyerta condenable tras la que el fiscal ve “la estrategia de ETA”. Poco importa que la banda terrorista haya declarado su fin, acusados de lesiones y amenazas terroristas, los jóvenes llevan varios meses en la cárcel. Incluso Baltasar Garzón, uno de los jueces más controvertidos de la historia de este país por sus actuaciones contra el terrorismo en su época de mayor efervescencia, escribió en El País diciendo que “la petición se enmarca en la desnaturalización del concepto de terrorismo de tiriteras, tuiteros y antisistema”. Miles de personas se manifestaron en Pamplona contra lo que consideran un montaje sin precedentes. La desproporción de la justicia en este caso no tiene parangón.

Un medio conservador, Vozpopuli publicó esta foto sobre la manifestación a favor de los acusados de Alsasua.


3. El caso de los titiriteros

Uno de los casos más indecorosos de la historia reciente de la justicia en este país. Una obra de teatro donde unos personajes de ficción portaban una pancarta en miniatura con el lema: Gora Alka-ETA llevo a la Justicia a un episodio donde exhibía todo su carácter censor. Un juego de palabras que costó a los titiriteros cinco días de cárcel, una acusación de enaltecimiento terrorista y la inclusión en el fichero de presos peligrosos. Un ataque a la libertad de expresión sobre el que corrió ríos de tinta. La obra fue señalada por sus autores antes de escenificarse como una obra “no pensada para el público infantil”. Provocó un cisma en el gobierno de la ciudad de Madrid, cuya entonces concejala de cultura, Celia Mayer salió muy mal parada, una actuación judicial errática y contradictoria, y un aluvión de protestas en la calle y actos reivindicativos. Las madres de los niños que vieron la función y que declararon como testigos aseguraron que dibujos animados como Pokemon o Bob Esponja contenían más violencia, y que los niños estaban más aburridos que otra cosa. Pero más allá de la adecuación o no de un contenido para su audiencia -un debate ajeno a la justicia-, la sola acusación del fiscal resultaba surrealista y la actuación del juez contradiciéndose en pocos días, resultó un bochorno para toda persona que quiera un país decente.

En fotografía de Eldiario, una de las tantas movilizaciones en favor de los Titiriteros.

4. César Strawberry, Zapata, Cassandra y los tweets polémicos

Hemos hablado muchísimo de este tema. La justicia se empeña en perseguir tuiteros por encima de delincuentes. No es posible judicializar todas las barbaridades que se dicen en la red, ni caben en las cárceles todas aquellas personas que expresen chistes de mal gusto, exabruptos o lleven el humor al límite de lo moral o lo políticamente correcto. ¿Algún juez se pasea por la barra de los bares? Hace falta un marco legal 2.0, acorde a esta nueva era digital. Pero más allá de las necesidades de actualización, cabe pensar si no pretende la justicia usar un dilema social en su conveniencia ideológica. ¿Por qué todos los nazis salen indemnes? ¿Por qué solo unos pocos tienen derecho a ofenderse? ¿Por qué siempre sale mal parada la clase social con menos recursos?


5. La muerte asesinato de Juan Andrés Benítez

No siempre los mossos disfrutaron de una popularidad tan buena como ahora. En la época que gobernaba Barcelona Xavier Trías, los mossos se vieron envueltos en no pocos episodios violentos, algunos más propios del cine negro. Uno de los más flagrantes fue la muerte del jerezano Juan Andrés Benítez, que falleció a causa de la paliza que le propiciaron los agentes. Después de un juicio donde los acusados se presentaron como una panda de Hooligans, tuvieron que rendirse ante las evidencias de las pruebas. Los mossos no solo admitieron las lesiones que le ocasionaron la muerte, sino que además destruyeron pruebas e intimidaron a una ciudadana con tal de que los vídeos no salieran a la luz. Una actuación al margen de toda ética y profesionalidad. La sentencia refrendó un acuerdo de los abogados con la hermana del fallecido realmente vergonzoso, en el que ninguno de los mossos pisa la cárcel y pueden reintegrarse en el cuerpo policial si realizan un cursillo de derechos humanos. Ver para creer.

Fotografía de un medio conservador, ABC.


6. La famosa portada de El Jueves 

Corría 2007 y el gobierno de Rodríguez Zapatero había aprobado una ayuda de 2500 euros por niño para las familias españolas. En un hecho sin precedentes más allá del franquismo, la siguiente portada fue secuestrada por la Audiencia Nacional. Juzguen ustedes mismos.

El episodio dio para un episodio aún peor que la censura, la autocensura que sucedió algunos años más tarde, que provocó una desbandada de autores de la revista y el fin de El Jueves como un medio independiente, quedando en entredicho su verdadera naturaleza transformadora a través de la sátira.

 

7. Rodrigo Rato

El cuento del gran gestor llegó a su fin, al menos públicamente, pero lo de su tratamiento judicial es igualmente digno de estudio. Acusado de 14 delitos diferentes, uno de los principales responsables del rescate de una entidad bancaria que ha costado más de 60.600 millones no sólo no ha pisado la cárcel, sino que probablemente se libre de hacerlo, pudo viajar al extranjero durante la investigación y ha sido destacado por los jueces durante el proceso penal por las tarjetas black por su comportamiento “cabal” e “intachable”. ¿Tendría un ciudadano normal, sin vínculos con el poder político, tan benigno tratamiento?

8. Cerrar bien las piernas

La jueza Carmen Molina Mansilla, titular del número 1 de Vitoria protagonizó uno de las sentencias judiciales más machistas y estereotipadas contra los derechos de la mujer que se recuerda (según la organización internacional Women’s links), cuando preguntó a una mujer que denunciaba haber sufrido violencia y dos agresiones sexuales: ¿Cerró bien las piernas, cerró toda la parte de los órganos femeninos?“. La misma jueza ya interrogó a denunciante y denunciado en una ocasión, con el componente intimidatorio presente. Pese a las continuas quejas, el Consejo General del Poder Judicial archivó el expediente sin sancionar siquiera a la jueza. El vergüenzómetro a punto de estallar.

Este sería el caso más controvertido, pero basta con repasar la historia reciente para ver otros igualmente cuestionables que tienen mucho que ver con el género de las implicadas. La persecución judicial a Rita Maestre o el caso de Juana Rivas.

9. Los condenados por rodear el congreso

Corría el 25 de septiembre de 2012. En el escenario de una protesta autorizada por la delegación del gobierno de Madrid, la policía cargó duramente contra los manifestantes que pretendían rodear el congreso de los diputados. Eran los tiempos de represión con Cristina Cifuentes al mando de las fuerzas de seguridad, que calificó el suceso como “golpe de estado” (¿?). El suceso acabó con 34 detenidos y un único condenado, el malagueño Francisco Molero. Pese a que políticos, asociaciones y ONGs declararon la actuación policial como desproporcionada, el único condenado deberá ingresar en prisión (si es que no lo está ya) ya que le han denegado el indulto.

10. ¿Bódalo, Alfon, Otegi? Los presos políticos en la España del PP

Todos los presos políticos tienen algo en común en España, la desproporcionalidad. La justicia actúa en sus casos con un evidente afán aleccionador, señalándose como una de las instituciones más reaccionarias de España, en consonancia con el gobierno central, las fuerzas de seguridad del estado o la infame y corrupta Casa Real. El caso de Bódalo o Alfon son paradigmáticos. En el marco de una protesta social, si ha sucedido una agresión condenable, lo lógico sería decretar una pena menor y una multa o servicios a la comunidad. ¿Qué sentido tiene mantener una persona en la cárcel? Pues no, ahí tienen a un activista del mundo rural o un joven politizado durante años encerrados. Ya analizamos las cárceles en España en La Réplica y llegamos a una conclusión: Sobra mucha gente en las cárceles.

Las evidencias lo confirman y está bien reconocerlo. El poder judicial de este país está enraizado y se confunde con el grupúsculo descendiente del franquismo y cercano al Opus Dei, conservador, arcaico e insoportable que no se gobierna. Tan sólo la unión popular puede ir cambiado la situación poco a poco.

Lo cierto es que en España, pasan los años, pero sus instituciones judiciales son casi irreformables. De su criterio antojadizo y clientelar nadie está a salvo. Ni siquiera tú.

 

La imagen de portada es de Kris Arnold

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    4 Réplicas

  1. EDUARDO ACEDO ERASO

    ESOS SON CASOS CON REPERCUSION MEDIATICA CUANDO EXCISTE SON MUCHO PEORES LAS ACTUACIONES JUDICIALES DESDE EL IMPUDOR DE LA IMPUNIDAD ABSOLUTA PARTIENDO DE ESTE HECHO SE IMPONE LA FIGURA JURIDICA DE LA PREVARICACION INTELECTUAL Y PENARLA CON 10 AÑOS DE PRISION Y EXPULSION DE LA CARRERA

  2. José ortega

    Es muy sano leer periódicos como La Réplica. A través de artículos como éste uno confirma el lema «lo llaman democracia, pero no lo es»
    Muchas gracias

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