13 de noviembre del 2018
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Hoy es el caso de la Manada de San Fermín y su indignante y surrealista sentencia, mañana será otro similar y así hasta que no nos planteemos en común y con todos los actores sociales implícitos cómo cambiar el modelo de justicia que tenemos en España. Un estamento siempre varios pasos atrás de la sociedad, que actúa haciendo la goma y avanza cuando no le queda más remedio. Pero más allá del profundo debate que tendrá que abordar la sociedad en relación a palabras como abuso, violencia, intimidación y agresión, y la manera de reformar el ámbito legal de una forma justa, la sensación de descrédito y desapego de la justicia española con respecto a la población sigue su paso firme.

Ya repasamos en La Réplica los diez casos que más nos habían sonrojado de la justicia española, antes que esta sentencia se colocara en los puestos de cabeza. No sólo es la cuestión de género que pone a las mujeres contra la espada y la pared, con un historial que asusta en España (recuerden el célebre “¿cerró usted bien las piernas?”), es la cuestión de clase (sentencias livianas a capos mafiosos como Rato o Urdangarin y sentencias contundentes para la clase obrera) y la cuestión identitaria (cárcel pasa los jóvenes de Alsasua, cárcel para los independentistas, libertad para bandas de nazis). O lo que es lo mismo, la justicia en España tiene un claro sesgo ideológico. 

Cabe deducir, por tanto, que se enfrente a los mismos problemas que la sociedad. No tiene que ver con la ignorancia del pueblo en cuestiones profesionales -hay cada auto que leerlo es casi como hacerse el harakiri-, es un problema de la influencia ideológica de determinadas élites en los despachos de los magistrados. Para cambiar la justicia es importante el clamor social porque termina concienciando a actores que parecían despolitizados, pero también es importante organización civil que pueda articularse para proteger los derechos de la ciudadanía y velar por una sociedad justa. La justicia tiene que ser un sujeto profesionalizado y no politizado, transparente, sometido a vigilancia y a un debate constructivo que la obligue a avanzar hacia una sensación universal de objetividad, honestidad y conciencia.

Lo que se autoexigía el 15M y gritaba a la cara a políticos y banqueros, Democracia real ya, se focaliza hoy en la justicia gracias al empuje y la sororidad de las mujeres. Una sentencia que hace años hubiera quedado en la indignación de habitaciones cerradas, hoy abarrota las plazas. Por si quedaran dudas, y mal que le pese a La Manada, se acabó la impunidad para cerdos como ellos. Las mujeres siguen cambiando el mundo.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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