24 de junio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



No es raro pensar que en nuestros día el tema de Cannes es primordial por su fuerza mediática dentro del cine no comercial. Tanto por su vanguardia narrativa como por sus aspiraciones estéticas y autorales que los cinéfilos, estudiosos y espectadores contemporáneos esperan cada año. También es interesante suponer que la valía artística del mencionado festival, también cobra cuota de escepticismo por los favoritismos en las polémicas preseas, que en años anteriores se otorgaron en las diversas secciones.

A partir de Cannes, también resulta interesante valorar cómo la imagen en movimiento desde los Lumiére y sus presentaciones de carpa, han evolucionado en un glamour fílmico distinto al hollywoodense cuyas ideologías acaso intelectuales, construyen lo que conocemos como el concepto actual del cine de arte y su mercadotecnia alrededor del mundo. Es decir, la forma de las historias son contadas en contra del canon norteamericano, frívolo y vacío. Sin embargo, esa impresión que hace el historiador de entender lo viejo y lo nuevo de la humanidad, debe ser también misión para el cine. El contribuir a la mejora de una sociedad (con su grano en un panorama bastante arenoso) para transformar ideológicamente a una nación y sus habitantes. En  pocas palabras, es el objeto del llamado cine “social”.

Allí Ken Loach aparece como uno de los íconos innegables del cine realista. Su oficio fílmico inicia durante los años sesenta donde evidencia su herencia dentro del emblemático free cinema inglés, junto a figuras tan importantes como Lindsay Anderson, Karel Reisz, Tony Richardson entre muchos otros. Recordemos que esta corriente se sumo a la ola de nuevos cines de posguerra como la nouvelle vague y el neorrealismo italiano, con hebra narrativa más emparentada a los guiños del cinema verité o el cine directo cuya vena visual no está tan alejada del documental: cercana a los problemas de la gente común cuya representación visual transcribe el plano ordinario de los lugares donde se filma. Así Loach, desde sus inicios cinematográficos y becado por el British Film Institute, deja su carrera de Derecho, pasa por los estudios dramáticos y, es este el parte aguas del teatro, lo que catapulta su producción cinematográfica en la BBC con sus primeros teledramas como los enigmáticos Cathy Come Home (1966) y Poor Cow (1967), ficciones de corte documental que abordan las fricciones de las familias poco afortunadas, que luchan con el gobierno para sobrevivir y darle techo y comida a su familia. Algunos censurados por el gobierno de la época, significaron una contundente muestra de comprender al cine de denuncia: vía de lucha para una sociedad mejor. Pensemos, mucho se habla en nuestros días, que este cine es de pocos, acaso panfletario que los escépticos (a regañadientes) cuestionan su favoritismo por ganador en los festivales de cine. Tendencia que sectariza la naciente formación de nuevos realizadores: muchos por búsqueda de una fama equívoca y pocos, por verdadera vocación.

Desde aquellos sesentas podemos observar en Loach el compromiso que, poco a poco, se vería en su factura fílmica posterior que ha perdurado nuestros días. Historias sencillas, de cortes históricos y cuestionamientos políticos, que regularmente poseen personajes londineses de clase obrera, migrantes con dificultades para sobrevivir, muchas veces al margen de las políticas sociales y económicas del gobierno británico. Aquí, me quedo con los migrantes cuyo tema ha mantenido un fuerte peso dramático para Ken. Donde sus historias han llevado a reflexionar los diversos problemas de la sociedad moderna europea.

crissy-rock-in-ladybird-ladybird-la-replica

Recordemos para Ladybird, Ladybird (1994) uno de los aspectos más interesantes que poco se ha analizado, es el balance que hace Munro con el guión. Aquí sitúa al latinoamericano Jorge (Vladimir Vega) el nuevo amor de Maggie (Crissy Rock) en la justa medida como co-protagonista pasivo a las escenas violentas, de rabia dramática que Crissy metaforiza con la lucha ante el gobierno por recuperar a sus sus hijos. Se mantiene la tensión dramática y a ratos, se ablanda ante un discurso pacificador de un Jorge polifacético, poeta, escritor, políglota e ilegal de trabajos temporales. En pocas palabras, un migrante. No es raro pensar que este aspecto pone, en la trama, al gobierno en un juicio ético donde criminaliza a los ciudadanos por su políticas restrictivas. Este filme propone un dilema que también nos supone la reflexión de cómo debería ser una madre de familia: Maggie es una mujer sin estudios cuyos hijos son de distinto padre, vive al margen de la caridad con trabajos eventuales y aspirando a tener una familia normal que no conoció por su pasado violento. Este docudrama finaliza con la pérdida de los seis hijos de Maggie y tres con Jorge que, al fin y al cabo, pudieron construir su nueva familia.

just a kiss ken loach lareplica

En contraste, diez años después con Just a Kiss (2004), Loach hace del drama romántico entre Cassim (Atta Yaqub) un dj escocés de origen paquistaní y la bella maestra de música Roisin (Eva Birthistle) una loable confrontación de tintes ideológicos y religiosos, donde la restrictiva familia de Cassim arguye y criminaliza con sutileza, el catolicismo de su enamorada. La relación en secreto, lo escondido de las creencias humanas, la intolerancia hace de este filme hace un certero cuestionamiento de la sociedad moderna ante los embates del racismo y la negación al conocimiento del otro: no es de esperar que esta película romántica, tantas veces vista, desde los maestros Billy Wilder, Woody Allen o Richard Linklater; cobra una nueva y avivada renovación del género, gracias al talento de su habitual guionista, Paul Laverty. Los diálogos certeros junto a la hábil construcción de personajes, diseñan una inteligente progresión dramática. Los temas de pareja se amalgaman de manera muy sutil con los temas de intolerancia generacional, es decir, en una de las naciones más ricas del mundo, el realizador no deja de lado su ojo crítico a su pensamiento retrógrada; como el de muchas partes del mundo.

Its Free World La Réplica Loach

Sin embargo, el camino es sinuoso y el infierno de los migrantes se reitera, con temas de oferta laboral y tráfico de empleos. Aquí lleva a Laverty y a Loach a una coproducción con Alemania-Italia-España con It´s a free world (2007) donde tematiza la corrupción globalizadora y la cuota millonaria que significa traficar con migrantes para empleos eventuales. Angie (Kierston Waering) y Rosie (Juliet Ellis) abren una agencia de empleo temporal. Angie sufre acoso sexual en su anterior empleo, madre soltera con un niño que mantener son los preceptos dramáticos que encaminan al guionista y al realizador a mostrar de manera cruda, los vacíos que existen en las leyes laborales que aquejan a mucha de la población migrante que trata de sobrevivir en la Gran Bretaña. La violencia y el crimen organizado se develan, mostrando el mercado negro del trabajo invisible. Con un hallazgo narrativo de planos medios y largos de cortes directos muy inteligentes y desgarradores, se evidencia que en este mundo, la honestidad y las buenas intenciones, se transforman en frialdad y ambición por el dinero como el neoliberalismo pregona. Angie recibe una lección desgarradora de las peligrosas redes invisibles que manipulan el marketing globalizador de los migrantes, su personaje evoluciona en un ciudadano actual que todos deberíamos temer.

i-daniel-blake

El festival de Cannes creo, ha recuperado su seriedad, con la reciente premiación en lo que se refiere a la Palma de oro. Supongo que el cine social, tampoco debería ser objeto del marketing glamoroso que ha ratos huele a frivolidad y espejismo de talentos oportunistas. Sin embargo, debe ser estímulo para las sociedades y los gobiernos, crear conciencia y devolver a los más vulnerables, el derecho a vivir dignamente. Ken en su breve discurso al recibir por segunda ocasión este presea por I, Daniel Blake (2016), nos deja una profunda encomienda para los cineastas serios: la tradición del cine deberá ser la del disentimiento ante las desigualdades del entorno, aspirar por un mundo mejor es necesario, y más ante las peligrosas políticas de derecha que resultan ni tan ajenas para Latinoamérica como debatibles para la situación actual de la Unión Europea. Ken Loach y su equipo, como pocos, han logrado sublimar el oficio de cineasta ha un grado de maestría dramática y narrativa; esto debe ser inspirador. El cine social ha vuelto a marcar un posible camino a la esperanza y con ella, volver de la imaginación un mundo posible. Gracias Maestro.

The following two tabs change content below.
Licenciado en Letras Hispánicas con Especialidad en adaptación cinematográfica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Tiene la Maestría en Estudios Cinematográficos en Guionismo de la Universidad de Guadalajara y la Maestría en Cine Documental por el Posgrado en Artes y Diseño- CUEC de la UNAM. Realizador, guionista y productor escribe sobre temas de cine.

Últimas entradas de Aarón De la Rosa (ver todo)

Tags: , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies