30 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La mujer entra en la sala de conferencias. Anda cerca de la jubilación, unos sesenta y pocos le pongo. Tiene apellido doble, su ideología no es revolucionaria.

“Mirad, os dirán que aquí hay mucho trabajo, pero es mentira. Lo que hay aquí es mucho politiqueo. Ahora, el gran problema de este organismo es que un sobrino de una alto cargo ha pedido unos condiciones especiales para pagar una deuda y hay que dárselas antes que a los demás”(pero sin que se note el favor, claro, de ahí la complejidad).

Mis peores presagios sobre el disfuncionamiento de la Administración española, corrompida, se hicieron realidad desde el principio. Una de las señales más preocupantes fue la falta de discreción. Uno tiende a pensar que, quienes utilizan los resortes públicos para beneficio propio o adulteran el funcionamiento regular de los procedimientos, suelen ser cautos. Pero la realidad es distinta, bien sea por “hybris”, la enfermedad del poder que sufre quien se cree omnipotente, bien por acumulación de enemigos en los órganos administrativos, el pequeño comercio de favores al límite o fuera de la legalidad es “vox populi” en Madrid.

El “menudeo administrativo”, configurado por una perpetua e insana voluntad de alterar los principios de igualdad y objetividad, piedras angulares de una Administración seria, supone una de las principales tareas de muchos altos cargos actuales, obligados por la lealtad hacia quien fue su valedor, valedor que nunca da crédito si no es a cambio de un interés.

La falta de tecnificación, reflejada en los constantes nombramientos rubricados bajo el nombre “libre designación”, y que en la mayoría de supuestos solo sirven para crear redes clientelares y procurarse funcionarios fieles, enquista la Administración española, al convertirla, como apuntaba en otro artículo, en una mera sucursal de los partidos políticos tradicionales.

Ahora entra una mujer de unos 55 años en la sala de conferencias.

“Yo soy conservadora de toda la vida”, dice sonriendo, “pero a mí nunca me darán un cargo de libre designación porque una vez protesté, con razón, por algo que consideré intolerable”.

A quien parasita el poder no le vale la afinidad ideológica. Necesita siervos que ejecuten, acríticamente, sus órdenes. Y es que, como comentaba hace unos días con una compañera de trabajo de claro perfil conservador, personas serias las hay de izquierdas y de derechas, y lo importante es que sean estas personas las que ocupen los cargos importantes. Para ello es necesaria una profunda reforma de la Administración, reducir los cargos de “libre designación”, no permitir que funcionarios politizados que viven por y para el partido, acaparen las direcciones y subdirecciones generales y, entre otras medidas, fomentar la responsabilidad de los empleados públicos.

En el entretanto, el ciudadano de a pie ha de ser consciente de que parte de sus impuestos se dedican al tráfico de favores o, lo que es lo mismo, a las corruptelas y demás desórdenes administrativos.

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Escritor y letrado de la Seguridad Social. Leo, reflexiono. Me disgusta el clasismo, muestra de superficialidad e ignorancia. Mi referente es la honestidad, mi fin el comportamiento ético. La Administración española es estructuralmente corrupta. Replicar es más necesario que nunca.

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    3 Réplicas

  1. TT

    España es un país envilecido. El cinismo de los políticos profesionales, que son todos funcionarios, su nepotismo, está en Podemos y en el PP por igual. No lo disimulan. Este país pudo haberse reseteado tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y con el 15-M, pero Podemos hizo su trabajo de “disidencia controlada” y ahora ya es demasiado tarde. Ya no hay sociedad civil, ni protestas en las calles, electoralmente no hay tiempo para cambiar nada

  2. TT

    El indulto a Undargarín es una buena metáfora de lo que está pasando (y, por inacción, de lo que no está pasando y debería estar ocurriendo) en España. Cero manifestaciones, la corrupción se ha institucionalizado, debería haber un Ministerio de la Corrupción, una cartera que se llamase así

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