19 de octubre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



No, las personas tóxicas no existen. Que no, que un “coach” no es la solución a tus males. Que sí, que la psicología está actuando como brazo corrector del capitalismo. Vivimos inmersos en sociedades en las que la depresión, la ansiedad y los trastornos derivados del estrés en general son cada vez más frecuentes. En este marco trata de instalarse un venenoso discurso: el de la autoayuda.Buscamos soluciones individuales a problemas colectivos, como si ya no tuviéramos suficiente con convertirlo todo en una carrera productivista. Como si ya no nos hiciera suficientemente mal el mercantilizar todos los aspectos de nuestra vida. “No se lo cuentes a nadie. Cómprate este libro, te sentirás mejor”.

Cuando participo en debates sobre este tema me gusta sacar a colación la figura de un indígena americano en la época precolombina. Hasta hace poco, creíamos que para ellos la rueda era un invento desconocido. Si bien este hecho ha sido desmentido, es cierto que para algunos de los pueblos menos avanzados parece ser cierto.

En cualquier caso, traten de trasladar su mente a este periodo, la rueda se conoce al menos desde la Sumeria del 3.500 antes de Cristo, pero en algunas regiones aquí es aún desconocida. Podríamos tildar a estos habitantes primigenios del continente americano como “rudimentarios”. Ahora pregúntense lo siguiente: ¿creen ustedes que en aquellas sociedades primitivas, males como los trastornos de ansiedad suponían un problema de calado?

No se trata, en ningún caso, de teorizar la vuelta al tipi, sino de identificar qué hemos dejado atrás para que este tipo de padecimientos proliferen sin freno alguno. Los psicoterapeutas, por su parte, coinciden y no dudan en manifestar que “algo no va bien” en el mundo de hoy.

Me gustaría hacer un inciso para aclarar que la psicoterapia es, por supuesto, una ayuda inestimable. Pero se trata de una herramienta que busca solventar la problemática cuando ésta ya se ha desarrollado. Sin embargo, debemos establecer una causalidad y tratar de impedir que progrese. Otro aspecto a destacar es el hecho de que la psicoterapia sea un lujo para la mayoría de la población… y que, en cualquier caso, ésta también se ha adaptado al discurso actual disociando los problemas sociales de su causa política. Pero ese es otro tema.

¿Por qué teniendo más que nunca, nuestra salud mental se ve comprometida? ¿Realmente tenemos más? Si se trata de bienes de consumo, es obvio que sí, pero en otros aspectos quizás no tanto. Nos dieron las redes sociales, el Whatsapp… y creímos tener una cantidad ingente de amigos y una vida social de lo más agitada, cuando lo cierto es que las relaciones que surgen en esos contextos son realmente superfluas. No nos permiten, sin ir más lejos, poner nuestras contrariedades en común.

Si ustedes viajan a países con un grado de desarrollo económico menor, o conversan con algún amigo o compañero que lo haya hecho, hay una reflexión muy manida pero cierta: “la gente, con menos, vive más feliz”. Al menos siempre que se tengan unas necesidades básicas cubiertas, lo contrario es desde luego una frivolidad.

Por su parte el mundo laboral es hoy una gran fuente de trastornos. En España en torno al 60% de los trabajadores declara sufrir estrés en el trabajo según el INE. Estados Unidos es el líder mundial en este aspecto, se calcula que el 90% de las consultas médicas derivan de esta problemática. A ello hay que unirle la aguda crisis económica con su consiguiente precarización y, por supuesto, la espada de Damocles que cada día se cierne sobre aquellos para los cuales el periplo en el paro se eterniza.

Bajo la lógica de la doctrina neoliberal, la remanencia de un ejército de parados es positiva. Si tú no pasas por el aro con las severas condiciones laborales que te ofrecemos, otro lo hará. Y así la presión va en aumento para aquellas personas que quedan en los márgenes. Pero desde el sistema se esfuerzan una vez más en que asimiles más ponzoña: “no, no acuses a la sociedad. Eres tú, tú el que no se esfuerza lo suficiente”. No existen los pobres, sino los “loosers”. Y de nuevo responsabilidades colectivas escupidas de lleno a la cara del individuo, en este caso además al que se halla en una posición de mayor fragilidad.

Bauman acuñó el concepto de modernidad líquida para referirse a nuestro momento histórico, un momento en el cual la sociedad carece de certezas, de soluciones definitivas. Nos acostumbramos forzosamente a un intrépido cambio en todo lo que nos rodea, no logramos sentirnos seguros y el precariado se convierte en la norma. Antes el trabajo era un marcador de certeza, moldeaba nuestras expectativas, nuestra personalidad, nuestro entorno… pero ya no; ahora también es perecedero. Poseemos en teoría mucha más libertad que nuestros padres o abuelos, pero menos herramientas colectivas para rubricar con ella un cambio que mejore nuestras vidas.

Por eso debes huir de la autoayuda como de una virulenta epidemia y apoyarte en las personas de tu entorno. Por eso, hoy más que nunca, debemos colectivizar nuestros problemas y tenemos el deber de empatizar con los demás. Porque en el plano psicológico, como en el político y en tantos otros, unidos somos más fuertes.

The following two tabs change content below.

Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.

Últimas entradas de Mario Siles García (ver todo)

Tags: , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies