27 de mayo del 2017
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Vulgarmente la belleza se define como la característica de algo que, a través de una percepción o experiencia sensorial, procura una sensación placentera o un sentimiento satisfactorio. 

Según el siempre interesante Umberto Eco, las cuatro frases escritas en los muros de Delfos que, según la mitología, provenían de Zeus, asignaban una medida apropiada y un justo límite a todos los seres. De ese modo, el gobierno del mundo coincidiría con una armonía precisa y medible. El mundo debía organizar el “caos” basándose en esas frases.

Entiendo pertinente traerlo a colación, como referencia de los excesos de la fauna dirigencial que nos toca. Las frases eran las siguientes:

“Lo más exacto es lo más bello”.

En estos tiempos de ambigüedades e imprecisiones que se aprecian en los mensajes. La repetición de declaraciones, que constantemente son emitidas por los canales de comunicación propagando los discursos oficiales, tiene de exactitudes, las mínimas. Sería deseable erradicar la falacia. Arrinconar el eufemismo. Desterrar la mentira. La práctica política puede reconvertirse en una expresión de la belleza, si se aproxima a la Sociedad Civil y la mira a los ojos, sin el engaño por máscara.

“Respeta el límite”.

La mesura en las expresiones y en el uso de los recursos públicos, ha sido una asignatura pendiente en los diferentes gobiernos que ha tenido la democracia de la transición. De mismo modo que con los recursos, con los derechos de los ciudadanos se está viviendo un acoso a las libertades. Los límites de la expresión, que los ciudadanos tienen en esta democracia, demuestran en qué medida su calidad se ejerce. Una Justicia inequitativa es el ejemplo de lo que expongo. El respeto a las normas de la convivencia. El cuidado de recuperar la fractura social. La transgresión ha sido inversa.

“Odia la insolencia”.

Los datos de exclusión social. La creciente marginación económica. La desprotección a la que están sometiendo a la población más vulnerable. Esos indicios y muchos otros, son una demostración de la insolencia, con la que los gobernantes de esta Europa de los mercados nos tratan. El dejar fuera del sistema a generaciones de hombres y mujeres, despojándolos de oportunidades, pero solicitando en tanto en tanto su voto es un desprecio calculado. Una insolencia más de este modo de hacer política.

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Condecoraciones como manera de devolver favores. PP style

“De nada demasiado”.

El BOE publica el 24 de septiembre una orden del Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, por la que se otorga el ingreso en la Orden de Alfonso X El Sabio a cuatro altos cargos del anterior ministro, José Ignacio Wert. Los agraciados son Magí Castelltort, director de gabinete de Wert hasta el pasado 3 de julioJosé Ignacio Sánchez Pérez, director general de Evaluación y Cooperación Territorial hasta el 24 de julioAna Muñoz Merino, directora general de Deportes hasta el 28 de agosto  y Teresa Lizaranzu, la que fue directora general de Políticas Culturales y del Libro hasta su cese el 3 de julio. Lizaranzu es ahora embajadora permanente de España en la Unesco. Los cuatro, cesados este verano tras la salida del exministro, reciben la encomienda con placa, la tercera categoría de cinco, por detrás del collar, que es reservado a jefes de estado. ¿No es un exceso? Este episodio supera la categoría de anécdota y se enmarca en la de categoría. ¿No es una demostración de la magnificencia del despropósito?

Luego de estas referencias, ¿creen posible que después del actual nivel general que demuestran nuestros dirigentes, sea posible superar el principio de que “…un vaso es un vaso y un plato es un plato”?

Los resultados de estas últimas legislaturas dejan a las claras que se impone un cambio en la práctica compulsiva de la mentira, los modos insolentes, el abuso en las formas, los límites en el respeto y los principios del uso racional de los recursos.

Albiol y Rajoy, ejemplo perfecto de la // foto: EFE

Albiol y Rajoy, ejemplo perfecto de la incompetencia en Catalunya // foto: EFE

Para ello, hay que desterrar la sordidez de los incompetentes. El estado de cosas en Cataluña es el ejemplo perfecto. El autoritarismo es una expresión de la impotencia de esta manera de practicar la política.

Según la concepción platónica, la belleza en el mundo es visible por todos. Dicha belleza es tan solo una manifestación de la belleza verdadera, que reside en el alma y a la que solo podremos acceder si nos adentramos en su conocimiento.

Por ello, la belleza en la práctica política, es la materialización de las ideas nobles, de las prácticas destinadas al bien común.

La belleza, generalmente, se ha asociado con el bien. De la misma manera, lo contrario de la belleza, que es la fealdad, a menudo se ha relacionado con el mal.

Cambiemos el mundo desde la belleza.

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Alberto Vila

Economista, analista Político en Nueva Mayoría, Diario Fenix y Publicoscopia. Experto en Management, Comunicación y RRPP. Formador.

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