29 de julio del 2017
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Paco Roca realizó su obra más popular, Arrugas, en 2007 y ese espléndido retrato sobre el Alzheimer, la vejez y la memoria le cambió la vida. Le supuso reconocimiento internacional, propulsó su obra hacia otras esferas (llegó a tener una película animada) y lo situó entre los referentes nacionales a la hora de interpretar el concepto de novela gráfica. Desde entonces ha pasado ya casi una década y el autor valenciano sigue en estado de gracia. Y no ha estado precisamente de brazos cruzados. Me pregunto cuántos autores han tenido una obra tan próspera, profunda y ambiciosa durante tanto tiempo seguido. El último ejemplo de su buen hacer es La Casa, un relato que ahonda en los temas que más le obsesionan y de la que sale, nuevamente, bien parado.

Una casa de campo familiar queda en estado de semiabandono tras la muerte del padre de familia, un individuo maniático empeñada en hacer de la casa una prolongación de su personalidad, su vida y sus sueños. A través de la memoria de sus tres hijos y sus respectivas parejas, comprendemos el valor de la casa para unos y otros, la configuración de la memoria colectiva y del aspecto sentimental de un espacio físico. El autor logra enarbolar una historia que se convierte en muchas historias cuando entran en juego las vivencias del lector. De la contraposición con los espacios que fueron importantes para uno mismo, surge una lectura que te involucra hacia lo mejor y lo peor del paso del tiempo: Cómo se conforman los recuerdos esenciales, cómo de fácil somos capaces de sepultarlos.

Paco Roca trata desde una nueva perspectiva temas guadianescos de su obra (siempre he dicho que me parece el Javier Cercas del mundo del cómic, o Javier Cercas el Paco Roca de la literatura). Hay algo aquí de Arrugas, pero también del Invierno del dibujante, de Los Surcos del Azar o incluso de El Faro. Cuando un autor es capaz de reconocerse desde la primera página y sin embargo regalarnos un proyecto nuevo, es que ha llegado a un estado de madurez envidiable. Sin esa dulce ingenuidad de antaño y con unas situaciones mucho más complejas que en sus obras primerizas, La Casa deja un amplio espacio para que el lector lo rellene a su gusto, como los protagonistas de la historia. El despliegue técnico que convierte la casa en el acompañante definitivo de quien la ideó y levantó es magistral.

Una obra familiar, tan dulce como áspera, sobre cómo y por qué habitamos los lugares de nuestra vida. Para aprender a recordar.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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