10 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Si todo te da igual, estás haciendo mal las cuentas
Albert Einstein

Tres segmentos poblacionales contrarios a las políticas de austeridad esperan que termine el gobierno de Rajoy, pero terminarán siendo gobernados por el Partido Popular.

I

 

Estoy en la Universidad de Verano de Anticapitalistas, el primer campamento político de mi vida. No se trata de un término genérico, Anticapitalistas es un partido-movimiento minoritario en España que existía previamente a Podemos, y luego pasó a formar parte del partido liderado por Pablo Iglesias, estableciendo su corriente más a la izquierda.

En esta granjaescuela acondicionada para el encuentro, se debate sobre todos los asuntos de actualidad propios de la izquierda: La Nuit debout, Jeremy Corbin, los populismos latinoamericanos, el fracaso de Grecia, la tercera ola feminista, ecologismo en el Siglo XXI… Yo no milito en ningún partido y vengo aquí más en mi condición de escritor-periodista que como activista, aunque comparto una consigna básica con la mayoría de presentes: el mundo no puede seguir la deriva que marca el capitalismo salvaje.

Durante una semana asisto a conferencias, mesas redondas, veo documentales y películas de fondo político, y hasta voy a la piscina, juego al voleibol o frecuento el bar de las instalaciones.

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Una imagen de la Universidad de verano de Anticapitalistas, del Foro Social de Segovia.

Llevo varios días aquí cuando hablo con tres jóvenes de entre dieciocho y veinte años, de mi tierra (Andalucía, España), que acuden a su primer campamento político. Envidio la energía y contundencia propia de su edad, esas miradas inocentes a la par que decididas. Les pregunto cómo ven las cosas en España, donde llevamos desde Noviembre con un gobierno en funciones. Mal, dicen, volverá a gobernar Rajoy. La sensación general es de desánimo. Podemos no ha conseguido el ansiado sorpasso en las últimas elecciones (adelantar al PSOE y establecerse como segundo partido en España gracias a una confluencia de partidos llamada Unidos Podemos) y ahora está a expensas de un PSOE camino de una encrucijada: debe elegir entre formar gobierno con Podemos y otras fuerzas soberanistas o dejar gobernar a Rajoy mediante una abstención, y ya se sabe qué elegirá.

Pese a que en el resto del estado, PSOE y Podemos han llegado a un acuerdo de gobierno en muchas comunidades, el PSOE no quiere pactar por un gobierno nacional que llaman, unos y otros, “de progreso”, porque entienden que eso los debilitaría de cara a la opinión pública y acabarían siendo víctimas de una polarización en el sentido del voto, un sándwich político: o Rajoy o Podemos. Y eso podría enviarlos a la insignificancia como le sucedió al PASOK griego. Por otro lado, las élites del PSOE quieren una España que mantenga los privilegios de la vieja clase política, precisamente porque ellos son vieja clase política.

Cuando hablo con los jóvenes, que entienden al PSOE como parte de “la casta” (término con el que Podemos se refiere a las élites económicas cuyas prácticas políticas se basan en el clientelismo, las puertas giratorias y el tráfico de influencias, tanto en sectores públicos como privados), dan por imposible un gobierno alternativo a Rajoy y, por tanto, asumen su rol de oposición firme. Lo que me hace preguntarme, ¿cómo estará el mundo ahí afuera si ni ellos se plantean un gobierno alternativo? Apelan a la totalidad, o cambio de verdad o nada, o ruptura y hundimiento del bipartidismo o digna y edificante oposición. La juventud, me digo, quién pillara su inocencia.

 

II

Vuelvo a Jerez cada tres meses a ver a mi familia. Es septiembre y por fin puedo comer en casa de mi madre, el paraíso de la comida casera.

Mi padre es un septuagenario cuya tradición familiar siempre estuvo vinculada al socialismo. Siempre discutimos de lo mismo a la hora de comer, el rol del PSOE en esta España que se cae a pedazos. Mi padre dice que los grandes avances sociales en España los trajo el partido socialista. Primero con González y luego en la primera etapa de Zapatero. Defiende su papel de contención frente a un Podemos “demasiado radical”. Yo le contesto que al partido se le han caído la S y la O de las siglas y que ningún partido ha traicionado más a sus votantes que este PSOE entregado al socioliberalismo y convertido en una tropa de élite. Y ahí se encalla la discusión. Entre la fe de mi padre en que recuperen el espíritu fundacional del partido y mi descreimiento hacia un partido que dice una cosa y hace justamente la contraria. Un equilibrio de fuerzas roto en pedazos por mi madre, ex votante socialista, ahora entregada a la causa morada: ¡Sí, se puede!, me dice bromeando. Somos dos contra uno.

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Pedro Sánchez en el momento del “No” a Rajoy en una fotografía de Alberto Di Lolli para ElMundo.

– Pero padre, tienes el ejemplo de Andalucía, ¿no ves como gobierna Susana Díaz?

Susana Díaz es la derecha populista del PSOE, la presidenta de Andalucía que acaba de liquidar a Pedro Sánchez (el antiguo secretario general del PSOE) en un comité federal del partido que ha abochornado a toda su militancia y a medio país. Lo peor de la política en un mismo espacio: puñaladas, retorcimiento de los estatutos del partido a conveniencia, golpes de mando, injurias, calumnias… “los juegos del hambre” de la política española.

La lideresa andaluza cuenta con el beneplácito de los grandes medios de comunicación, cae excepcionalmente bien al PP y tiene grandes aliados en la cúpula del partido. Además, consta con el apoyo de la Andalucía rural, el salvavidas de un PSOE desnortado y a rebufo de los tiempos. Susana Díaz es un animal político. En toda su vida, nunca trabajó al margen de la política. Precisamente, ese es uno de los grandes eslóganes de Podemos, la política profesional debe entenderse como una vocación o servicio público, no como un modo de vida. En el momento que Podemos copie sus fórmulas de perpetuidad, se acabará la formación morada.

– ¿Qué crees que pasará, padre?

– Gobernará Rajoy.

Según mi padre, la culpa del actual desgobierno es de Podemos… y también de Ciudadanos, el partido de derechas liberal que lidera Albert Rivera, la última pieza del puzle en la parálisis política en España. Un gobierno tripartito entre PSOE-Podemos-Ciudadanos echaría a Rajoy y su mafia corrupta del gobierno, pero Podemos veta a C’s en cualquier acuerdo y C’s veta a Podemos. Bien pensado, son como el agua y el aceite. Podemos quiere mayor inversión pública en empleo para fomentar el poder adquisitivo de la gente, Ciudadanos prefiere adelgazar el estado, Podemos quiere reconocer la plurinacionalidad de las autonomías españolea, Ciudadanos tiene un discurso proespañolista y quiere centralizar el poder, Podemos está en contra del TTIP, Ciudadanos a favor. Y así con todo. Solo les une una cosa: ambos han pedido la retirada de Rajoy.

Por su parte, Albert Rivera es un camaleón político: puede ser lo que le convenga ser. Defiende una cosa, y a la semana defiende la otra sin pudor alguno. Su partido estaba llamado a regenerar la derecha, pero se ha encontrado con dos problemas fundamentales: España es mucho más rural y católica de lo que en Ciudadanos creen. El liberalismo económico tiene techo de cristal en una España conservadora más acostumbrada a la caridad que a la bajada de impuestos. Si España fuera Borgen, quizás terminaría gobernando Rivera, pero España es otra cosa bien diferente.

– Si la cultura del acuerdo estuviera más enraizada en España, no se vería tan mal pactar con otros que piensan diferente.

Dice mi padre, cuyo objetivo político primordial es acabar con el gobierno del Partido Popular. Pero como los jóvenes del campamento, está resignado para los próximos cuatro años.

 

III

Es sábado y estoy con unos amigos cenando y bebiendo en casa. Uno de ellos, es un amigo catalán de unos cuarenta años que se considera a sí mismo un liberal de centro. Su perfil es atípico en Cataluña, donde la derecha suele ser independentista. Según su ideal, el estado debe garantizar la sanidad, educación y servicios mínimos de organización, pero la clave pasa por una liberización del mercado. En otras palabras, es el votante tipo de Ciudadanos.

Como con mi padre, discutimos a menudo. Para mí es utópico pensar que los mercados se autorregulan y que existe igualdad de oportunidades. Siempre hay un antecedente histórico que marca una clase dominante y otra subordinada y no es lo mismo que todos juguemos al póker con las mismas reglas a que unos lo hagan con las cartas marcadas. Él dice que para utópico el socialismo.

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Podemos y Ciudadanos tienen papeles contrarios en la política Catalana.

Su ideología lo arrincona en una Cataluña cuyo mapa político se transforma según tenga elecciones catalanas o españolas. Para las catalanas hay una brutal fragmentación del hemiciclo con hasta seis partidos con representación, liderados por la derecha independentista, la llamada burguesía catalana. En las elecciones generales para España, Podemos es un partido con gran aceptación en Cataluña, pues su discurso es más integrador con el sentimiento catalán. El Partido Popular, por su parte, es un partido residual que sólo cuenta por los repetidos exabruptos de sus dirigentes.

La cuestión catalana es un asunto que genera una gran movilización entre el electorado de derechas en el resto del estado. Al Partido Popular le conviene plantear la disputa política en dos ejes: los que aman la patria y los que quieren romper España. Ellos garantizarán que eso no pase, dice Rajoy, reduciendo el mensaje al mínimo, a sabiendas de que saca un enorme rédito político.

Entre el asunto catalán, la crisis del PSOE y el hartazgo de una población que siente que vota para que nada cambie, el Partido Popular, el más corrupto de Europa (llevado a los tribunales por construir su sede con dinero negro y con centenares de cargos públicos procesados por cohecho, tráfico de influencias, apropiación indebida, malversación, prevaricación, etc.) ha logrado sobrevivir con el beneplácito de una sociedad incapaz de autoexigirse decencia democrática. Con el miedo instalado en la población (el Bréxit, los mercados, el caso de Grecia), la complicidad del FMI y la Troika, y la desmovilización en las calles, el Partido Popular gobernará los próximos años. Tras de sí, ha dejado un sinfín de recortes, el saqueo de los recursos públicos y un grueso poblacional precarizado, con el agua al cuello cuando llega el fin de mes.

Tras la abstención del PSOE, Rajoy se frota las manos en su despacho de la Moncloa planeando su nuevo gabinete, mientras de fondo, el eco de la indignación y el 15M parece haberse disipado en el tiempo.

 

 

Este artículo fue originalmente publicado en la publicación alemana Zeit Online

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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    Una Réplica

  1. Pedro

    Entiendo que viste el video de este verano donde Begoña Villacís que no es una cualquiera en Ciudadanos explicaba como el objetivo primordial de llegar a un acuerdo con el Psoe era impedir la posibilidad de que lo hiciera Podemos.
    Dicho esto creo que no hay más que hablar de si Podemos y Ciudadanos, etc.

    Ciudadanos se creó como ya se intentó con Vox para impedir que hubiera fuerza en la llamada izquierda.

    Ya lo decía el presidente del Banco Sabadell: Necesitamos un Podemos de derechas.

    Lástima esa generación de 45-50 para arriba que en un gran porcentaje siguen con mucho miedo.

    El cambio es inevitable.

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