13 de diciembre del 2017
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“A por ellos”

Cuando uno escucha este eslogan, lo suele hacer en estadios, pabellones o canchas deportivas. Un mensaje que no va mas allá de una rivalidad deportiva que dura, salvo para algunos energúmenos, lo que dura el partido sea del deporte que sea.

En diferentes puntos de Andalucía hemos visto que ciertos grupos de personas se han reunido para jalear a cuerpos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional a este son. Autoridades que se dirigían hacia Cataluña con vistas al próximo domingo.

A por ellos. Ergo, los consideran diferentes a los demás. Sin querer, les están dando la razón cuando entran a diferenciarles, porque no son nosotros, son ellos. Y si no se es como nosotros, si no se piensa como nosotros, gritamos a por ellos con el beneplácito patrio.

Y entre estas personas que se creen mas españolas que las demás porque gritan a por ellos, las hay autorreconocidas orgullosamente como anticatalanes. Es decir, anti una parte de esa España de los españoles muy españoles mucho españoles. Y promueven el boicot a productos catalanes. Es decir, a productos españoles. Y les hierve la sangre cuando alguien habla en catalán. Y se ríen de sus tradiciones y costumbres. No muestran aprecio alguno a Cataluña, pero no quieren que se vaya. No tienen problema en infundir mensajes beligerantes y cargados de desdén, pero a la vez quieren impedir a toda costa una posible escisión del Estado. Pareciera a veces, permítanme la expresión, mas por joderles que porque realmente les entristezca que esto sucediera. Cuando se entra a analizar esta situación actual, o el contexto existente cuando el pacto de Majestic, o la reivindicación de que se realizase un referéndum por parte del propio Mariano Rajoy en 2006… sea cual sea, el abanico de tangentes por el que apagar el fuego o alimentar las divagaciones para justificar contradicciones es tan grande como ambiguo. No obstante, hay elementos esclarecedores y sencillos que chocan con la mera lógica y, a veces también, con esa propia Constitución a la que algunos se aferran, cuando conviene, para y por el Estado de Derecho, con unas maneras a veces mas dogmáticas que realmente reflexivas.

Votar no es ilegal. Y afirmar lo contrario es completamente antidemócratico. Podremos discutir la validez que se le da a una votación, y desde luego que el cauce legal del referéndum del próximo domingo no es acorde a nuestro ordenamiento. Pero si en un parlamento autonómico, la mayoría quiere votar para mostrar en números el descontento o no que existe en una sociedad de una región sobre su deseo de pertenecer o no a un Estado, en mi humilde opinión, el Estado no debería poner trabas a que pueda organizarse una votación, o referéndum, o llámenlo como quieran, con carácter consultivo y no vinculante. Y si de esa votación se extrajesen unos resultados abrumadores a favor de escindirse del Estado, entonces podría abrirse un dialogo de entendimiento y escudriñar el por qué de ese descontento social de una mayoría. Conviene recordar que los partidos independentistas eran una minoría hace menos de 20 años, luego es mas el Gobierno central quien ha de mirarse el por qué de haberse la situación en caso de que, siempre en ese hipotético supuesto, de esa votación saliera un abrumador Si a la escisión, si bien ya se percibe en cuanto a numero de escaños en el parlamento autonómico.

El referéndum del domingo no existe como tal. Todo referéndum serio tiene una campaña por el Sí y una campaña por el No. Y todo referéndum serio cuenta con unas condiciones pactadas con el Estado central, como en Canadá en 1995 y en Escocia hace tres años. Pero para ello, es el Gobierno quien ha de mostrarse dialogante en vez de aferrarse a un articulo 2 de la Constitución que se aprobó con la bota militar de fondo. Constitución que acepta el pluralismo político como base de su esencia y que en eso el Partido Popular, si de ellos dependiera, no incluiría las ideologías independentistas. A la vista su modo de tratar de solucionar la rebeldía e ilegalidad del parlamento catalán, con movilizaciones de fuerzas del Estado de otras comunidades autónomas, buques y demás parafernalia impropia de un país occidental.

Esta situación solo es posible de solucionarse con dialogo. Ni con dinero, como sugería De Guindos ni con piolines atracados en puertos catalanes. Pero para ello, hace falta querer sentarse a hablar, y cuando eso no conviene porque, antes que solucionarlo, priorizas que se copen los medios de comunicación con esta ingesta de nacionalismo para que así se deje a un lado la corrupción, pasa lo que pasa, que hay gente que grita a por ellos cuando ellos no son mas que nosotros mismos. Este escarnio y esta agresividad hacia lo catalán no es culpa de los independentistas. Esto lo ha creado Madrid, primero untando a Pujol en maletines y luego rompiendo pactos, desoyendo el Estatut y negando que se lleven a cabo alternativas de entendimiento. Si el Gobierno central, en alguna ocasión durante los mandatos tanto de PSOE como PP, hubiesen hecho ademán alguno de querer a Cataluña y a los catalanes, de aceptar la multiculturalidad, los diferentes sentires nacionalistas, abogar por el consenso entre ellos y no aceptar radicalismos, empezando por el propio radicalismo nacionalista español, los independentismos seguirían siendo minoritarios en el mapa político, a pesar de que estos partidos fueron quienes precisamente, en 1985, acordaron una
LOREG que les dan mayor presencia en las Cortes.

Los tiempos cambian y las Constituciones también deberían hacerlo. A veces pareciera que se nos olvida que la nuestra anda vieja y anticuada, y que solo los que nacieron antes de 1957 la aceptaron con las condiciones que había por entonces.

Pobre patria la que para estar unida necesita hacer uso de la fuerza, porque en ese momento, deja precisamente de ser una patria.

Solamente espero que, en esta enjundia de golpes de pecho, no haya que lamentar ninguna bola de goma o ningún tiro al aire, y que ambas partes acuerden un modo de realmente solucionar esta situación a corto plazo. Ojala también que Cataluña siga siendo española, pero también que si deja de serlo, lo haga con todas las garantías, condiciones, requerimientos y auditorias que ello precisa, y obviamente, arropado por un abrumador apoyo social que, hoy día, no sabemos si existe en las urnas, y el próximo domingo, tampoco lo sabremos.

I quan creieu que arribeu, sapigueu trovar noves sendes. Que así sea.

 

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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho, ha colaborado en diversos medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Al resguardo del tilo rojo" (2014), "Tra due anime" (2015) y "Son de Lirios" (2016). Ha realizado estudios sobre proyectos biográficos coordinados por la Bernard Lievegoed University y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Actualmente realiza un "Postgraduate Diploma of Journalism" dirigido por el National Council for Training of Journalist e impartido por la University of Strathclyde.

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    2 Réplicas

  1. Gonzalo Tizon

    Tant de dia tant de nit la culpa es de Madrit…
    Sí, el independentismo ha crecido desde que el PP le pasó el ‘cromo’ de la enseñanza a CiU, es cierto que, el ‘tú ganas en tu país y yo en el mío’ ha sido la sintonía de fondo del baile de esas dos formaciones políticas, pero esa es solo una rama de un árbol que tiene una raíz muy profunda y abstracta, una raíz que gente como tú, con la mejor de la intenciones siempre riega, la de la obsesión con respecto al ‘pecado original’ de la Constitución Española, que aunque es maravillosa y ha derivado en disfrutar OBJETIVAMENTE de uno de los quizá 17 países, en los que no es una mierda absoluta vivir, es objeto de crítica para la gente que obsesionada por una mañana mejor, se olvida de que por mucho que el refrán diga lo contrario, en realidad, cualquier tiempo pasado fue peor.

    De un colega picapleitos a otro, te invito Alejandro, a que, cuando reflexiones sobre la tesitura política actual, te preguntes ¿existe algún límite a la cantidad de frivolidades que se están diciendo?

    Seguramente resolverás que ese límite es tachar de radicalismo nacionalista español a cuatro ancianas gritándole estupideces a la Guardia Civil en una escena berlanguiana, en la ciudad que nos dio otra Constitución maravillosa.

  2. T&T

    Nacionalistas catalanes: se manifiestan por la democracia con sonrisas

    Nacionalistas españoles: son de extrema derecha y franquistas, usan la represión

    No se puede ser más simplista

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